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La campaña electoral se adelanta como aquellos inviernos que cargan las nubes desde finales de abril. Acaso es lo que está pasando este año con nuestro clima. La campaña y el invierno son anticipos, acciones prematuras, fuera de su tiempo. Las avanzadas de publicidad politiquera se disfrazan de mensajitos, reels y videos, pero no engañan a nadie. Son puros y duros mensajes electorales. Ni siquiera se acude al viejo gambito, al cuento: “afíliate” o de la “asamblea general”. Ya, las figuras prominentes de cada grupo empiezan a prometer, criticar, visualizar un futuro mejor. Para contener esos avances el nuevo TSE debe ser firme, contundente y uniforme en cuanto a las sanciones. Debe dejar en claro qué se entiende por campaña anticipada. Solidez y congruencia. ¿A cuántos candidatos o partidos se les va a negar la inscripción? Carlos Pineda, Hugo Peña, Madrazo, Roberto Arzú, Neto Bran, Pérez, entre muchos otros que ya aparecen en las redes. ¿En base a qué criterios se negarán los registros? 

Es claro que la tecnología ha venido a revolucionar todos los procesos incluyendo las votaciones. La inabarcable tecnología producirá mayores cambios con las redes sociales. Cada vez aparecen más plataformas con funciones ampliadas que habrán de incidir en los comicios. Cierto, desde hace 12 años ya había celulares, pero las aplicaciones eran limitadas. Hace 8 años aparecieron nuevas funciones. Lo mismo hace 4 años. Pero desde el 2023 el auge de las nuevas aplicaciones es incontenible (por no mencionar la IA). La información se expandió de manera incontenible. Los monopolios publicitarios han pasado a segundo plano. Cualquier vecino recibe, y retransmite contenido; también lo produce y lo sube. Mucho contenido es manipulado o abiertamente falso, pero otros son verdaderos. En todo caso, el usuario tiene el poder en la mano, si tiene duda respecto de alguna información solamente teclea lo pertinente para confirmar o rechazar los datos. Una comunidad informada, o desinformada que ya no es tan manejable. El ciudadano de a pie elabora sus propios criterios. 

Hay mucho de qué hablar sobre los “robos de salida” que ya intentan muchos pretendientes a cargos públicos. Se aprecian a todo nivel, desde la Presidencia, el Congreso y las alcaldías. Entre las alcaldías quiero hoy referirme a la de la ciudad capital. El alcalde está sacando contenido en redes con evidente mensaje electoral. Quiere una reelección. Pero tiene una cuesta muy empinada para convencer a la población que está harta del asfixiante tránsito y lanza sus miradas enojadas en una misma dirección: hacia La Loba. Una administración que ha estado en control por más de 35 años no puede alegar “desconocimiento” de la catástrofe vehicular que se avecinaba. Para eso han tenido expertos “urbanistas”, de universidades de Italia y Estados Unidos cuya función era esa, precisamente, proyectar las condiciones futuras conforme las líneas del crecimiento poblacional. Esa es su especialidad y, previendo el caos, debían tomar las medidas pertinentes: túneles, circunvalaciones, expropiaciones por interés público, promoción de ciudades periféricas, etc. ¡Pero no! Que siga la fiesta. ¿De cuántos pisos quiere su edificio? ¿Y cuántos sótanos? ¿Estudio de suelos? Y el centro comercial ¿de cuántos locales? Por cierto, la autorización municipal incorpora los valores catastrales y sobre ellos el IVA a pagar (de eso hablaremos en otro espacio).

Pero “aún hay más”. El alcalde tiene contratados unos activistas que realizan denodados esfuerzos para llamar al voto. Sí, pero el voto en contra del alcalde. Con su prepotencia, abusivez y criterios arbitrarios, están colocando cepos a trocha y mocha. ¿Será que tendrán cuota? Muchos policías se regodean en colocar cepo a cualquier carrito supuestamente parqueado en “área verde”. Les causa interno regocijo ver el enojo del piloto. Claro, carrito tipo pichirilo, no le van a poner a una “nave”. Entiendo la necesidad de cepo cuando interfiera en la vía pública o que abiertamente esté parqueado en lugar prohibido. El vecino se da cuenta cuándo el cepo “era de ley” (que también hay mucho conductor abusivo), y cuando es pura ganas de “fregar”. 

Luis Fernandez Molina

luisfer@ufm.edu

Estudios Arquitectura, Universidad de San Carlos. 1971 a 1973. Egresado Universidad Francisco Marroquín, como Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales (1979). Estudios de Maestría de Derecho Constitucional, Universidad Francisco Marroquín. Bufete Profesional Particular 1980 a la fecha. Magistrado Corte Suprema de Justicia 2004 a 2009, presidente de la Cámara de Amparos. Autor de Manual del Pequeño Contribuyente (1994), y Guía Legal del Empresario (2012) y, entre otros. Columnista del Diario La Hora, de 2001 a la fecha.

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