Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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Emilio Matta Saravia
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A mitad del año, las remesas suman ya 8,711 millones de dólares, un 25.1% de incremento sobre el mismo periodo del año pasado.  Con toda seguridad este año superarán los 17 mil millones de dólares y también aportarán más del 20% al Producto Interno Bruto de Guatemala.  Asombroso.

No cabe duda que los maravillosos números que presentan el presidente Giammattei, sus ministros de Finanzas y de Economía y el presidente del Banco de Guatemala, están altamente influenciados por las remesas, a pesar del contumaz argumento del mandatario de negar esta realidad.  El crecimiento económico y la estabilidad macroeconómica del país dependen en gran medida del enorme flujo de remesas que ingresa diariamente, el cual empuja el consumo y dinamiza la inversión.  Este año el crecimiento de las remesas tendrá un impacto de entre 60% y 75% sobre el crecimiento del PIB nacional; y no me cabe la menor duda de que, en el próximo año electoral, el presidente y su equipo intentarán capitalizar un logro que claramente no les pertenece.

La inflación acumulada, según las dudosas cifras oficiales, alcanza el 5.7%.  Y pongo en duda la cifra porque las entidades encargadas de publicarlas han dado sobradas muestras de manipular la información para complacer los veleidosos caprichos del gobernante.  Más vale un dato “arreglado” que una jaboneada del señor presidente (así como las describía el Premio Nobel Miguel Ángel Asturias en su célebre novela).  El incremento en los precios de los productos que consumimos ha sido constante durante lo que va del año, y no ha sido de “tan sólo” el 5%, como lo quieren hacer ver los serviles funcionarios que publican semejante disparate.  Obviamente temas como el subsidio a la gasolina y el diésel se consideraron como “reducciones” en los precios reflejados en el IPC (Índice de Precios al Consumidor) para mostrar una inflación menor a la real.  El efecto en la cadena productiva y logística que tienen los incrementos de precios en los granos básicos, los combustibles y en los fertilizantes, aún no se ha visto en su totalidad.

También hay que notar que, en un deleznable acto, del 5 al 12 de julio el Banguat salió a comprar 100 millones de dólares al mercado cambiario para frenar la apreciación del quetzal frente al dólar.  Con acciones de este tipo las autoridades monetarias del país demuestran la falta de interés que tienen para frenar el alza de precios de productos que impactan los bolsillos de los guatemaltecos.  En el mes de junio, cuando el quetzal sí se devaluaba por el pago de la elevada factura petrolera nacional, las mismas autoridades no vendieron un solo centavo fuera del monto permitido por la regla de participación, posibilitando una devaluación del 0.1% en menos de un mes.  Es decir, una apreciación de este nivel no es aceptable.  Juzgue usted, estimado lector, si existe interés o no en disminuir los precios.

Se habla de una estanflación, término económico utilizado para darle nombre a dos fenómenos que se juntan en un determinado período de tiempo: estancamiento económico e inflación.  A pesar de vivir en un orbe tan interconectado, considero que en Guatemala no va a ser tan severo el efecto de la estanflación, debido a que Estados Unidos continuará demandando mano de obra barata para realizar los trabajos que nadie quiere hacer en el país del norte, oportunidad que continuarán aprovechando nuestros connacionales radicados en los Estados Unidos.

El mayor riesgo, sin embargo, no es económico.  Es político.  Nuestro mayor riesgo es que repita este presidente, quien no dudará en jugar a ser el Señor Presidente de la famosa obra del Nobel guatemalteco.

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