Autor: Gladis Sandoval
Instagram: @sandval_15
Editorial: youngfortransparency@gmail.com
Las relaciones de poder y las dinámicas sociales abren brecha a la reconfiguración del escenario político en los diferentes contextos, sin que fuese la excepción el final de los años 90. Previo a la Firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala, comunidades, sobre todo ubicadas en áreas rurales del país, adoptaron durante un largo periodo de tiempo formas propias de participación y organización, como un esfuerzo en la búsqueda del bienestar comunitario, constituyendo así en algunos casos los denominados comités pro-mejoramiento.
Por ende, existe un proceso transitorio desde los comités pro-mejoramiento, en donde coexistían diversas formas de organización y participación. Hoy en día, la reconfiguración del poder local gira en torno a la figura de los Consejos Comunitarios de Desarrollo (Cocodes), entendiéndolos como órganos de coordinación comunitaria supeditados a una norma y que, con el paso de los años, han sido instrumentalizados por municipalidades, políticos y actores exógenos.
De esta cuenta, el ejercicio de participación ciudadana debe de ser entendida como el involucramiento de los ciudadanos dentro de procesos de toma de decisiones, o el involucramiento dentro del espacio y la esfera de lo público, dentro de la gobernanza y dentro de espacios democráticos en aras de su fortalecimiento.
En casos como este, la participación ciudadana, desde los diferentes modelos de participación, constituye en la propia perspectiva, un mecanismo de instrumentalización de la actividad estatal que afecta directamente la efectividad dentro de la gestión pública y la gobernanza.
Villareal (2009), plantea al respecto que: ´´… la participación ciudadana es aquella en la que los ciudadanos se involucran de manera directa en acciones públicas, con una concepción amplia de lo político y una visión del espacio público como espacio de ciudadanos. ´´ pp.31-32
En este sentido, los Cocodes hoy en día resultan poco plurales, y más bien se convierten en botines electorales y de cabildeo comunitario para autoridades municipales que tienden a favorecer a determinados actores sociales con intereses no muy diversos, convirtiéndose en espacios de pugna por el poder y fomentando los cacicazgos a nivel local.
Si bien la participación constituye un ejercicio y un derecho del que goza todo ciudadano, los mecanismos que garantizan una participación efectiva, se ven deteriorados; es necesario el reconocimiento de la organización ciudadana en el entendido que la misma es una práctica autónoma y legitima, constituyendo el primer mecanismo previo a una participación efectiva e institucionalizada, en donde se pueda demostrar o evidenciar una postura como comunidad o como ciudadanía que no se encuentra carente de legitimidad.
En este entendido, los Cocodes en las comunidades se convierten en los principales bastiones de demostración de poder local, esto considerando que la autoridad municipal de turno aprovecha la figura de los Cocodes, generando confrontación y división entre las comunidades, e incluso contribuyendo al rompimiento del tejido social comunitario. Por otro lado, las municipalidades buscan el apoyo, el respaldo o el control de dichas entidades con el propósito de potenciar la percepción de la ciudadanía hacia la gestión municipal. Hechos que se evidencian sobre todo en el contexto actual, previo al año electoral.
En casos contrarios, son los principales órganos en ejercer auditoría social frente a la gestión municipal, de ahí que resulten siendo estructuras de poder y una evidencia de contrapesos y de influencia frente a la percepción ciudadana.
Para finalizar, es importante evidenciar que el propósito bajo el cual fueron constituidos los Cocodes, es invisibilizado y negado frente a intereses políticos clientelares que han aprendido a manipular y a moldear los procesos de acuerdo a sus intereses. Esto da como resultado que las estructuras de los Cocodes sean cada vez más disputadas entre la ciudadanía organizada y políticos locales.







