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Guatemala creció. Aumentó su población, se expandieron las ciudades, surgieron nuevas empresas, se multiplicaron los comercios y se fortaleció una economía impulsada por el trabajo, las remesas, el emprendimiento y el consumo. Sin embargo, todavía no comprendemos plenamente la magnitud de ese crecimiento ni hemos organizado nuestras instituciones y servicios para responder a una sociedad mucho más grande y compleja.

Una ventaja particular de nuestra economía es que buena parte del dinero que ingresa a los hogares se convierte rápidamente en gasto y vuelve a circular. Se utiliza para comprar alimentos, construir viviendas, pagar educación, adquirir medicinas, contratar transporte y sostener comercios y servicios. El dinero pasa de una familia a otra, genera actividad y mantiene funcionando la economía.

Las remesas, el trabajo formal e informal y los pequeños emprendimientos han creado un enorme movimiento económico. Detrás de cada tienda, taller, mercado, clínica, restaurante o empresa familiar existen personas que trabajan, producen y consumen. Guatemala posee una sociedad económicamente activa que muchas veces avanza a pesar de las dificultades institucionales.

Sin embargo, el consumo por sí solo no garantiza el desarrollo. Debemos transformar una parte mayor de ese movimiento económico en ahorro, inversión productiva, tecnología, infraestructura y mejores servicios. El dinero puede circular intensamente y, aun así, dejar pocas capacidades permanentes si no se convierte también en educación, salud, nutrición, vivienda digna y oportunidades.

La primera prioridad debe ser la salud y la nutrición. No podemos hablar de crecimiento mientras tantos niños padecen desnutrición y numerosas familias carecen de atención preventiva. Una población más grande necesita servicios sanitarios suficientes, agua potable, saneamiento, vacunación, salud materno-infantil, salud oral y atención de las enfermedades crónicas.

La seguridad social también debe ampliar progresivamente su cobertura. Los patronos tienen la responsabilidad de proteger a sus trabajadores mediante salarios dignos, prestaciones y afiliación efectiva. Nadie debería quedar sin protección sanitaria, laboral o salarial. El crecimiento económico debe beneficiar a quienes lo hacen posible con su esfuerzo diario.

La segunda prioridad es la educación. El aumento de la población exige más escuelas, mejores maestros y una relación coherente entre la educación primaria, secundaria, técnica y universitaria. No podemos considerarlas realidades separadas: constituyen etapas de un mismo proceso de formación humana.

Todo el sistema educativo, público y privado, debe contar con supervisión y evaluación técnica independiente. Evaluar no significa perseguir ni imponer una ideología. Significa conocer qué aprenden los estudiantes, cómo se utilizan los recursos y cuáles instituciones cumplen verdaderamente su misión. La educación debe formar personas capaces de pensar, trabajar, convivir y servir.

También necesitamos una justicia pronta, independiente y comprensible. No hacen falta modificaciones a nuestra forma de gobierno para exigir que cada institución cumpla las obligaciones que ya tiene. La ley debe aplicarse con igualdad, los procesos deben resolverse oportunamente y los funcionarios deben rendir cuentas.

Lo mismo debe ocurrir con las compras y contrataciones públicas. Guatemala dispone hoy de más recursos, actividad económica y tecnología que en décadas anteriores. Cada quetzal debe utilizarse con transparencia y poder rastrearse. El dinero malgastado representa una medicina que no llegó, una escuela que no fue reparada o una carretera que continuó abandonada.

La responsabilidad no pertenece únicamente al Gobierno. Los empresarios deben invertir, crear empleo digno y cumplir sus obligaciones. Los trabajadores deben aportar productividad y excelencia. Las universidades deben investigar y proponer soluciones. Los profesionales debemos servir con ética. Las familias deben educar en valores, y los ciudadanos debemos rechazar la corrupción, incluso en sus manifestaciones cotidianas.

Guatemala no necesita empezar de nuevo ni destruir lo construido. Necesita comprender cuánto ha crecido, reconocer la fuerza económica de su población y administrar responsablemente los recursos que ya genera. El desafío consiste en convertir el gasto en desarrollo, el consumo en inversión, el crecimiento en bienestar y la riqueza en oportunidades para todos.

La unidad nacional no significa pensar de la misma manera. Significa reconocer que compartimos objetivos esenciales: alimentar a nuestros niños, educar a los jóvenes, proteger al trabajador, respetar la ley y utilizar honestamente los recursos.

Guatemala no es solamente su Gobierno. Guatemala somos quienes trabajamos, enseñamos, producimos, curamos, investigamos y servimos.

En Guatemala, todos hacemos la nación.

Dr. Rafael Mejicano Díaz

Dr. Rafael Mejicano Díaz, Especialista en Prótesis Oral, MSc, Ph.Hc. y Ph.O.C., referente de la odontología guatemalteca. Con amplia trayectoria docente, gremial y clínica, ha impulsado innovación, ética y servicio social. Su legado integra ciencia, liderazgo institucional, pensamiento crítico y compromiso humanista.

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