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Este año se llevarán a cabo procesos de elección, se les conoce como de segundo piso o de segundo grado, en los que se elegirán a las autoridades del Tribunal Supremo Electoral, el Ministerio Público, la Corte de Constitucionalidad y la Contraloría General de Cuentas. Estas elecciones son de vital importancia para el país, debido a que estos entes son los llamados a garantizar la transparencia de los poderes del Estado y también sirven como importantes contrapesos en nuestro sistema. Hoy, estos poderes están siendo ocupados y liderados por personas sin moral y sin escrúpulos que se venden al mejor postor para garantizar impunidad a quienes se aprovechan del Erario para hacer piñata con nuestro dinero.

El domingo pasado en un mensaje a la nación, el presidente Bernardo Arévalo llamó a la nación a “vigilar” estos procesos de elección agregando, según sus propias palabras, que estas elecciones son “…un enorme reto para nuestra democracia, ya que quienes durante décadas han abusado del poder y se han enriquecido con la corrupción, amenazan con seguir capturando nuestras instituciones”. En el mensaje de marras también dijo que en 2023 la población le otorgó “…el mandato de cambiar la política para que vuelva a estar al servicio de nuestro pueblo”.

Este mandato claramente no lo ha cumplido, el presidente. Al contrario, lo han trasgredido, él y una gran parte de su equipo, de forma flagrante. Lo más notorio ha sido la negociación de los presupuestos 2025 y 2026, en los cuales el Ejecutivo y su bancada en el Legislativo han utilizado, de idéntica forma en que lo hicieron predecesores del presidente Arévalo, las cuantiosas asignaciones a los Codedes para comprar voluntades en el Congreso y así obtener la aprobación presupuestaria. Esta deleznable doble moral del presidente lo deslegitimiza para poder realizar un llamado como el que intentó hacer el domingo pasado. Él y su equipo han continuado con las malas prácticas de gobiernos anteriores, las cuales estaban obligados a detener con contundencia y no lo han hecho.

Por supuesto que la bisoñez de Arévalo, de su equipo y principalmente de sus asesores legales y políticos, les han pasado una enorme factura con sonoros reveses debido a la ausencia total de habilidad para cumplir con los tiempos, requisitos y contenido de casi todas las propuestas de ley que han hecho, incluido el proyecto de ley del presupuesto 2026.

El presidente Arévalo, en su mensaje a la nación, rehúye por completo sus obligaciones como gobernante, lavándose las manos e intentando “delegar” en la ciudadanía la responsabilidad de “vigilar” las decisivas elecciones que se llevarán a cabo este año. Vergüenza le debería dar al mandatario su actitud y sobre todo la incoherencia entre su discurso y sus actos.

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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