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Terminó el Mundial. Uno espera con ansias durante cuatro años para que estos treinta y nueve días que dura el máximo evento del fútbol pasen volando. Cada uno de los Mundiales, deja lecciones, no sólo a nivel deportivo, sino que también lecciones de vida, que son las más valiosas. 

En la fase de eliminación directa, en la que el que pierde se va a su casa, nos deja lecciones importantes para nuestras vidas, como el saber ganar y el saber perder.  

La final fue un claro ejemplo, donde un equipo, España, supo ganar, no sólo en el terreno de juego, sino que también cuando celebraron el triunfo. Sobrios y sin alardes.  Un ejemplo para todos, sobre todo ahora que las estridencias están tan de moda.  Y el mismo partido también fue un claro ejemplo de otro equipo, Argentina, que no supo digerir la derrota ni en el campo, ni al finalizar el encuentro.  Llegaron a patear a sus rivales desde el primer minuto de juego y literalmente se olvidaron de jugar.  No haber realizado un solo disparo a la portería rival en 117 minutos de juego, lo demuestra.  Y al finalizar el partido, varios argentinos agredieron a jugadores españoles, demostrando su total falta de control ante su frustración.  Y finalmente, optaron por dar la espalda al campeón cuando le entregaron la copa, poniendo la excusa de que estaban agradeciendo a su público.  

Saber perder, felicitar al rival, como hicieron la mayoría de los franceses al finalizar el encuentro con España, probablemente sintiendo el mismo nivel de frustración que tenían los argentinos, si no más, es también un acto loable.  A diferencia de la final, en la semifinal entre españoles y franceses, España jugó un partidazo y logró dominar a la poderosa ofensiva gala durante todo el juego. Y, aun así, al finalizar el juego, los jugadores de ambos equipos se dieron la mano con el respeto que se merecen. En la otra semifinal, tras derrotar a los ingleses y celebrarles el triunfo en su cara, como sucedió con el inglés Bellingham, varios argentinos sacaron una pancarta con la frase “las Malvinas son de Argentina”. Ni un solo jugador argentino había nacido cuando fue el conflicto en 1982.  Encima, es prohibido por FIFA, que siempre miró hacia otro lado cuando la albiceleste cometió faltas.

Otro aprendizaje que dejó este Mundial fue la ausencia de liderazgo. La actitud pusilánime del máximo dirigente de la FIFA, con su cínico “chill and relax”, nos enseña que un verdadero líder no puede dar la espalda cuando una situación no es la correcta, o simplemente desviar la atención de la misma. Sin embargo, aparentemente allí las lealtades se compran, no se ganan. 

Ojalá y aprendamos de lo bueno, también de lo malo, para sacar la mejor versión de nosotros mismos.

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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