Factor Méndez

fmendez21@gmail.com

Defensor Derechos Humanos. Catedrático. Periodista/Escritor. Estudió Derecho, Derechos Humanos y Trabajo Social en Guatemala, Honduras y Costa Rica. Catedrático San Carlos y Rafael Landívar. Fundador Centro de Investigación, Estudios y Promoción de Derechos Humanos CIEPRODH. Autor de ensayos y artículos sobre temas sociales, políticos, memoria histórica y Derechos Humanos.

post author

El 10 de diciembre la humanidad global conmemora la proclamación del 75 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas según resolución 217 A (III). Esta fecha inaugura el reconocimiento integral y la internacionalización de los derechos humanos en todo el planeta. 

En 1215 se aprobó en Inglaterra la Carta Magna y por primera vez nacen a la vida jurídica los derechos humanos de primera generación, es decir los civiles y políticos, pero su aplicación era positiva solo para los habitantes de esa Nación. En el siglo XVIII surgen los derechos económicos, sociales y culturales y los principios de libertad, igualdad y fraternidad no pasan de ser simple retórica. Hasta 1948 los derechos humanos ganan pleno reconocimiento universal.

75 años después de ese magno acontecimiento que debiera celebrarse con júbilo y felicidad sucede lo contrario, pues en muchas naciones subdesarrolladas sus habitantes no gozan de esos derechos; existen altos niveles de pobreza, analfabetismo, insalubridad, enfermedades, desempleo, explotación laboral, esclavitud moderna, trata de personas, escasez de agua potable, inseguridad alimentaria, desnutrición infantil, restricciones a libertades fundamentales, intolerancia, abuso de poder. No hay progreso en la observancia, respeto y vigencia de derechos humanos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.

Guatemala es un claro ejemplo del irrespeto a derechos humanos. Los gobernantes se distinguen por su deriva autoritaria y en la actual crisis política social por la que atraviesa el país, intentan desconocer la voluntad popular, instrumentalizan la justicia y debilitan el Estado de derecho. Persisten ataques a las libertades de pensamiento, expresión y prensa, se persigue y criminaliza a periodistas y comunicadores, hay una veintena de colegas exiliados, otros amenazados y el periodista José Rubén Zamora privado de libertad. 

La desnutrición crónica infantil crece, este año murieron por ese flagelo 51 menores. La pobreza, injusticia y desigualdad aumentan. Continúa el despojo violento del territorio a pueblos originarios y se mantiene la resistencia no violenta, que rechaza la corrupción e impunidad existentes.

Nuestro planeta está sumergido en una crisis global sin precedentes, ocasionada por el cambio climático. Poderosos desastres naturales provocan desolación, muerte, hambrunas, desesperanza, desplazamientos humanos, angustias y dolor. A los desastres de la naturaleza se suman los conflictos armados nacionales e internacionales que predominan y agrandan el costo social y material de los pueblos, en especial la pérdida de vidas humanas que colman de luto y zozobra a millones de seres humanos y sus familias. 

Nos perturban los horrores de las guerras entre Rusia y Ucrania, las masacres de Israel contra el pueblo Palestino, la emigración forzada de miles de seres humanos desplazados por falta de oportunidades, por amenazas estructurales, por injusticias de las elites económicas o la intolerancia de gobernantes autoritarios y antidemocráticos. 

Este contexto mundial preocupa y obliga a recapacitar sobre el deber de humanidad para que prevalezcan la armonía, el amor a los semejantes, el respeto a la dignidad de todas las personas, la paz y fraternidad entre los seres humanos, sobre todo, porque hace tiempo sobresalen el odio, intolerancia, injusticia, desigualdad, discriminación, racismo, estigmas, estereotipos, prejuicios, exclusión y todo tipo de violencias estructurales. 

La sobrevivencia de la humanidad está en grave riesgo. Los países ricos y los dirigentes tomadores de decisión están obligados a enderezar el rumbo. Tienen el deber de eliminar el uso de combustibles fósiles, detener guerras y enfrentamientos armados, exterminar armas nucleares, promover con fuerza categórica la armonía entre naciones y propugnar la paz mundial.

 

Artículo anteriorAZOMBRA …el abandono homeostático de la Universidad
Artículo siguienteHay que despertar a la clase media