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El gobierno de Guatemala emitió dos comunicados con relación a lo sucedido en Venezuela.

El primero fue horas después de haberse producido la invasión norteamericana a dicho país. En él se fijó una postura seria y digna, en los siguientes términos:

“Guatemala reitera su convicción de que la paz y el respeto al derecho internacional deben prevalecer sobre cualquier forma de confrontación militar, por lo que hace un llamado a cesar cualquier acción militar unilateral.

Guatemala reafirma su compromiso irrestricto con los principios consagrados en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, en particular el respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados, la prohibición del uso o la amenaza del uso de la fuerza y la solución pacífica de las controversias.”.

Horas después se publicó un nuevo comunicado con el título de “Guatemala manifiesta su apoyo al pueblo venezolano para reconstruir su institucionalidad democrática”. En dicho comunicado, Guatemala claramente se alinea con la posición de los Estados Unidos, haciendo referencia a la supuesta ilegitimidad del gobierno de Nicolás Maduro. Asume, en buena parte, la narrativa con la cual se pretende justificar la intervención. Incluso va más lejos al ofrecerse para “contribuir a una transición inclusiva que permita restablecer la legitimidad democrática de su república, con autoridades legítimas…”.

La contradicción entre un comunicado y otro es obvia.

En el primero veo a un Bernardo Arévalo reaccionando con la dignidad que le heredó su padre. Probablemente inspirado por el libro que escribió su progenitor titulado “El tiburón y las sardinas”. En esa fábula publicada después de la invasión de la CIA a Guatemala, las “sardinas” son los pequeños países de América Central; el “tiburón”, Estados Unidos.

En el segundo comunicado veo un Presidente que reacciona como tal, pensando en la coyuntura estratégica que estamos viviendo, en la cual se está intentando rescatar la institucionalidad estatal cooptada por las redes político criminales. Lograrlo es, esencialmente, recuperar el carácter republicano y democrático del Estado guatemalteco. Y lo veo de esta manera porque la política de seguridad nacional de los Estados Unidos, recientemente publicada, con claridad señala la decisión de Donald Trump de recurrir a todos los medios posibles para garantizar los intereses geopolíticos de ese país. No me extrañaría, por lo tanto, que estuviera dispuesto a tolerar en Guatemala un gobierno cooptado por las redes político criminales con el acuerdo vergonzante de las élites empresariales, siempre y cuando fuera funcional a sus intereses geopolíticos.

Me atrevo a opinar que lo que se expresó entre el primero y el segundo comunicado fue una contradicción entre la sabiduría y dignidad de Bernardo Arévalo y el forzado pragmatismo de un Presidente que ve en jaque la democracia de su país. No veo posible otra explicación.

Personalmente, me quedo con la dignidad y no con el pragmatismo. Sin embargo, sin justificar esa incoherencia ocurrida en pocas horas, entiendo la decisión presidencial.

Así que Consummātum est.

Lo que procede ahora es, a nivel nacional, luchar por la convergencia de todos los intereses nacionales que coincidan con la recuperación de la institucionalidad cooptada por las redes político criminales para lograr avanzar hacia la democracia republicana. Y estas batallas se darán durante el primer semestre del año.

Y, a nivel internacional, a pesar del desgaste ético/político del “progresismo” guatemalteco, me parece que aún tiene una ventana de oportunidad si es que efectivamente puede jugar un rol en la superación de la crisis política que produjo en Venezuela la intervención de Trump. Y esta ventana es contribuir a que prevalezca un proceso que respete la institucionalidad existente en ese país.

El descaro imperial de Trump de pretender gobernar Venezuela debe ser mundialmente rechazado. La ONU debe actuar para que en ese país se apoye la superación de la crisis política respetando la institucionalidad nacional allí existente y que “efectivamente se garantice el compromiso irrestricto de los principios consagrados en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, en particular el respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados, la prohibición del uso o la amenaza del uso de la fuerza y la solución pacífica de las controversias.”, tal como lo dijo el gobierno guatemalteco en su primer comunicado arriba citado.

Adrian Zapata

zapata.guatemala@gmail.com

Profesor Titular de la USAC, retirado, Abogado y Notario, Maestro en Polìticas Pùblicas y Doctor en Ciencias Sociales. Consultor internacional en temas de tierras y desarrollo rural. Ha publicado libros y artículos relacionados con el desarrollo rural y con el proceso de paz. Fue militante revolucionario y miembro de organizaciones de sociedad civil que promueven la concertación nacional. Es actualmente columnista de el diario La Hora.

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