Pedro Pablo Marroquín

pmarroquin@lahora.gt

Esposo, papá, abogado y periodista. ¡Si usted siempre ha querido un mejor país, este es su momento de actuar!

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Pedro Pablo Marroquín Pérez
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@ppmp82

El regreso de Manuel Baldizón, luego de ser condenado en Estados Unidos por lavado de dinero y tras ser deportado de aquel país, pone en jaque a aquellas personas que elegían obviar los vicios del sistema para centrarse en el debate ideológico.

El ex candidato presidencial es una figura que no pasa desapercibida y sigue sin ser muy querido en muchos círculos, en especial aquellos que, usando el tema ideológico, insisten en defender un sistema indefendible pero que ahora se muestra muy ágil para ejecutar venganzas y servir impunidad a quienes la pidan.

Lavarle cara al sistema antes de la venida de Baldizón era “más factible” pero ahora, con el jefe del extinto partido Lider en su casa y fraguando su regreso a la política, planeando la recuperación de sus bienes y viendo cómo se reviven las viejas alianzas con actores como Alejandro Sinibaldi, mucha gente se incomoda aunque no lo dicen a viva voz porque saben que al hacerlo abren la puerta al debate profundo: el sistema.

La mayoría de guatemaltecos, sin importar el origen, entienden que las cosas no están bien y saben que pueden ser mejores, pero falta esa plena capacidad de escuchar, de expresarnos para construir y con ello articular opciones para lograr los objetivos y transformar el sistema y el país.

Se trata de que la gente honrada pueda invertir en un país que quiere que el extranjero venga con reglas claras y que, con ello, se generen oportunidades para miles que las piden a grito y que desean opciones para no migrar a Estados Unidos. Se necesita de tener un mejor Estado, más eficiente, para que la salud y la educación de millones se conviertan en las mejores armas sociales.

Pero de todo eso no se habla porque, al hacerlo, se admite que el sistema está agotado y que necesita reformas urgentes. Sin Baldizón en escena era “fácil” no hablar de eso, pero con el exdiputado como centro de ese esquema de impunidad se abre un enorme dilema para los defensores del sistema.

Las porosidades de un modelo que cada vez más es controlado por el crimen organizado y al que acceden todos aquellos que se saltan las trancas, debería abrir los ojos de muchos para intentar construir otro, alejado de los vicios y las tentaciones que siempre ofrece la impunidad.

El honrado no puede competir en estas ligas que impone el sistema y por eso el llamado a abrir los ojos y buscar las formas en que podemos trabajar y encontrar la sostenibilidad necesaria  si de verdad queremos algo mejor.

Un sistema podrido no discrimina y ahí es cuando muchos se dan cuenta que terminan compartiendo barco con quien un día juraron derrotar.

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