Marco Tulio Trejo

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Soy periodista, comunicador social y un soñador creador de opinión pública, para hacer conciencia que permita mejorar los problemas sociales, económicos y políticos que nos aquejan y nos mantienen inmersos en una sociedad con pocas oportunidades de vida para las nuevas generaciones. Estoy convencido de la importancia que tiene la prensa, en el fortalecimiento de la democracia, para coadyuvar a la consolidación de un Estado de Derecho con una certeza jurídica y el lema de mi señor padre siempre fue: “la pluma no se vende, ni se alquila”.

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Marco Trejo

El principal enemigo de los gobiernos, es la falta de credibilidad que tiene ante su sociedad, nadie cree en lo que dicen, hacen y/o planifican, la gente se vuelve en contra de todo el quehacer público, debido a la mala reputación de los gobernantes. Y Guatemala tiene mucho de esto y de estos.

A los políticos no les importa deteriorar con sus acciones la imagen institucional del Estado, todos los días vemos denuncias ciudadanas que socavan la credibilidad de las entidades de la cosa pública. Esto lo que ha provocado es que nadie respete al Presidente de la República, muchos menos a los diputados y magistrados del Organismo Judicial y para comprobarla solo basta leer las redes sociales.

Esta situación se acrecenta cada cuatro años, porque cada gobierno pone su grano de arena y le tira tierra a Guatemala, por camionadas, lo cual nos mantiene en una crisis que se vuelve insostenible y que puede parar en desórdenes sociales, como las que se viven en Colombia, Venezuela, Puerto Rico, Brasil y Nicaragua, donde la gente ha salido a las calles a manifestar contra el gobernante de turno.

Guatemala tuvo la oportunidad de cambiar esa historia en 2015, pero no se tuvo los arrestos, para lograr cambios en el sistema político-social y se quedó en el limbo la gesta que permitió la salida del poder del Partido Patriota. Lo que necesitamos como primera acción es cambiar tres leyes: la Ley de Partidos Políticos, la Ley de Servicio Civil y la Ley de Compras y Contrataciones, pero no como se hizo, opacamente, muy recientemente.

Mientras esto no suceda, la sociedad civil va a seguir rasgándose las vestiduras en las calles, vamos a seguir viendo una y otra vez la misma historia y vamos a seguir viendo los mismos personajes en puestos claves de poder. Pero todo esto podría tener una causa, la cual fue analizada por unos psicólogos estadounidenses que revelaron un estudio muy interesante y que se aplica a cualquier sociedad, donde tenemos funcionarios que creen saber todo, pero que al final no saben nada.

En 1999, antes de que terminará esa década, en Nueva York fue estudiado un fenómeno que se desarrolla en las sociedades (políticos, peritos, economistas, líderes comunitarios, funcionarios públicos, periodistas, etcétera), por Justin Krugger y David Dunning, psicólogos de la Universidad de Cornell, Estados Unidos, quienes publicaron un trabajo que se llama: “The Journal of Personality and Social Psychology (La revista de la personalidad y psicología social).

Este estudio fue dirigido a conocer lo que provoca la relación del poder con el ego (la estupidez y la vanidad) y el resultado se conoció cómo el efecto Dunning-Kruger: “en el cual las personas con escaso nivel intelectual y cultural tienden sistemáticamente a pensar que saben más de lo que saben y a considerarse más inteligentes de lo que realmente son”.

Antes de que estos estudiosos lo evidenciaran científicamente, el científico Charles Darwin (1809-1882) ya había promulgado: “La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento, y los que tenemos la manía de reflexionar, que es lo mismo que mirarse al espejo, ya sospechábamos que la mayoría tendemos a valorarnos a nosotros mismos por encima de la media, cosa que, lógicamente, es estadísticamente imposible”.

Pero lo que realmente hicieron estos dos psicólogos fue demostrar lo que había dicho Darwin, por lo que midieron las habilidades intelectuales y sociales de un grupo de personas que tuvieron que autoevaluarse. Los resultados fueron sorprendentes y reveladores: “Los más brillantes estimaban que estaban por debajo de la media; los mediocres se consideraban por encima de la media, y los menos dotados y más inútiles estaban convencidos de estar entre los mejores”, según revela el estudio mencionado.

Estas observaciones, además de curiosas me parecen preocupantes, pues según los encuestados, los más incompetentes no sólo tienden a llegar a conclusiones erróneas y tomar decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia les impide darse cuenta de que están mal y lo hacen mal.

Pero al final y al cabo es la cruda realidad que vivimos con la mayoría de políticos que tenemos, sin aludir a nadie, quienes creen que son la última maravilla del mundo, pero en realidad lo que han logrado es hundir al país en niveles altos de subdesarrollo, todo por su obstinación, ansia de poder y lo peor de todo es que podría ser que no saben que padecen el “Síndrome de Dunning-Kruger”, el cual únicamente les permite convertirse en los nuevos ricos, pero de una manera deleznable, porque lo logran llenándose los bolsillos de los impuestos y por eso es que anteponen el ego antes de la racionalidad.

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