Político que tiene el poder, y no lo utiliza bien, puede ser cualquier cosa menos estadista, pero un político que teniendo poder simplemente no lo usa, ni bien ni mal, sino que lo desperdicia, está condenado al fracaso. Viene a cuento lo anterior porque los resultados electorales y la actitud ciudadana pusieron al señor Jimmy Morales en tal posición que, siendo apenas Presidente Electo, vio cómo la Comisión de Finanzas del Congreso se le sometió, voluntariamente, para aprobar un Presupuesto General de la Nación para el año entrante al gusto y medida de lo que el señor Morales y su equipo quisieran, salvo en el caso de los candados que son las normas presupuestarias que establecen requisitos o condiciones para hacer transferencias presupuestarias durante el ejercicio.

Ayer el Presidente Electo renunció a utilizar esa posición de enorme ventaja que no ha tenido ningún otro político, aún aquellos que tenían bancada en el Congreso, y simplemente dijo que “confía” en el Congreso para que ellos hagan su trabajo. Déjenos contarle, señor Morales, que evidentemente es usted el único ciudadano que con tamaña candidez puede tener confianza en quienes han usado la aprobación del Presupuesto como piñata para repartirse beneficios personales, sea por el listado geográfico de obras o por las transferencias que se hacen a entidades no gubernamentales que se hartan con recursos del pueblo, como las cooperativas que habían comprado un periódico.

El Presupuesto es la pieza más importante para orientar la acción del sector público, y por ello su aprobación constituye el mayor elemento de presión de los diputados para chantajear al gobierno. En este caso ni siquiera hay necesidad de recurrir al chantaje porque el futuro gobierno decidió que no va a librar ninguna batalla por el Presupuesto porque ellos, a diferencia de la ciudadanía, tienen plena confianza en que los diputados sabrán hacer las cosas con patriotismo y desinterés.

Mientras se escuchan voces que claman por la responsabilidad ciudadana para que la lucha contra la impunidad sea debidamente financiada, y mientras Morales se comprometió con el Ministerio Público para apoyarle en su trabajo, resulta que cuando tuvo la oportunidad de influir porque los diputados se sienten presionados y están temerosos de la ciudadanía, el Presidente Electo decide no hacer nada, no ejercitar el poder que le otorgó esa ciudadanía con su respaldo.

Mal principio, indudablemente, porque en estos momentos eran cuando los diputados iban a medir la fuerza y determinación del futuro gobierno. Ya se midió y el resultado no puede ser más desalentador.

Artículo anteriorMomento decisivo en el tema de la impunidad
Artículo siguienteExhibirán Citizenfour en el Lux