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La producción científica guatemalteca ha crecido lentamente desde inicios de los 2000, pero desde niveles tan bajos que seguimos ocupando posiciones marginales a nivel mundial y regional (alrededor del puesto 123 en la región latinoamericana). La mayoría de esa producción sale de la Usac y unas pocas instituciones. Sin embargo, en lugar de consolidarse como motor nacional de investigación, la universidad pública ha entrado en un proceso de decadencia preocupante.

En América Latina los mayores índices de innovación los tiene Chile, Brasil y México, países que invierten en ciencia, tecnología e innovación. Guatemala aparece en la parte baja con el número 123. En este rubro Suiza invierte 100 veces lo que Guatemala invierte y así los países en desarrollo invierten muchísimo más.

La Universidad de San Carlos poco a poco viene produciendo menos y menos ciencia y tecnología. De hecho, las crisis institucionales recurrentes –incluyendo cuestionamientos a procesos electorales, inestabilidad en la rectoría, tomas de instalaciones y priorización de luchas políticas internas sobre la agenda académica– han erosionado la capacidad de investigación. La falta crónica de inversión presupuestaria, el deterioro de infraestructura, el abuso de la modalidad virtual sin calidad y la debilidad en la formación de nuevos investigadores han convertido lo que debería ser un centro de excelencia en un reflejo más de los problemas nacionales.

Recientemente el embajador de Alemania en Guatemala, Hardy Boeckle, calificó la elección y reelección de Walter Mazariegos como rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) como “un problema real” y una “elección fraudulenta”, señalando que esta situación ha afectado directamente la cooperación académica entre ambos países. Como medida concreta a la usurpación de Mazariegos, Alemania relocalizó la oficina del DAAD de la Usac a una universidad privada. Boeckle lamentó el impacto negativo en los estudiantes de la Usac –quienes pierden oportunidades de becas e intercambios–, pero enfatizó que resulta “muy difícil” trabajar con la actual administración.

A pesar de que la Usac tiene investigadores que han producido investigación científica de alta calidad, las condiciones actuales afectan negativamente la producción científica. En mi propia experiencia en el Centro Universitario de Occidente (Cunoc), hemos generado conocimiento relevante, por ejemplo: modelos hidrogeológicos tras la tormenta Stan, diagnósticos de gobernabilidad del agua en la cuenca del Samalá y propuestas multidisciplinarias para problemas reales de las comunidades y de la sociedad quetzalteca, así como programas de posgrados de investigación científica. Pero estos proyectos de a poco irán sufriendo las consecuencias de una universidad cooptada por la corrupción.

Sí los investigadores siguen el ejemplo del silencio de los profesores, el camino es la aniquilación de la poca investigación científica y tecnológica existente y futura. El problema es que, así como la docencia y su aprendizaje, la investigación requiere largos periodos de formación. Formar al equipo de investigación en agua actual de ingeniería Cunoc-Usac requirió casi 20 años, desde su graduación a licenciatura, cursos de formación de investigadores, estancia en alguna de las universidades con las que hemos tenido proyectos, realización de maestrías, doctorado y post doctorados. En la medida en que la Usac siga cooptada, sus relaciones internacionales decaerán y finalmente sus investigadores emigrarán en el mejor de los casos. El otro escenario es que sus investigadores simplemente parasitarán haciéndole compañía al destazador de universidades Walter Mazariegos o al corrupto que lo sustituya. Ese es el precio del silencio cómplice y del miedo a liberar la Usac. 

Como argumenté en trabajos anteriores, el aprendizaje de la ciencia y la tecnología requiere tanta atención como su realización. Hoy, en 2026, seguimos sin una agenda nacional clara de investigación, sin incentivos fiscales reales para que el sector privado invierta en I+D y sin una universidad pública que lidere con autoridad moral e intelectual. El PLANDECYT 2026-2032 que se discute con apoyo de CEPAL es una oportunidad, pero sin un compromiso presupuestario real (al menos acercarnos al 0.5% del PIB) y sin reformas profundas en gobernanza universitaria, corre el riesgo de convertirse en otro documento bienintencionado, pero inútil como nuestros gobernantes del Ejecutivo.

