Marco Tulio Trejo

mttrejopaiz@gmail.com

Soy periodista, comunicador social y un soñador creador de opinión pública, para hacer conciencia que permita mejorar los problemas sociales, económicos y políticos que nos aquejan y nos mantienen inmersos en una sociedad con pocas oportunidades de vida para las nuevas generaciones. Estoy convencido de la importancia que tiene la prensa, en el fortalecimiento de la democracia, para coadyuvar a la consolidación de un Estado de Derecho con una certeza jurídica y el lema de mi señor padre siempre fue: “la pluma no se vende, ni se alquila”.

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Hoy quiero empezar mi columna dando mi sentido pésame para las familias, cuyos integrantes, fallecieron en la tragedia por el desbordamiento del río Naranjo, zona 7 que arrasó con varias viviendas y que hasta el momento han aparecido 10 de las 18 personas que han sido reportadas desaparecidas y que residían en las casas afectadas.

Aunque las autoridades municipales y de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), hace cuatro años habían declarado el lugar como un área no habitable, es la clara muestra de que los afectados no encontraron una solución de parte de un Estado, en el que sus gobernantes están más preocupados por sus intereses personales, que en solucionar problemas sociales.

Guatemala está considerada como la sexta nación en donde más corrupción se produce, lo cual nos deja ante los ojos del mundo, como un país donde una gran cantidad de funcionarios públicos tienen como objetivo primordial llegar a vaciar las arcas del Estado, dinero que si fuera bien invertido, podría evitar este tipo de hechos, que nos dejan luto y dolor.

Los “politiqueros” que cada cuatro años se convierten en los nuevos ricos de esta nación, se limitan, cuando llegan a estos puestos gubernamentales, en ver que se “jalan” y no en ver problemas sociales, como la falta de vivienda para guatemaltecos que viven en zonas de alta vulnerabilidad.

Este tipo de hechos no es nuevo, mucho menos desconocido, todos los años en la época de invierno, los medios de comunicación informan sobre muertos y desaparecidos en hechos que se producen como consecuencia por el cambio climático que afecta a la humanidad.

Solamente este año, durante la actual época de lluvias en Guatemala, la cual inicia en mayo y concluye a principios de noviembre, ha dejado por lo menos 48 fallecidos, 2.1 millones de afectados, 10 mil 303 evacuados y severos daños en infraestructura, por lo que nuestras “flamantes autoridades” no pueden decir que ignoran la situación que se vive en áreas de alto impacto climático.

En un país donde una gran parte de la población vive en pobreza, que no tiene oportunidades de conseguir vivienda a bajo costo, se ve obligada a construir sus viviendas en terrenos poco adecuados, sobre todo en laderas de barrancos que los deja en un estado de alta vulnerabilidad, por el lugar donde se encuentran las viviendas que están rodeadas de nacimientos de agua y donde existe erosión.

Pero como se dice que la “necesidad tiene cara de chucho”, no queda más que arriesgarse, sin embargo, los encargados de velar por el desarrollo humano, están más compenetrados y se enfocan en ver cómo recuperan el dinero que invirtieron durante las campañas electorales y no en lo que debiera preocuparles que es buscar desarrollo y bienestar social. Pero sobre todo que dichos “señores” al tomar posesión hacen un juramento de honestidad.

Según los datos del último Censo Nacional Poblacional y VII de Vivienda, en Guatemala hay un déficit habitacional de por lo menos unos dos millones de casas y que existen más de 700 asentamientos en las ciudades periféricas de la capital guatemalteca.

Esta situación es la que ha llevado a que los guatemaltecos estemos “hartos”, no hay otra mejor palabra, de los desmanes y actos de corrupción que se cometen en este país y que esa sea la razón de rechazar a toda una partida de “politiqueros”, quienes lo único que saben hacer es llenarse los bolsillos, para saludar con sombrero ajeno, con lujos y comodidades que nunca se ganaron con trabajo digno y honrado y que nos tiene sumidos en una lucha de poder para mantener su status quo.

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