“Los hombres son impotentes para asegurar el futuro; sólo las instituciones fijan el destino de las naciones”. Napoleon Bonaparte.
Los institucionalistas, que somos muchos aunque a veces no parezca, vivimos bajo la idea de que, la institucionalidad está sobre las personas que forman parte de todas y cada una de las instituciones públicas o privadas, por lo que, quienes dirigen temporalmente las entidades públicas hoy pueden estar y mañana no, pero las instituciones perduraran a través del tiempo, como referente tenemos a la Universidad de San Carlos, que ha sufrido con la misma población los vaivenes de los momentos vividos por la sociedad, pero se ha mantenido y se mantendrá más allá de las personas que han sido parte temporal de la existencia de la misma USAC.
Leído en algún lugar de las redes sociales encontré esta interesante reflexión, que dice textualmente: “Que gruesa Guate; todo se maneja con fichas, de parapeto está la institucionalidad”, lo cual es reflejo de la sociedad actual, más si asociamos la noticia sobre los 325,000 que dijeron entregarle a un juez, lo que puede ser cierto o mentira, esperamos que se aclare lo más pronto posible por el saneamiento de la debilitada institucionalidad, como observamos bajo el respeto a la misma se ha cometido cualquier tipo de aberraciones dañando por mucho tiempo los pocos avances que se han ganado en la mal llamada “era democrática” que de democrática ha tenido muy poco, tomando como ejemplo la misma Corte de Constitucionalidad que a partir de 2015, ha virado hacia un sinsentido institucional.
Desde el momento, en el que las autoridades dieron un viraje a favor de las instituciones en contra de los ciudadanos, mal andamos, recordando que el constituyente dejó plasmado que el objeto de la ley de Amparo es “desarrollar las garantías y defensas del orden constitucional y de los derechos inherentes a la persona”, por lo que el centro siempre debe ser la persona, que deberá ser defendida de los vaivenes de quienes detentan el poder por medio de las mismas instituciones, lo que no ha sido así, desafortunadamente esta situación se agravó en el quinquenio recién pasado en el que la institucionalidad tocó fondo lo peor aún, no ha iniciado el retorno.
Un ejemplo evidente lo vivimos en materia tributaria, que cuenta con una ley general, identificada como Código Tributario que en su artículo 4 establece que “La aplicación, interpretación e integración de las normas tributarias, se hará conforme a los principios establecidos en la Constitución Política de la República de Guatemala, los contenidos en este Código, en las leyes tributarias específicas y en la Ley del Organismo Judicial”. Como podemos observar no menciona ni de casualidad la “Doctrina Legal” emanada de la Corte porque debido a lo especial y literal que es el campo tributario no pueden modificarse las normas tributarias por medio de los fallos de la CC, salvo en algún momento si fuera a favor del contribuyente, ha existido sin embargo un desplazamiento sustituyendo a la norma por el fallo constitucional, modificando sujetos pasivos, así como plazos y procesos por medio de la doctrina emanada de la Corte, lo que no es otra cosa que una burla a nuestro sistema legal, el que nunca debió ser ninguneado por criterios de las autoridades de turno, que serán siempre de turno.
En Guatemala, se ha dado por ponerle apellidos a las instituciones, por ejemplo, el MP de x persona, o la CC de y persona, para identificar un periodo institucional, lo que aunque coloquialmente separa épocas específicas de estas dentro del mismo aparato estatal, debilita a la institución, en general nos hemos podido dar cuenta que más nombran pasajes negativos que positivos, sin embargo sería más benigno para con la institucionalidad no agregar nombres que identifican periodos oscuros, hay que separar la institución del funcionario que está de paso.
Las actitudes de algunos funcionarios han devaluado la institucionalidad y no hay en el país ninguna que no haya sido golpeada en muchas ocasiones porque las designaciones han sido legales, pero no siempre legítimas.
En los últimos años, ha crecido la sensación de amaños en las diferentes decisiones con relación a varias designaciones, lo que ha creado desafección hacia la institucionalidad.







