Fernando Aguilar
Las imprudencias viales hoy en día, son un matiz dentro de un mundo ajetreado, cual salud mental se encuentra en crisis después de una pandemia, guerras sin sentido, aumentos en el costo de la vida, paros, un país en calamidad, etc. Pero vale la pena tomarle importancia a cosas pequeñas que no tienen ningún valor relevante en nuestras vidas, es una pregunta que me hice hace un par de años, de hecho hoy en día puedo decir que yo era intolerante ante la sociedad que me rodeaba, ante el caos de la sociedad, en mi ignorancia me unía a ese caos, queriendo dejar antecedentes cuando en un establecimiento me atendían mal, cuando una motocicleta se me atravesaba sin pedir vía, cuando un vehículo se pasaba el semáforo; quienes no han sentido frustración ante cuestiones del caos que vivimos en el día a día, y que a muchos nos provoca instintivamente una ira que a veces es desmedida. Muchas veces la ira es instintiva y promete hacer justicia de forma inmediata, en la antigüedad muchos filósofos estoicos entendieron que muchas luchas son producto del orgullo, más no de la razón, como señalaba Séneca: “la ira es un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena, que aquello sobre lo que se vierte”. Reflexionando durante mi vida, me di cuenta que la ira nunca me llevaría a un estado de satisfacción, solo era un pretexto para parchar la burbuja de caos a mi alrededor, mas sin embargo el perder un minuto en el tráfico o perder una batalla de quien tiene la razón en un comercio que me atendía mal, me hacía perder horas que podría estar contemplando las cosas hermosas de la vida, horas que podría estar con mi familia disfrutando de esas cosas pequeñas por más insignificantes que fueran, una película de ciencia ficción llamada “Zombieland” en entorno a un mundo caótico y apocalíptico, existe la regla de sobrevivencia #32 “Disfruta de las pequeñas cosas”…. Una reflexión de cómo deberíamos de tratar de vivir el día a día, ya que algún día nuestras acciones de ira podrán tener consecuencias graves como las que pasan en el tráfico de la bella Guatemala todos los días, y nos privarán de horas valiosas que el día que dejemos este mundo, desearíamos haber tenido esas horas para disfrutarlas con nuestros seres amados.







