Jóvenes por la Transparencia

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María Gabriela González Bran
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IG: gabbz_gonzalez

Soy estudiante de Relaciones Internacionales. Soy muy soñadora para los realistas y muy realista para los soñadores, pero todos estamos de acuerdo en que la defensa de la vida, la libertad y la dignidad humana son clave para poder lograr el cambio que todos queremos para nuestra Guatemala y para nuestro mundo.

“¿Se enteraron del nuevo hoyo en Villanueva?”, “ándate con cuidado porque en la salida de la Antigua hubo otro derrumbe”. Lastimosamente, si queremos romper el hielo para empezar una conversación o irnos por la vieja confiable, hablamos sobre los problemas de siempre de nuestras carreteras. Sí, problemas de siempre. Pero ¡no tendrían por qué ser “los de siempre”!

El “deber ser” de nuestro sistema es: la gente trabaja, paga impuestos al Estado, y este usa esa recaudación para dar buenas carreteras, un buen sistema educativo… En resumen, una vida digna.

A decepción de algunos lectores -probablemente- yo sí soy de esas personas que aman Guatemala y tratan de verle el lado positivo al país. Sí, tengo muchos “privilegios”, “bendiciones”, como quieran llamarlo. Tanto por suerte como por méritos. Bien decía Maquiavelo, que en el camino al triunfo siempre se encontraba la relación entre ambas variables, en la que sin ciertos méritos no iba a tener la suerte de tener algunas oportunidades, pero sin esas oportunidades no podría explotar mis méritos. El punto es que: tener estas ventajas no me ciega de los problemas del país.

Yo me uno a las denuncias de todas las personas que se quejan y tildan a los impuestos de “robo”, porque, lastimosamente, en Guatemala eso son. ¿De qué les sirve a muchas personas -no me incluyo, porque aún no trabajo- sacrificarse en sus trabajos, si regresan con el miedo de hundirse a media calle, o que les caiga un árbol encima? Bien calificaba Platón a la democracia como una forma de gobierno impura, en la que ya gobernaba cualquier persona que solo buscaba la satisfacción de sus necesidades, fueran vitales o no.

Ese es el caso de nuestros gobernantes. Nosotros los elegimos, pero las últimas elecciones han sido las de “escoger al menos peor”. Entonces, es enteramente válido que venga alguien y me diga: “¿para qué queréis vivir en democracia si solo te van a seguir robando tus impuestos?” “¿Por quién vas a votar si todos son ladrones?”. Tienen toda la razón, pero el problema no es la democracia, es la corrupción que carcome al sistema. Desde que los afiliados no tienen realmente voz y voto en sus partidos, sino que el control lo tienen los que quieren llegar al poder, hasta las trampas y movidas que hacen los gobernantes para mover más dinero que satisfaga sus caprichos. Hay corrupción en cada paso. Pero todo empieza desde casa. Si queremos una verdadera democracia, pues hablemos en nuestros círculos de estos temas, promovamos y seamos ejemplos de idoneidad, capacidad y honestidad.

Necesitamos, urgentemente, promover primero la meritocracia, segundo, si somos jóvenes, prepararnos lo mejor posible para ser los líderes del país. Y si no somos jóvenes, apoyar el talento nacional y a todos aquellos que de verdad quieren servir al país. Y tercero, no quedarnos conformes con la gestión del gobierno. No limitarnos a quejarnos y dividirnos entre “los privilegiados que les da igual lo que pase” y “los resentidos que por todo se quejan”.

Si nos unimos, nos formamos y denunciamos, podemos llegar lejos. Podemos llevar al poder a gente realmente preparada que sí use los impuestos para lo que están destinados. Podemos luchar contra la corrupción y que no se termine de masacrar la democracia de la forma en que se ha hecho en los últimos años en Guatemala.

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