Alfonso Mata
La actuación del Congreso pone en evidencia el resultado político de la situación: retorno a la anarquía mental y social. Los pasos que ha dado la sociedad civil han resultado infructuosos para atender las patologías del latrocinio, ni siquiera se ha logrado la implementación de acciones preventivas como un plan integrado de evitar en un futuro esos males o mayores.
La constatación de “riesgo cierto e inminente” no es necesario de verificar, pues los mismos van a continuar y los poco nuevos políticos, por más buenas intenciones que tengan, van a ser aplastados por un sistema perverso. Las buenas intenciones quedan restringidas y sujetas a control de un órgano malévolo.
Con la emisión de un voto, lo perverso del sistema no se va a corregir; no es eje del tratamiento en las condiciones actuales. Sólo promover que la reforma y reestructura esté a cargo de un equipo honesto competente y trabajador, interdisciplinario integrado de profesionales, técnicos y otros trabajadores capacitados con la debida acreditación, puede salvarnos.
Los escollos para lograrlo son dos: seleccionar a las personas y buscar la forma de llevarlos al poder. Bajo esa perspectiva se sostiene que: “El proceso de resolución debe realizarse preferentemente fuera del ámbito eleccionario actual y en el marco de un abordaje de consenso nacional no político, basado en el principio de la soberanía popular”. ¿Es eso posible bajo el régimen actual y futuro que se avecina? NO
Entiendo que una legislación para la ciudadanía debe planificarse con fines de entendimiento y nunca como castigo al mismo, para conveniencia de terceros, o para cumplir la obligación de pago por ocupar un puesto político. Precisamente eso ha ocurrido y va a ocurrir con estas elecciones. Lo que sí entiendo es que cuando una situación como la que vivimos se da, una reivindicación democrática no tiene fuerza de ley, ya que el decir es que: “Los candidatos actuales no están en condiciones para ocupar los cargos de conducción y gestión del Estado, y cumplir con la función pública”. El voto si bien llena ese requisito de expresión de voluntad, no resuelve la situación.
La no sanción adecuada a la “Ley electoral y de partidos políticos” propuesta por la ciudadanía, ha llevado a diferentes posiciones a los ciudadanos. Desde asociaciones y organizaciones que se oponen a su sanción en este momento y pide que sea en el futuro con diferentes argumentos, hasta los que piden que entre en vigor lo propuesto por la ciudadanía. El hecho es que la actuación del Legislativo pone en evidencia el poder de una política perversa y su función de garantizar el beneficio a la corrupción y los corruptos. Este hecho que se quiere hacer pasar como una cuestión de incumbencia legislativa, demuestra que los criterios ciudadanos, no son de importancia del gobierno actual y posiblemente del futuro tampoco. El Legislativo actual, que será mucho del próximo, ratifica la hegemonía de un sistema perverso de partidos políticos y de ley electoral.
En la actualidad, los sectores de la sociedad civil, siguen haciendo lobby fuera y dentro del gobierno para que esta ley quede como fue propuesta por los ciudadanos y que fue ignorada. No espere el ciudadano la construcción de una nueva política electoral y de partidos políticos. Lo que continuará será una política de desmantelamiento de la soberanía y la democracia en nuestras propias narices.
Para finalizar queremos destacar que con la sanción de la Ley a como se preparó por el Congreso, genera una nueva situación política desde la cual se abre un debate y una polarización mayor entre Estado y ciudadanía. NO vienen tiempos mejores. En este sentido, cabe recordar lo dicho hace mucho por Basaglia: “Yo no creo que se obtenga nada espontáneamente, se obtiene solamente a través de la lucha. Luego de más de veinte años de lucha por esta ley, y luego de haber convencido no tanto al gobierno, sino a las organizaciones políticas y sociales de la necesidad de un cambio, sí se da el cambio favorable, aun faltará luchar, porque la mayoría no querría aplicarla, porque determina la pérdida de su poder”.