Pedro Pablo Marroquín

pmarroquin@lahora.gt

Esposo, papá, abogado y periodista. ¡Si usted siempre ha querido un mejor país, este es su momento de actuar!

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Pedro Pablo Marroquín Pérez
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@ppmp82

Nunca debió ser así, pero la falta de institucionalidad en el país provocó que las avenidas de impunidad y corrupción se fueran fortaleciendo más que nuestra propia infraestructura y que la política fuera un mecanismo para acumular riqueza como un carro de Fórmula 1 que pasa de cero a 100 kms por hora en poco tiempo.

Luego de eso, vino la etapa en la que se nos cayó la venda en los ojos y pudimos entender cómo funcionaba la corrupción. Como guatemaltecos no atinamos a resolver los problemas del sistema, a enfrentar los vicios de raíz y eso dio lugar a que el sistema no solo se fortaleciera, si no que se perfeccionara a la velocidad de la luz.

Estando en ese contexto y con el sistema a full vapor, entramos a la arena política de las Elecciones 2023 y ahora nos damos cuenta que a nivel de municipalidades y diputaciones, la presencia del crimen organizado y en especial del narcotráfico, se hace muy presente.

A las campañas presidenciales no necesitan llegarle de primas a primeras porque las bases del crimen en diputaciones y alcaldías son sólidas, pero vemos que hay una especie de resignación/comodidad a coexistir sin mayor reparo de parte de los candidatos al guacamolón.

Y para competir con esa realidad, vemos que a nivel presidencial la exigencia también resulta mínima. Desde un payaso poniéndose una vacuna hasta un sinvergüenza hablando de honestidad, el rango es variado pero la oferta que nos permita pensar en un verdadero cambio es muy limitada.

La política ha caído en un desprestigio sin precedentes y si a eso le sumamos que hay arca abierta, entendemos por qué mucha gente no calificada se está acercando a la política con tanta gana y deseo, aún y cuando eso para el país y el ciudadano honrado es un verdadero problema.

Los efectos del desprestigio en la política pueden llegar a ser nefastos para la próxima década y por eso es que necesitamos también asumir responsabilidad por nuestra incapacidad ciudadana de ponernos de acuerdo para establecer una ruta, una agenda de país que los ciudadanos podamos imponer a los políticos de turno.

Mientras no tengamos consensos, en la medida en que no seamos capaces de lograr los acuerdos porque la mosca del cuarto nos sigue desviando del objetivo, el camino se pone cuesta arriba.

Quienes tienen información de sobra, están alarmados por la ruta que estamos tomando porque estamos conviviendo de cerca con agentes de demasiado peligro que pueden complicar las cosas en maneras que ni imaginamos.

Que personas sin capacidad, sin méritos de honradez sean los que se presenten a los puestos de elección popular en su mayoría, nos debe hacer poner las barbas en remojo porque nos presenta un panorama complicado, gane quien gane.

Mientras nosotros, los ciudadanos, no seamos capaces de aterrizar una agenda, el desprestigio político y los más inescrupulosos que navegan en los puestos de elección popular seguirán reinando, mandando y haciendo negocios en total tranquilidad con el dinero de todos.

Ya no podemos hacer nada por los que ahora participan porque llegamos hasta aquí por nuestras acciones y omisiones, pero la decisión a tomar es qué haremos para imponer una agenda ciudadana en el 2024.

Los radicalismos deben quedar aislados, de ambos lados, para dar espacio y margen a los que desean construir y proponer para darle un chance real a Guatemala de ser un país más justo, incluyente y generador de oportunidades para todos.

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