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Un gobierno originalmente concebido para estimular el discernimiento entendido como la capacidad de “distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas”; ahora ha caído en el absolutismo como expresión autocrática alrededor del cumplimiento de la voluntad de un solo individuo, su “máxima autoridad”; puede sobrevivir únicamente imponiendo miedo y terror como gestión de “su” administración o gobierno.

Tales son las condiciones prevalecientes en la actualidad. No hay “espacio” para el pensamiento disidente. No se pueden demandar derechos, pues estos atentan contra la falsa “legitimidad” de la “máxima autoridad”. Quienes debieran ser deliberantes, son aberrantes piezas prescindibles. Quienes tienen la obligación de estimular el debate, la investigación, la extensión del conocimiento, son marionetas de ocasión que no modifican su actitud, pues ellos serían o son los primeros en recibir las consecuencias del miedo y el terror de esta nefasta gestión de gobierno.

En general la sociedad guatemalteca y con ella sus múltiples comunidades se han desenvuelto sumidas en el miedo y el terror impuesto y supuesto. “El que habla, se muere. Miguel Ángel Asturias lo sabía. Millones de guatemaltecos también lo saben, no hablan porque viven en una sociedad llena de cobardes y porque tienen miedo” Edelberto Torres-Rivas en el preámbulo introductorio de la “Crónica de la Universidad de San Carlos y la represión durante los años ochenta: El rector, el coronel y el último decano comunista” Plaza Pública, F&G Editores. Pilar Cresto y Asier Andrés. Primera edición 2013.

Y en la práctica de un Fascismo académico (permítame acuñar los términos y ahora lo explico) impuesto desde mayo de 2022 la Comunidad Educativa de la Universidad de San Carlos lo vive, lo padece y de alguna manera más o menos general lo calla. Y de entonces para acá el irracionalismo se ha impuesto como una de sus principales características. Se niega, se acosa, se persigue, se expulsa el pensamiento crítico. Un distintivo adicional propio del Fascismo. Pero hay más. Se estimula la intolerancia al desacuerdo. Por ello impone miedo al diferente o al distinto. Le persigue, le “expulsa”, repito. Le parecen familiares al apreciable lector estas peculiaridades.

La obstinación de los secuaces que le rodean, estimula la “destrucción” del “enemigo” académico. Vaya, vaya. En la cátedra se debe estimular la curiosidad y sobre todo la discrepancia como pilares de la investigación y todos juntos como atributos de la innovación. Pero en un ámbito en el que se impone el miedo y terror como gestión de gobierno el avance científico es casi nulo, casi inexistente y provoca la autogestión y la producción del talento como expresiones de excepción y no como resultado de avances en la misión ahora casi olvidada del “Id y enseñad a todos”. Esa misión también la secuestró.

Ya sabemos que el Fascista académico no está solo, tiene un muy poderoso magistrado prevaricador en la más Alta Corte, acompañado de una marioneta de ocasión y completa la trinca infernal una aprendiz de sacerdotisa que rinde culto a las más bajas y obscuras tradiciones de la hechicería histórica. Le sostienen, le cobijan, le protegen. Con su actuar, con sus resoluciones dañan, deterioran y destruyen casi toda la enseñanza superior del país, pues estimulan el predominio de la mediocridad. Por personas como ustedes la dinámica del país se desenvuelve en medio de enfermiza rutina y carente de capacidades para salir del subdesarrollo predominante.

Y la parafernalia se arropa con sus mejores y más suntuosas falsedades. Una sede por allá con el nombre de la “máxima autoridad”, estimulando el culto a la personalidad en un banal afán de “insinuar” un legado de “expansión” de centros de enseñanza, cuando en realidad son tan solo tributos aduladores como moneda de pago.

Algunas de las características aquí descritas están magistralmente desarrolladas por el semiólogo y ensayista italiano Umberto Eco, en una ponencia en Nueva York en abril de 1995 y retomadas por el medio digital chileno “Interferencia”. Más elementos del tema en la ponencia completa que pueden leerse en: https://interferencia.cl/articulos/que-es-el-fascismo-segun-el-escritor-y-filosofo-umberto-eco-0 

Walter del Cid

Padre, abuelo. Lector casi empedernido. Conocedor de las intrincadas reglas del cuasi disfuncional Estado guatemalteco desde 1988 a la fecha. Inició su incursión en el periodismo de opinión en las páginas de La Hora con aportes en la sección «Cartas de los Lectores» en septiembre de 1993. En 2006 tuvo el honor de ser jefe de Información de esta Tribuna y no mostrador. Casi ininterrumpidamente colaboró con columnas de opinión en La Hora, el desaparecido El Gráfico, Siglo XXI de la primera época, Diario de Centro América, la Revista Crítica y eventualmente para la Universidad Johns Hopkins en temas de población y desarrollo. Esta es mi Tercera Época en La Hora, gracias por ello. Creer en la democracia no es una cuestión circunscrita a razones teóricas, es una forma de vida y se aplica a la cotidianidad de nuestros actos.

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