Roberto Blum

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Roberto Blum

El 24 de febrero del pasado 2022, el presidente de la Federación rusa, Vladimir Putin, inició una “operación militar especial” en el territorio de Ucrania. Al principio, la operación militar rusa estuvo a cargo de una fuerza militar de unos 190,000 efectivos. Esas fuerzas rusas comenzaron a acantonarse meses antes en la frontera ruso-ucraniana. ¿Qué mensaje quería transmitir el presidente Putin? Sin duda es importante tratar descifrar el mensaje que Rusia quería hacer llegar al Gobierno de Kiev y que nosotros entendiéramos el propósito de esa “operación militar especial”. Hoy, 20 meses más tarde, la “operación militar especial” rusa se ha convertido en una auténtica y sangrienta guerra de desgaste.

Al revisar la historia del conflicto, debemos recordar que en la reunión de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN) celebrada en Bucarest en abril del 2008, se acordó integrar a Ucrania y a Georgia en la Alianza atlántica. De inmediato Rusia declaró que nunca aceptaría tal hecho. Para el país eslavo tener a la OTAN en sus fronteras era una verdadera amenaza existencial. Sin embargo, los dirigentes de los países de la OTAN parece que no tomaron nota de ello. Así, la posibilidad de que Ucrania pasara a formar parte de la alianza militar occidental fue percibida como una amenaza real e inmediata a Rusia y a su flota del Mar Negro, sita en el puerto de Sebastopol, en la península de Crimea. En el 2014 Rusia tomó posesión y se anexionó dicha península, habitada por una población mayoritariamente ruso-hablante y asimismo apoyó a grupos separatistas rusos en la región del “Donbás”, territorio que incluye los “óblasts” de Donetsk y Lugansk al suroriente del país.

Los datos duros de ambos combatientes ya nos indican el probable resultado de la confrontación que hoy observamos. Ucrania, por ejemplo, cuenta con un territorio de 603,000 kms2 siendo el segundo país más extenso de Europa, y lo habitan unos treinta y tres millones de habitantes. Su producto interno bruto (PIB) es de cerca de 173 mil millones de dólares y el ingreso per cápita de los ucranianos es unos 5,230 US$ al año. Por su parte, la Federación rusa, el país más extenso del mundo, cuenta con 147 millones de habitantes y un PIB de 1.8 billones de dólares, con un ingreso por persona de unos 13,000 dólares estadounidenses, en un territorio de 17 millones de kilómetros cuadrados.

En una guerra de desgaste, son sin duda los recursos disponibles los principales factores que determinan el triunfo o la derrota. Ucrania ha estado recibiendo de los Estados Unidos y de algunos de los países de la OTAN ingentes apoyos materiales y financieros. Sin embargo, a pesar del esfuerzo del presidente Zelenski por convencer al mundo de que en su territorio se está jugando la suerte del mundo occidental, las poblaciones europeas y de los Estados Unidos están cansadas de seguir apoyando a una Ucrania con fama de corrupta, sin ver los resultados esperados y previamente prometidos.

Si en el 2022 el presidente Zelenski era recibido donde fuera como un héroe, hoy sus recibimientos son de “compromiso” y, en vez de recibir aplausos, es sujeto de duros interrogatorios y reclamos de sus anfitriones occidentales. Las cosas están cambiando rápidamente y no a favor del país fronterizo (Ucrania, “Krajina” significa en la antigua lengua eslava “tierras de la frontera”). Así, en un reciente artículo de la revista estadounidense Time, se cita al presidente ucraniano quejándose amargamente de que ya nadie, excepto él, cree en la victoria de su país frente a la Federación rusa. De ser Ucrania y su presidente los campeones de la lucha de la civilización occidental, democrática y liberal, contra la barbarie y el autoritarismo rusos, ahora la mirada del mundo se vuelve a los terribles acontecimientos de Israel y Gaza, mientras Ucrania y Zelenski han dejado de ser los protagonistas centrales de la última lucha entre el bien y el mal. Ahora el escenario del mundo les corresponde a otros antagonistas, también “apocalípticos”, y Zelenski, el antiguo actor de televisión y actual presidente de un país de la “Mittel Europa”, no logra resignarse a perder su papel central. “Sic transit gloria mundi”, le recordaban al oído a los emperadores romanos el día de su “triunfo”.

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