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Lorenzo Fer

Cuando de niño escuchaba esta parábola me imaginaba la cizaña como un arbusto espinudo, seco, despintado. Venía a ser una zarza retorcida en medio de un paisaje árido y tenebroso. Pero no. La cizaña se parece mucho al trigo, de hecho son de la misma familia botánica (aunque diferente género): las gramíneas (o poáceas). Durante las primeras etapas de crecimiento son morfológicamente casi idénticas y ahí radica el problema. 

Desde los albores de la civilización el ser humano ha dependido del trigo para su sobrevivencia. El sagrado pan. Aprendió a domesticar las diferentes variantes hasta acomodar una planta que se erguía lo suficiente del suelo sobre un tallo firme que sostenía a las espigas. Bien por ello, pero, como sombra tenebrosa la cizaña estaba a la sombra, acompañando en todo este proceso. Acaso por esa familiaridad botánica siempre trata de “colarse” con el cultivo de trigo y ha sido una amenaza latente para la alimentación de los pueblos, desde la antigüedad. Pero el mayor peligro no es la competencia por los nutrientes del suelo, el mayor problema es que la cizaña es tóxica. No lo es por sí misma, la planta se podría digerir aunque no tiene los valores nutricionales del trigo. El problema no está en la planta sino en que sirve de huésped a un hongo que se esconde en su sistema; la cizaña acoge a un hongo que produce alcaloides tóxicos (temulina o loliolina) que, si se muelen accidentalmente junto con el trigo, pueden contaminar la harina y causar náuseas, convulsiones e intoxicaciones graves en humanos y animales. Cuando una persona consume pan contaminado con esas semillas, la temulina del hongo causa el efecto borrachera, ceguera temporal –upssss– y fuertes convulsiones. Ese hongo y la cizaña mantienen una alianza perversa de ayuda mutua, una simbiosis mutualista: la planta de cizaña le da refugio mientras que las toxinas del hongo protegen a la planta frente al ataque de insectos y animales herbívoros. 

En muchos otros cereales también se cobijan otros hongos, como el cornezuelo del centeno que sirve de base para el famoso y terrible LSD. Pero dichos hongos del centeno son visibles. En cambio el hongo temulina es sistémico, se esconde dentro de la planta. Por eso es muy difícil detectar. Y el trigo y la cizaña sólo se pueden diferenciar con certeza cuando maduran y brota la espiga. La espiga del trigo es gruesa y cargada de granos pesados, mientras que la de la cizaña es más delgada, ligera y con espiguillas alternas y aplanadas.

La separación del trigo y la cizaña ha sido un constante dolor de cabeza de los campesinos. Antiguamente, tras trillar el campo, lanzaban la mezcla al aire con bieldos (palas de madera) aprovechando el viento: la paja y las semillas más ligeras volaban lejos, mientras que el grano pesado caía al suelo. Posteriormente se utilizaron tamices o zarandas manuales para el filtrado final. El sistema de selección ha evolucionado radicalmente desde los métodos manuales antiguos hasta la alta tecnología de la agricultura moderna. El filtrado de avanzada se basa en procesos industriales específicos; por el color: con sensores infrarrojos, unos potentes inyectores de aire desvían la cizaña, color marrón oscuro, separada de los granos dorados del trigo; por la longitud: hay separadores que aprovechan la mínima diferencia de longitud y forma entre ambos granos; y cámaras de viento que separan basándose en la resistencia al viento y el peso específico del grano limpio. En otras palabras se implementan sistemas muy tecnificados. 

Con esta parábola Jesús nos aclara varios conceptos. En primer lugar nos dice: a) que hay un enemigo que nunca descansa, siempre está rondando, está esparciendo la semilla de cizaña; b) que en el mundo hay muchas personas que son “cizañas”, en el sentido que engañan con su apariencia; dan la impresión ser buenos cuando en realidad acogen maldad dentro de su corazón; c) que algunas de esas personas, como la misma planta de cizaña, no son malos per se, pero son débiles respecto a los males del mundo que, una maldad que, como el hongo, se viene a parasitar en sus vidas; acaso nosotros mismos pasamos por alguna etapa en ese papel de cizaña; d) Jesús explica que el mundo está diseñado así, con mucha cizaña a nuestro alrededor, pero debemos confiar porque el dueño del trigal separará las plantas y mandará al fuego a la cizaña; en todo caso, debemos convivir, los buenos y los malos. El sol nos ilumina a todos. 

Coloquialmente usamos mucho la expresión “meter cizaña” en referencia a alguien que divide, que provoca discordia entre dos personas para que se enfrenten. Realmente el efecto de la cizaña no es tanto dividir como emponzoñar; echar a perder todo el esfuerzo de la cosecha. La cizaña no quiere “ahogar” la planta de trigo, quiere crecer a su lado y, al momento de la molienda, contaminar toda la cosecha. Pero, con toda nuestra confianza puesta en Jesús, el divino sembrador, debemos estar tranquilos por cuanto aquí se explica el por qué existe el mal en el mundo y por qué se tolera de forma temporal en lugar de destruirse de inmediato. Dios permite esa convivencia. La criba final se hará cuando las plantas maduren, cuando llegue el juicio de cada persona. 

 

Reflexiones Dominicales

Colaboración especial para compartir con los parroquianos y, de paso, con algún sacerdote que pueda sentirse inspirado para su prédica dominical.

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