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Viajar a Marruecos termina siendo una experiencia mucho más compleja e interesante de lo que normalmente imaginamos desde América Latina. Antes de llegar, muchas veces existe la percepción de que el norte de África es una región marcada por el desorden, la pobreza o la inseguridad asociada al desierto y a las tensiones cercanas al Sáhara. Sin embargo, al recorrer el país durante varios días, la impresión cambia profundamente.

Desde el aeropuerto se percibe organización, disciplina y una fuerte presencia institucional. La policía está visible de forma permanente, pero transmite más seguridad que intimidación. Existe la sensación de un Estado que mantiene control territorial, orden vial y una estrategia clara para el turismo y la movilidad.

Casablanca sorprendió por su modernidad. Las avenidas amplias, la infraestructura urbana, los hoteles y el movimiento económico reflejan crecimiento sostenido. Existe una mezcla muy interesante entre tradición islámica, arquitectura contemporánea y actividad empresarial.

Uno de los aspectos más llamativos fue la agricultura. Desde el aire se observan enormes extensiones cultivadas y sistemas de riego incluso en zonas relativamente áridas. Marruecos no es únicamente dunas y desierto; existe un enorme esfuerzo por aprovechar la tierra y el agua. Durante los trayectos por carretera aparecen cultivos, maquinaria agrícola, actividad ganadera y oasis productivos en medio de regiones desérticas.

También sorprende el desarrollo urbano. En muchas ciudades se observan urbanizaciones nuevas, hoteles y obras de infraestructura relativamente modernas. Parte importante de este crecimiento probablemente está asociado a las remesas provenientes de Europa. Millones de marroquíes viven y trabajan en España, Francia, Bélgica y Países Bajos, generando una conexión económica permanente que impulsa inversión y movilidad social.

Otro tema interesante es el narcotráfico y la producción histórica de cannabis en las montañas del Rif. Marruecos ha sido durante décadas uno de los mayores productores de hachís del mundo; sin embargo, al recorrer el país no se percibe una estructura social dominada por el crimen organizado como ocurre en algunas regiones latinoamericanas. Más bien, da la impresión de que el Estado mantiene una presencia institucional fuerte y capacidad de control territorial. Incluso se han impulsado procesos de regulación parcial del cannabis con fines medicinales e industriales.

La visita al Mausoleo de Mohammed V resultó particularmente impactante. Más allá de la belleza arquitectónica, impresionan la disciplina y la impecable presentación de los soldados que custodian el lugar. Transmiten orgullo institucional, identidad nacional y respeto por la historia.

La experiencia hotelera también rompe prejuicios. Los hoteles resultaron funcionales, limpios y bien organizados, con una enorme disposición humana para servir. Más allá del lujo, impresionó la actitud amable y espontánea de muchas personas.

El recorrido por Fez y Chefchaouen confirmó todavía más esa percepción positiva. Buenas carreteras, controles de seguridad frecuentes y turismo relativamente organizado permiten recorrer largas distancias con tranquilidad. Durante nueve días viajamos aproximadamente entre 2,500 y 3,000 kilómetros por carretera.

Y eso inevitablemente lleva a comparar esta experiencia con Guatemala. Nuestro país probablemente posee una diversidad natural y cultural aún mayor: volcanes, selvas, lagos, ruinas mayas y pueblos indígenas extraordinarios. Sin embargo, muchas veces el gran obstáculo sigue siendo la inseguridad, la falta de planificación y el deterioro de la infraestructura vial.

Después de recorrer Marruecos queda una reflexión inevitable: Guatemala tiene condiciones extraordinarias para convertirse en uno de los grandes destinos turísticos del mundo. Lo que muchas veces hace falta es visión de largo plazo, infraestructura moderna, seguridad y mayor capacidad de organización nacional.

Marruecos demuestra cómo un país con enormes limitaciones climáticas y territoriales puede transformarse mediante orden institucional, inversión, agricultura, turismo y conectividad internacional.

Dr. Rafael Mejicano Díaz

Dr. Rafael Mejicano Díaz, Especialista en Prótesis Oral, MSc, Ph.Hc. y Ph.O.C., referente de la odontología guatemalteca. Con amplia trayectoria docente, gremial y clínica, ha impulsado innovación, ética y servicio social. Su legado integra ciencia, liderazgo institucional, pensamiento crítico y compromiso humanista.

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