Pedro Pablo Marroquín

pmarroquin@lahora.gt

Esposo, papá, abogado y periodista. ¡Si usted siempre ha querido un mejor país, este es su momento de actuar!

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Pedro Pablo Marroquín Pérez
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@ppmp82

Países en los que la población ha estallado como un polvorín nunca tienen una sola respuesta para explicar el reventón. Generalmente señalan una serie de situaciones que poco a poco van socavando la moral y la paciencia de la ciudadanía.

Son temas profundos que los políticos de turno, sus socios particulares y las personas con mayor incidencia van dejando relegados sin atender de manera sostenible con el afán de provocar impactos directos en el mejoramiento de las condiciones.

Hay lugares en los que se da un estallido social y otros en los que “la sacudida” se da en las urnas, pero el descontento social es como el agua y siempre encuentra por donde.

Si ya sabemos que esa es una realidad a lo largo y ancho del mundo; que vivimos momentos complicados porque el costo de la vida impacta a muchas personas, la desigualdad sigue siendo el pan de todos los días para millones de guatemaltecos, la falta de oportunidades los orilla a migrar o a la delincuencia, no hay que tener un doctorado en astrofísica para saber que o hacemos algo o las cosas se pondrán peor.

A lo anterior debemos sumar que Guatemala ha recaudado mejor, pero que el dinero está siendo utilizado en una enorme e insaciable fiesta de corrupción y que aunque parezca que la gente ya se resignó a vivir con la idea de que mientras unos en la miseria, otros en la abundancia con el dinero de todos, en el momento menos esperado dicen YA BASTA.

Alzar la voz ante estos riesgos en un país que ha vivido en estas condiciones tantos años puede parecer inútil. De aquí a noviembre el oficialismo seguirá en sus movidas y no veremos mayores reacciones de los políticos hasta que empiece el manoseo electoral con más fuerza, lo que asegura que los próximos meses serán de una “tensa calma” y de robos descomunales en nuestras narices.

Según un reporte del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el 70% de la población no tiene educación, vivienda, acceso a la salud, al empleo o a la tecnología y eso basta para explicar por qué cada día, miles se arriesgan a ir en un contenedor a los Estados Unidos.

Se juegan la vida en el camino al ir muchos días en un contenedor, pero sienten que quedarse en Guatemala es vivir para siempre en el “contenedor”. Las remesas no están impactando en las causas estructurales, en parte porque nuestras autoridades están muy cómodas sin hacer mucho para que el dinero de las remesas sirva para temas de mayor impacto en quienes las reciben.

Argumentan que no pueden “modernizar” los sistemas para evitar lavado de dinero, pero no dicen ni pío del lavado de políticos y sus agentes, de los que hace el crimen organizado y el narcotráfico en nuestras narices y usando el sistema con toda tranquilidad.

Si existiera voluntad podríamos discutir las salidas, acordar las rutas y empezar algo sostenible para lograr cambios. Pero entre la enorme indiferencia y el gran temor que le tienen a las autoridades de turno, no tenemos mayores expectativas y ello hará que el 2023 sea una caldera que puede provocar algo que no esté en el horizonte y que quizá no podamos y no sepamos manejar a futuro.

El costo de la vida aprieta y quienes tienen menos oportunidades lo sienten más. Esperan de los que las tienen y además pueden incidir un poco más de voluntad porque necesitan luces en medio de tanta oscuridad.

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