Oscar Clemente Marroquín

[email protected]

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

post author

Ayer cumplió nueve años de muerto mi suegro, el doctor Carlos Pérez Avendaño, con quien llegamos a desarrollar una muy estrecha relación que se fue nutriendo, precisamente, en nuestras largas conversaciones y discusiones que tenían lugar en la playa de Marco Island, un pequeño paraíso en la costa oeste de Florida. El aniversario me hizo revivir muchas de las vivencias que compartimos en la vida y, sobre todo, lo gozado y disfrutado en ese lugar al que llegamos, María Mercedes, sus padres y yo, hace justamente cuarenta años, cuando apenas si había unos ocho edificios en toda la playa y muy poca gente lo conocía como destino turístico.

El doctor y yo teníamos algunas afinidades y muchas diferencias de criterio que, contra lo que ahora ocurre tan fácilmente aun entre amigos, nunca nos llegaron a dividir. Ideológicamente no era fácil coincidir porque él fue creado como un auténtico conservador en todo el sentido de la palabra y no lográbamos acuerdos a la primera aunque, tras varias horas o jornadas de discusión sobre un tópico, generalmente alrededor de algún buen trago, al final alcanzábamos ver puntos comunes que nos permitían expresarnos satisfechos de haber superado la controversia. Con tres personas en la vida me pasó lo mismo porque muchas veces tuve fuertes discusiones con Clemente Marroquín Rojas, mi abuelo, sobre temas de mucho fondo y ya he dicho que igual era mi relación con el Muso Ayau. Gracias a Dios, con ninguno de ellos nos terminamos tirando los platos por la cara por agria que pudiera ser una disputa relacionada con nuestras ideas.

Hoy en día es sumamente difícil tener ese tipo de encuentros y conversaciones porque los radicalismos están a flor de piel y no dan espacio para una discusión que, aunque dura, permita encontrar acuerdos mínimos respecto a asuntos importantes. Los que se encargaron de generar la polarización para que cualquier discusión sobre la decencia y la transparencia quedara fuera, con el uso y abuso de argumentos supuestamente ideológicos, realmente lograron su cometido. Muchas veces uno se da cuenta de que ni siquiera hay mínima comprensión de lo que son las ideologías y lo que cada una representa, porque basta y sobra una palabra, un gesto, para zampar etiquetas que se vuelven imborrables y definitivas.

La búsqueda incesante de acuerdos dentro del desacuerdo ha sido parte de la historia de la humanidad y todos sabemos que cuando ello no se logra, vienen las guerras y enfrentamientos. Pero si quienes creemos en ello no aprendemos lecciones, los que siguen a los creadores de la polarización parecen habérsela aprendido al pie de la letra, porque se ha generado toda una serie de teorías que no tienen más finalidad que la de sembrar el odio y mantener dividida a la sociedad.

En el año 2009, cinco años antes de su muerte, él decidió no volver a Marco para vivir plenamente su vejez sin los ajetreos de un viaje, pero siempre pensamos en la casa de la que fue tantas veces huésped de honor y vienen a la mente esos gratos recuerdos que nada ni nadie podrá nunca borrar.

Artículo anteriorFallece Lloyd Morrisett, creador de «Sesame Street»
Artículo siguienteColom, figura pública