Fernando Mollinedo

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Guatemalteco, Maestro de educación primaria, Profesor de segunda enseñanza, Periodista miembro de la Asociación de Periodistas de Guatemala, realizó estudios de leyes en la Universidad de San Carlos de Guatemala y de Historia en la Universidad Francisco Marroquín; columnista de Diario La Hora durante 26 años, aborda en sus temas aspectos históricos, educativos y de seguridad ciudadana. Su trabajo se distingue por manejar la palabra sencilla y coloquial, dando al lector la oportunidad de comprender de modo sencillo el universo que nos rodea. Analiza los difíciles problemas del país, con un criterio otorgado por su larga trayectoria.

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Fernando Mollinedo C.

Desde hace 498 años, consta en las recopilaciones históricas y gubernamentales la desigual distribución de la riqueza, lo cual generó una aguda concentración de privilegios hasta la actualidad, situación que formó tanta pobreza.  Sin olvidar algunos avances que se dieron en el trayecto histórico (como lo efectuado por fray Bartolomé de las Casas) la desigualdad es una materia pendiente si se compara con los indicadores de otros países en esta región.

La Historia de Guatemala nos muestra algunos aspectos que condicionan la persistencia de la desigualdad y el escaso crecimiento de desarrollo humano: 1) la concentración del poder, 2) las políticas disfuncionales de protección social y 3) la delincuencia manifestada en todas sus expresiones: desde la delincuencia común hasta la gubernamental.

En el acontecer de nuestra vida política no ha existido un debate social que tomara en cuenta los factores antes descritos, pues en el contexto particular en que hemos vivido los guatemaltecos, al modelo al que hemos estado sometidos: de convivencia y semi esclavitud pintada de democracia.  Últimamente, la ignorancia de las personas que por una u otra razón han ejercido la presidencia de los tres organismos del Estado, lo han hecho en forma tiránica, militarista, despótica, abusiva e irrespetuosa de los conceptos vertidos en las diferentes CARTAS MAGNAS o CONSTITUCIONES en relación a los derechos humanos de la población.

El daño producido a través de los años por la relación del poder político y los poderes fácticos provocó en diferentes etapas de nuestra Historia que la capacidad de decisión sobre políticas económicas y sociales (la concentración del poder en pocas personas) haya privilegiado los intereses individuales y de grupo sobre el interés común, por lo que derivaron en corrupción, clientelismo, irrespeto a la ley, inmensas evasiones fiscales y monopolios ilegítimos.

Sin ser agorero, y por las circunstancias sociopolíticas que actualmente vivimos en Guatemala, creo que será imposible construir las condiciones para que el ejercicio del poder no se circunscriba a un pequeño grupo de personas porque no ha existido la transparencia, ni la rendición de cuentas; esto último, sigue permitiendo el abuso de la discrecionalidad encaminada a la comisión de delitos sin persecución judicial.

Por lo anterior, la mayoría de la sociedad guatemalteca es víctima de las actividades impulsadas por el crimen organizado instaurándose el asesinato, narcotráfico, extorsión y robo como la expresión más lamentable de una circunstancia que deriva en la pérdida de vidas humanas que rompen las estructuras familiares con los efectos negativos sobre las actividades económicas.

Las decisiones erróneas de los gobernantes han demostrado a través de los años su ineficiencia, repercutiendo en forma directa en el caso de las personas en condiciones de marginalidad como son los trabajadores informales o de más bajos ingresos, la población rural y los pueblos indígenas pues se agudizó su vulnerabilidad ante la enfermedad, desempleo y delincuencia. ¿Por cuánto tiempo seguiremos con la complacencia y normalización de la corrupción?

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