Eduardo Blandón

ejblandon@gmail.com

Fecha de nacimiento: 21 de mayo 1968. Profesor de Filosofía, amante de la literatura, fanático de la tecnología y enamorado del periodismo. Sueño con un país en el que la convivencia sea posible y el desarrollo una realidad que favorezca la felicidad de todos. Tengo la convicción de que este país es hermoso y que los que vivimos en él, con todo, somos afortunados.

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Los medios de comunicación tradicionales están en crisis. Ya lo sabíamos, pero por si acaso nos lo ha recordado The New York Times esta semana en un artículo titulado «Cierres y despidos masivos: el futuro cada vez más sombrío del negocio periodístico». El texto, al tiempo que plantea las dificultades, expresa la transformación del periodismo en pleno apogeo del mundo digital.

Los síntomas son variados, despidos, cierres, sobrevivencia y un no saber reinventarse en una sociedad del todo cambiante y cambiada. Los inversionistas, asfixiados, han reaccionado como empresarios, reduciendo la nómina. Los casos más paradigmáticos son Los Angeles Times, The Washington Post y Sports Illustrated

Los números no mienten, el periódico reporta que la Escuela Medill de la Universidad Northwestern registra un promedio de cinco periódicos locales cerrando cada dos semanas. Y que de 1,100 estaciones de radio públicas y afiliadas, solo aproximadamente una de cada cinco produce periodismo local. 

La situación en Guatemala no es diferente. También languidecen las oficinas de redacción y desaparecen las empresas de comunicación. Eso hace que el tiraje, por ejemplo, de Prensa Libre, uno de los pocos medios en papel que sobreviven, haya disminuido y que las suscripciones bajen cada año. La inversión en temas de acceso a la información ha disminuido considerablemente.

Así lo revela un estudio en España titulado «Composición y predictores sociodemográficos de noticias» cuando afirma:

«Dado que los jóvenes adultos son usuarios más intensivos de Internet, los efectos de su preferencia por los medios digitales son más fuertes para ellos que para otras personas más mayores (Bachmann et al, 2010). Entre los jóvenes, es más patente la emergencia de las redes sociales como un medio informativo y el declive de los medios tradicionales, sobre todo los periódicos. La atracción del contenido gratuito también es mayor»1

El problema, más allá del cambio de modelo que sufren las empresas, consiste en las fuentes donde se recoge la información. Las redes sociales son espacios poco confiables por ser el lugar preferido para la manipulación y consecuentemente las fake news. Abandonarse complacientemente a esos recursos constituyen una amenaza tanto para la gestión personal como para la convivencia en un sistema democrático.

Las fake news han sido estudiadas particularmente en el contexto de la campaña brexit, que condujo a la separación de Reino Unido de la Unión Europea, las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el 2016 y la reciente pandemia provocada por el brote de Covid-19. En las investigaciones ha quedado manifiesto el poder de la manipulación entre la población que accede a través de las redes sociales.

¿Futuro sombrío? Sin lugar a duda. Pero no solo para las empresas, sino para los lectores expuestos a la falsedad y el control social. Frente a ello, queda quizá aguzar los sentidos, despertar, pero también invertir en educación y en medios noticiosos a cambio de recibir información más objetiva y apegada a la realidad.

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