María José Cabrera Cifuentes
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Según autoridades de la Conred, la reciente tragedia en la aldea El Cambray II pudo haber sido anticipada y mitigada, evitando así los desastrosos daños y las irreparables secuelas que dicho acontecimiento significó para la sociedad guatemalteca.

La primera vez que se vislumbró el peligro, dicen colaboradores de Conred, fue en el año 2008, por lo que un informe en el que se detallaba el inminente riesgo en el área en donde ocurrió el desastre fue entregado a la Municipalidad de Santa Catarina Pinula, posteriormente se hizo otras advertencias siendo la última de estas trasladada en diciembre del año pasado.

Con dichos antecedentes, es en realidad vergonzoso que la negligencia de las autoridades llegue a tal punto como para no haber tomado las medidas de mitigación necesarias que procuraran la integridad y bienestar de la población, que tendría que ser la razón de ser de las instituciones.

Además de estar profundamente necesitadas de voluntad política, las distintas entidades que se encuentran al servicio de la población precisan urgentemente de tener una visión clara y estratégica de los problemas.

Lo importante no radica únicamente en tener la capacidad de reaccionar ante las emergencias. Si bien, un buen proceder táctico es fundamental como mecanismo de amortiguamiento del desastre una vez este ocurrió, no existe una mejor alternativa que dar solución a los problemas anticipadamente a través del análisis oportuno de las variables que confluyen para darles lugar y que representan la explosión o no de los mismos.

Esto se alcanza a través del pensamiento estratégico, una de las mayores falencias que reiteradamente nos han demostrado tener las instituciones estatales. Este tipo de análisis debiese ser aplicado en cada uno de los procesos de la toma de decisiones en los diferentes ámbitos ya que garantizaría la posibilidad de abarcar temas e implicaciones que la reacción coyuntural y la táctica en sí mismas no tienen la capacidad de brindar.

Ello, sin embargo, jamás ha sido tomado en cuenta ni se le ha dado la importancia que tiene en realidad. Estamos acostumbrados a vivir del aplacamiento de los daños y jamás a diseñar el futuro que se considera deseable a partir de los intereses de la sociedad guatemalteca.

La tragedia ocurrida recientemente en El Cambray resulta por ello indignante, las autoridades municipales de Santa Catarina Pinula pudieron haber evitado las enormes pérdidas que hoy tienen a Guatemala en un duelo generalizado.

De acuerdo a medios de comunicación, solo en el área metropolitana existen otros 300 puntos que representan un riesgo para la población. ¿Seguiremos de brazos cruzados o le exigiremos a nuestras autoridades que hagan algo al respecto? ¿Cuántas tragedias más se tienen que suscitar para reaccionar? Esperemos que este devastador suceso haya sido la lección para la toma de consciencia de la importancia de la gestión de riesgos y del pensamiento estratégico para la anticipación, prevención y resolución de este tipo de eventualidades.

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