Pedro Pablo Marroquín

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Esposo, papá, abogado y periodista. ¡Si usted siempre ha querido un mejor país, este es su momento de actuar!

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Si cualquier mortal con acceso a Internet pone “definición de populismo” en su buscador favorito, algunas de las respuestas que salen son las siguientes:

2. Tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo según la definición de “Oxford Languages”.

Luego, Google reporta una palabra similar, demagogia, que el mismo Oxford Languages define como:

“2. Empleo de halagos, falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir y otros procedimientos similares para convencer a los ciudadanos y convertirlo en instrumento de la propia ambición política.
“la tensión actual es buen caldo de cultivo para la demagogia, propiciada además por los radicales enfrentamientos existentes entre los diferentes países de la zona en conflicto”, cita textual.

Y según el famoso Wikipedia “El populismo, según la RAE, es una «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares». [1]​ Su origen es un movimiento ruso del siglo XIX, llamado narodnismo (Narodnichestvo, народничество), término que se traduce al español como populismo, derivado del lema «ir hacia el pueblo», que obraba como guía para los movimientos democráticos rusos de la segunda mitad del siglo xix”.

Ahora que experimentamos una escalada en la violencia que sigue enlutando a miles de familias en el país, vemos que salen los políticos a hablar de la pena de muerte pero nunca hablan de cómo enfrentar de raíz un problema que tiene demasiadas aristas en la falta de oportunidades, la falta de justicia en el país, la falta de un verdadero sistema de cortes, de un Estado de Derecho, de cárceles que cumplan su función, etc.

Si a eso le sumamos los ofrecimientos de que nadie pagará por luz eléctrica, que bajarán el precio de las medicinas, que se acabará la corrupción o incluso la de un Estado Plurinacional, esta frase de las definiciones arriba citadas hace sentido: falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir.

Por ejemplo, abaratar el costo de las medicinas es algo necesario para todos, pero nadie entrará en los detalles de por qué son tan caras, cómo harán para bajar los costos y crear un sistema en el que todos operen bajo las mismas reglas y el ciudadano obtenga más beneficios. Que el empresario de medicinas gane sin necesidad de proteccionismos y/o componendas que desbaratan todo el mercado.

Y es que los políticos se quedarán por las ramas con sus ofrecimientos porque, salvo algún ave rara, no hablarán de los vicios del sistema, de cómo es que hemos llegado hasta esta realidad que tanto nos preocupa y de las difíciles decisiones y tareas a emprender si es que de verdad deseamos enderezar el rumbo.

En la mayoría de casos, el elector responde a emociones y a eso le apuntan los políticos porque saben que la nuestra es una sociedad que en su mayoría no demanda, que no cuestiona y que no exige mayor cosa a quienes están en una tarima o en una papeleta electoral.

No ha llegado el 20 de enero y por lo tanto no se han podido presentar todos los candidatos y seguramente hasta el 27 de marzo que inicie la campaña electoral veremos una retahíla de ofrecimientos que rayarán en el populismo o la misma demagogia y los ciudadanos más comprometidos deberán demandar respuestas coherentes, propuestas quizá hasta impopulares pero necesarias para atender los grandes problemas del país.

Solo hablando con la verdad podremos enfrentar los grandes retos que tenemos pero somos una sociedad que no parece estar lista para una discusión de esa naturaleza y por eso es que los planes de los políticos de quedarse por las ramas y ofrecer el oro y el moro, terminan teniendo eco en una sociedad que no atina a enderezar el rumbo.

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