La decadencia de la Usac no es solo un problema interno: es un lastre para el desarrollo del país entero. Una universidad pública debilitada significa profesionales menos preparados, menos innovación para resolver problemas como el acceso al agua potable, la seguridad alimentaria o la adaptación al cambio climático, y una élite técnica que emigra. Todo eso produce la usurpación a la rectoría del destazador de universidades Walter Mazariegos y sus 40 ladrones del pseudo Consejo Superior Universitario. 

Regresando al artículo de Alfonso Mata de La Hora de la semana pasada, hay que reconocer que él tiene razón: no invertir en investigación tiene un costo económico, social y humano brutal. Pero ese costo se multiplica cuando la principal casa de estudios superiores del Estado también decae y es capturada por ladrones, corruptos, usurpadores y destazadores de universidades que de ciencia no saben nada y de innovación tecnológica saben menos, de honradez no digamos. 

Es hora de que gobierno, universidad, sector privado y sociedad civil reconozcan que la ciencia y la tecnología no son un lujo, sino una necesidad urgente. Necesitamos:

  • Aumentar drásticamente la inversión en I+D.
  • Recuperar la gobernabilidad y el enfoque académico en la Usac.
  • Reconstruir al Consejo de Universidades Privadas, CEPS, para que no sea solamente un grupo de rectores corruptos que se reúnen para beneficio personal, sino un sistema de gobierno universitario para priorizar la investigación científica y tecnológica. 
  • Desarrollar programas intensivos de formación de investigadores científicos no esas maestrías y doctorados patito que de ciencia no tienen nada sino más bien son parte del problema de fingir que hacen investigación cuando sus resultados no se publican en ningún medio creíble de la comunidad científica internacional. Esa farsa debe terminar Hay que priorizar los pocos programas de maestría y doctorado reales que tiene el país. 
  • Crear incentivos reales para que los profesores de las universidades, especialmente San Carlos, hagan investigación científica guatemalteca, así como incentivos para que las empresas inviertan en investigación y contraten científicos.
  • Priorizar el aprendizaje situado de la ciencia en todos los niveles educativos.

De lo contrario, seguiremos condenados a ser consumidores eternos de conocimiento ajeno, pagando el alto costo de nuestra propia ceguera.

Guatemala merece algo mejor, no estos pseudo líderes del Ejecutivo, un presidente marioneta, temeroso y cobarde y una vicepresidenta que confunde sus funciones como líder nacional y que al final no desarrolla a la ciencia y tecnología y que terminan entregando a la Universidad de San Carlos en manos del corrupto usurpador a la rectoría. ¡Vaya destino el nuestro! Eso es, si no escogemos corruptos, escogemos incompetentes.  

A la fecha ni el presupuesto de inversión en Ciencia y Tecnología se ha logrado aumentar. Pero aún peor, si la principal fuente de investigación está cooptada y cerrada, si los investigadores ni siquiera pueden ingresar a sus laboratorios y si los alumnos son sometidos a clases virtuales de malísima calidad, lo que están haciendo es matar las pocas posibilidades de hacer investigación científica y tecnológica en Guatemala. Por eso hay que recuperar a la Usac.

La investigación no es un gasto: es la inversión más rentable en nuestro futuro. La captura de la Usac también es la captura y la destrucción de la poca investigación científica y tecnológica que se hace en Guatemala. Por eso y por mucho más, el silencio y el miedo no son opciones. Salvemos a la Usac.

Véase: Cajas, F. (2008). Los retos de las políticas de ciencia y tecnología. Revista Cubana de Educación Superior. Número 1, pp 145-156. 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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