Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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Tremendo enredo generó la decisión de Novak Djokovic de presentarse en Australia sin carnet de vacunas para defender su título en el torneo Abierto de Tenis que se jugará en breve, luego de que las autoridades migratorias no le permitieron ingresar porque una norma en ese país exige constancia de vacunación completa para todos los que desean entrar al país. Al parecer los organizadores del torneo le habían otorgado una dispensa a Djokovic quien alega razones no explicadas para no vacunarse, aunque se sabe que uno de los argumentos es que hace poco más de seis meses ya dio positivo de COVID-19, lo cual a juicio de las autoridades nacionales no es suficiente para justificar médicamente su resistencia.

El tema, más allá del aspecto deportivo en cuanto a lo que significa para el tenista no poder defender el título y colocarse muy adelante de sus competidores en cuanto a grandes torneos ganados, tiene mucho que ver, creo yo, con lo que significa la igualdad de todos ante la ley, algo que es sumamente importante en un medio como el nuestro donde estamos acostumbrados a que quien tiene poder pueda hacer lo que le viene en gana sin acatar normas.

Un semáforo en rojo simplemente obliga a detenerse y esperar a que la luz verde indique que se puede continuar la marcha, pero en Guatemala esa norma, como tantas otras, es reiteradamente ignorada por mucha gente que apenas disminuye la velocidad para ver si no viene carro y se pasa.

En el caso de las vacunas se habla de la libertad individual y el derecho que cada quien tiene a oponerse a ser vacunado. Ahora mismo en Estados Unidos miles de miembros de las fuerzas armadas están cuestionando legalmente ante los tribunales una orden del gobierno federal que les obligaría a todos a inmunizarse con las dosis respectivas y obviamente el tema da para mucho debate, pues a la par del valor importantísimo de la libertad individual está el bien común como algo muy preciado.

Yo personalmente creo que Djokovic tiene todo el derecho del mundo a resistirse a la vacuna por las razones que sean. Pero al mismo tiempo creo que un gobierno como el de Australia tiene todo el derecho de exigir que quienes quieran llegar a ese país presenten su carnet con vacunación completa como instrumento para contener contagios, sobre todo ahora que la nueva variante ómicron está campeando por el mundo. Si de derechos se trata, el mismo tiene Djokovic para resistirse a ser vacunado que el gobierno australiano a no permitirle la entrada. Otra cosa sería si lo hubieran amarrado y lo vacunan a la fuerza.

La tesis del gobierno es que todos son iguales ante la ley y que las excepciones están debidamente reguladas en las normas emitidas y el caso de Djokovic no cae dentro de alguna de ellas, por más que los organizadores del torneo y un gobierno local le hubieran dado una “autorización” que no vale a ojos de quienes tienen el control migratorio.

Yo creo que el nombre y posición no otorgan excepciones para cumplir la ley. La ley se aplica por parejo a todos para que realmente se pueda hablar de un Estado de Derecho y el tenista pretendió que a él se le diera un trato preferente que no procede. Y como es tema de debate, cada quien tiene derecho a pensar como quiera, pero se diga lo que se diga, es el gobierno australiano el que tiene la última palabra.

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