Marco Tulio Trejo Paiz
En la realidad, al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social le han abolido la autonomía los políticos que han ocupado por las buenas o por las malas la Presidencia de la República para hacer sus antojos con las millonadas provenientes de las cuotas de patronos y trabajadores.
Para acabar de desplumar a tal institución, los corruptos, timoneles del poder que han estado de turno en no pocos períodos contados a partir de las últimas décadas del siglo XX, hasta estas fechas, han usado uñas sucias para incrementar sus caudales. Actualmente esos “onorables” (sin h) están viendo la luz a cuadros en las mazmorras carcelarias.
Jimmy Morales, el presidente que se estrenará en enero próximo, debe terminar esos abusos de malversar los fondos del IGSS destinados al financiamiento del programa de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia que ha venido siendo amenazado de fracasar, al grado de que se ha intentado privatizarlo según rumores extraoficiales.
Ante tal amenaza, la clase trabajadora, a través de sus sindicatos, debe estar vigilante y decidida a marcar alto a la rumoreada privatización del régimen de seguridad social.
Sin lugar a dudas, una modificación del programa de prestaciones del IVS provocaría un estallido social de carácter revolucionario, y los funcionarios responsables se verían en muy serios problemas, y es que no debe tocarse a Dios con las manos sucias.
El Instituto está atendiendo satisfactoriamente a sus numerosos afiliados en sus centros de servicios de toda índole, y no cualesquier politiqueros enquistados en las cimas de la burocracia que se ha inflado en la generosa entidad puede tomar decisiones como la aludida sin recibir una buena retopada…
Es por ello que desde ahora conviene y procede sugerir a don Jimmy velar porque no se modifique todo o parte de las disposiciones legales y reglamentarias de la noble Institución que dejó la Revolución del 20 de Octubre de 1944 para proteger a los afiliados y afiliadas que, en su vida, dependen primordialmente del salario dignificante.
El amigo Juan Pueblo se mantiene ojo al Cristo, resuelto a proteger al IGSS.







