Edith González

Recuerdo que cuando era pequeño,  mi abuelo, Daniel González Sierra,  me llevaba sentado por delante de él en el caballo,  y me decía: cada vez que emprendas algo  súbete al caballo,  aférrate bien y  mira de frente.

Y  ahora esas palabras me han servido para salir adelante en la vida, sorteando los problemas y dificultades, comentó mi primo Carlos Roberto Estrada el día que nos reunimos para celebrar el cumpleaños de mi abuela Ignacia Arévalo Véliz, quien  estaría cumpliendo 141 años este 31 de julio.

Como un honor  a su memoria y a su gusto por las reuniones familiares,  sus hijos: Ismael, Amanda, María Laura y Daniel González Arévalo decidieron,  precisamente para preservar la unión familiar, continuar la tradición de reunirse en esa fecha, luego que ella falleció. Tradición que  ahora  está en manos de sus  hijos, la tercera generación,  quienes conocen la importancia de mantener viva la unión familiar, conservar las tradiciones y  preservar las relaciones.

Y entre otros objetivos conocer  a las nuevas generaciones y reencontrase con  los  congéneres  con quienes durante el año se ha tenido  poco contacto, por las distancias y las prisas de las  labores.

Durante un almuerzo anual, la familia a la que ahora se han unido los bisnietos y los tataranietos de “Mamachita”, nombre cariñoso con el que su descendencia aprendió a conocerla,  observa fotografías de  ella y del abuelo “Papanel”  y  de sus  4 hijos, quienes ya fallecieron, para mantener viva en la memoria la imagen y el recuerdo de los ancestros.

Los relatos de sus vidas  son comentados una y otra vez junto a las historias de la familia, sus éxitos y sus dolores. Y por supuesto, las bromas, los chistes y las canciones no faltan en esa amena reunión familiar, en la que los más pequeños descendientes  aprenden a valorar el esfuerzo de sus antepasados, quienes legaron a esa familia más que  una herencia económica, de la que hoy disfrutan, una herencia de coraje, de valor,  de determinación, pero igualmente de caridad, solidaridad, compresión y amor al prójimo.

Yo, por supuesto, me honro de pertenecer a los descendientes de los González Arévalo, y contar con  una enorme familia que me ha apoyado en los momentos difíciles y con quienes he compartido alegrías.

Esta semana, que se llevó a cabo el I Congreso Latinoamericano de Pastoral Familiar,  el papa Francisco expresó: “en la familia la fe se mezcla con la leche materna”. “Por eso, la familia constituye una gran ‘riqueza social’”.

El Santo Padre afirmó luego que “conscientes de que el amor familiar ennoblece todo lo que hace el hombre, dándole un valor añadido, es importante animar a las familias a que cultiven relaciones sanas entre sus miembros, a que sepan decirse unos a otros ‘perdón’, ‘gracias’, ‘por favor’ y a dirigirse a Dios con el hermoso nombre del Padre”.

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