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Reitero, las pasadas autoridades del Ministerio de Educación, de los últimos treinta años, por ignorancia, servilismo o por no decir malinchismo, creyeron a ojos cerrados en el canto de sirenas que los supuestos asesores latinoamericanos en materia educativa les presentaron nuevos sistemas educativos como el non plus ultra para elevar el nivel cultural de la población estudiantil guatemalteca.

La educación pública ya no es un referente que califique los méritos de una persona, porque ya no hay calidad en su formación debido a la deficiente formación del sector docente que, supuestamente, educa a los estudiantes. ¿Cómo puedo enseñar lo que no sé? Lamentablemente eso es una gran verdad que es real en el proceso de enseñanza-aprendizaje, especialmente en la educación primaria y secundaria.

La integralidad humana del proceso educativo la suprimieron quienes con títulos de doctorados y licenciaturas en disciplinas que nada tienen que ver con la formación educativa (médicos, ingenieros, abogados, administradores de empresas y otras) nunca supieron lo que es formar personas en su pleno desarrollo físico e intelectual y se dedicaron a realizar negocios de construcción de edificios, compra de equipo de cómputo, aumentaron la burocracia y pagaron favores políticos autorizando por montón centros educativos de garaje y jamás fueron capaces de conocer y comprender la educación integral y mucho menos la educación técnica.

La supresión de las Escuelas Normales resultó un fracaso rotundo al imponer sistemas educativos de otros países, pretendiendo copiar o transformar con diferentes sistemas e idiosincrasia la cultura nacional desde sus principales bases pedagógicas, obteniendo como resultado negativo no contar con maestros formados en diferentes disciplinas humanas como las artes industriales, artes plásticas y educación musical incluyendo el magisterio de la educación primaria.

Las justificaciones y argumentaciones pueriles con que los exfuncionarios pretenden justificar la estúpida decisión de haber suprimido las escuelas normales, tienen valor sólo para ellos porque quien salió perdiendo fue la sociedad guatemalteca; y hasta podría pensarse que el invento del Bachillerato en Educación fue una estrategia por parte del sector económicamente dominante, quien ordenó al Ministerio de Educación esa aberración para seguir con su criterio que, mientras más analfabetos haya en el país, más mano de obra barata obtienen para el sector agrícola, comercial, industrial y financiero. 

Pedagógicamente, la falta específica de dichas materias ha repercutido en que los alumnos graduados de educación media desconocen los contenidos básicos de la música, las artes plásticas, entre ellos la pintura, dibujo, escultura, las que se caracterizan por la manipulación de materiales para crear formas y expresiones visuales. Las artes desarrollan inteligencia, entonces ¿por qué no darle a la población estudiantil esa posibilidad de desarrollar sus aptitudes?

En las artes industriales, como proceso inicial de la educación técnica es notorio el desconocimiento de los sistemas métricos decimal e inglés, sistemas de peso, longitud y otros conocimientos que les han sido vedados a la población estudiantil y que repercuten en su desarrollo integral en la sociedad. 

Esperamos que los científicos educativos que están preparando las reformas al Currículum Nacional Base sean personas guatemaltecas que por lo menos sean maestros y verdaderamente conozcan la realidad social guatemalteca para obtener resultados positivos acordes a las necesidades de la población y “se lo digo a Juan para que lo sepa Pedro”, Oj Alá que lo entienda.

Fernando Mollinedo

mocajofer@gmail.com

Guatemalteco, Maestro de educación primaria, Profesor de segunda enseñanza, Periodista miembro de la Asociación de Periodistas de Guatemala, realizó estudios de leyes en la Universidad de San Carlos de Guatemala y de Historia en la Universidad Francisco Marroquín; columnista de Diario La Hora durante 26 años, aborda en sus temas aspectos históricos, educativos y de seguridad ciudadana. Su trabajo se distingue por manejar la palabra sencilla y coloquial, dando al lector la oportunidad de comprender de modo sencillo el universo que nos rodea. Analiza los difíciles problemas del país, con un criterio otorgado por su larga trayectoria.

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