Flaminio Bonilla Valdizón
flamabonilla@gmail.com

Seguimos.  Pensé y batallé lo que se me antojo pensar o idealizar, y despreocupado, pero siempre juicioso y ponderado, lancé mí convicción e ideología, y si replicas por ello tuve, también supe argumentar y ardoroso rebatir, como ha sido mi inspiración y este estilo de vida, en ningún lugar ni tiempo fui un intolerante ni jactancioso fanático, y no pretendí en ninguna estancia, ideas ni dogmas imponer. Y definitivamente decidí, es mi pretensión y decisión, jamás cerrar las puertas al recuerdo y pasajes de vida arrinconar.  Ya que, aunque no persigas los recuerdos, ellos se aparecen con frecuencia.  Más no le temo a los mismos porque la mayoría, creo me hacen recapacitar, ir en búsqueda de la excelencia en mis emprendimientos, sobre todo en la literatura; leer estudiar cada día más y tratar de mejorar con normas deontológicas estrictamente severas. No fui draconiano ni inflexible, sino tolerante y comprensivo. También tuve sueños vagos e imprudentes, cavilosos e imprecisos, más otros definidos y juiciosos, encumbrados y llenos de tranquilidad y equilibrio emocional. Yo como todo humano desde niño tuve sueños y los he seguido gozando, pero sé que nuestras ficciones y verdades, no siempre las realizamos o se quedan inconclusas. Mis sueños no fueron gotas, sino estruendosas cataratas; y mis esfuerzos y afanes fueron impregnados de una inmensa y vasta fortaleza y creencia. Y cuando experimenté llantos, los borré con una sonrisa o una gesticulación agradable y de entusiasmo. Porque no fue una soledad lagrimal y cruda que desdibujó mi existencia. Para mi esa soledad fue conjunto de estaciones, la sentí ser recio invierno, un abrasador verano, un presente otoño de mi vida y una revivida primavera. Tal vez no fui diligente, ingenioso, sobrio ni talentoso, pero disfruté de alegrías, paz, quietud   y    serenidad, en el entorno de vientecillos de brisa de frescas, flamantes   y trepidantes   cascadas.  Y como nos cantó Neruda, “.  nada contaba ni tenía   nombre, el mundo era del aire que esperaba.”

Formulé repasos de vida y de nuevo me animó que tengo amigos y amigas de todas edades, religiones, profesiones, actividades diversas y uno que otro vago o vaga, precipitados, atolondrados o trotamundos, esos simpáticos bribones disparatados que aún viven como si fueran patojos, pero a todos los aprecios y quiero por igual, todos son mis panas.  mis compinches; pero más que todo son amigos de sueños, les tengo un cariño cordial, efusivo y de apego recíproco, y con ellos es muy placentero recordar viejas vivencias, jodarrias y mofa franca, evocar esos dones que poseemos, aquellos que carecemos, pero sobre todo nos ufanamos de las cumbres conquistadas. Por ello compartir con los camaradas es algo muy confortable, revivir los años juveniles, estimulantes, vitales, motivadores y energizantes, para tener además de aumentar la habilidad mental y como antes ya nos deshabitaron y hace tiempo nos dejaron.   Evoqué con suma nostalgia, a todos quienes ya nos abandonaron y nos privaron de su presencia, más hoy navegan vigilantes en nebulosas del cielo, donde tocan las estrellas y les alumbra la vida el candil de nuestra luna.  Tenemos etapas duras, inciertas muy imprecisas, oscuras y toscas, que nos invaden pronta y repentinamente; esas son las que marcan las veredas del temor y del recelo y a veces nos penetran tanto y nos causan hecatombes.  Pero cuando esto ocurre retroceder es de hombres.  Jamás debemos permitir vivir sólo de recuerdos, evocando   viejos   lirios, rosas de recordación pasajera, renegar vicisitudes, violetas que emancipamos, frivolidades muy cursis o poemitas insulsos. Por ello en mi madurez ya avanzada, y con un existir vivido en forma un tanto exabrupto, grosera y exagerada; y en ocasiones conculcantes, transgresoras, vulnerables, con prácticas   abusivas.  Pero esto   escudriño en   mi   testimonio, en   mi recorrer de rutas e historia, en aquellos eventos que son luz    de mi memoria, para tratar que mi   devenir   futuro, no    escarnece   y menosprecie, que sea    como el retorno   del   ave    que luego de   golpearse   un ala, logra remontar   de nuevo.  .    con gran   libertad   su    vuelo.

Continuará.

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