Alfonso Mata

alfmata@hotmail.com

Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.

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La humanidad entera está en crisis y hemos hecho de nuestro planeta (nuestro hogar) un caos, a tal punto que bien cabe preguntarnos, si ha empezado la epopeya de desaparición del homo sapiens, así como lo fue el del hombre de neandertal. ¡No lo sé! Lo que sí sé es que -aunque muy pocos nos hemos dado cuenta- de todos nuestros órganos, el que más se está transformando es la organización y funcionamiento del cerebro y dentro del saber y haber humano actual -casi nadie lo ve así- la gran hazaña humana que hemos emprendido, es la conquista del espacio que perdurará en la historia futura, a la par y más significativa que la de Colón.

Luego de miles de años, en las sociedades humanas actuales, persisten los mismos desafíos importantes, como el impacto que tiene en su existencia y perduración el comercio; un comercio altamente consumista, muy alejado de las necesidades humanas y basado en una nueva forma de esclavizarnos los unos a los otros, que ni siquiera logra ordenar el crecimiento demográfico, el cambio climático, el uso y protección del medio ambiente y la organización civil; verdaderos retos de subsistencia para cualquier especie.

Afortunadamente, el mundo actual tiene una puerta abierta al futuro, como lo tuvo Europa en el siglo XV-XVI y es que ha entrado -como Colón y los que le siguieron- en contacto con otros territorios, conectando a la humanidad con nuevos espacios, y todo nuevo espacio conquistado, se llena de mayores oportunidades, interés, recursos e innovación, que puede ser de gran beneficio para unos y de maleficio para otros, como fue la colonización de América. 

En estos momentos, lo que una vez empezó por una aventura de quién llegaba primero al espacio y a la luna, se va convirtiendo en algo más grande, gracias a la ciencia. Apenas en las últimas décadas, al igual que lo sucedido luego del viaje de Colón, se experimentó expansión muy grande de nuevas rutas al espacio y nuevos usos para la exploración espacial, ya no solo producto de una rivalidad ideológica, como lo fue el inicio de la era espacial, sino con fines más claros, a tal punto que se viene experimentando, un aumento de las capacidades y la utilización de plataformas científicas espaciales. Y eso empieza a dar buenos frutos: más de 3,000 experimentos durante lo que va del siglo, casi el doble de publicaciones en la última década en comparación con la primera, cientos de inventos tecnológicos. La inversión privada y pública en el espacio ha crecido de cientos de millones de dólares a más de 10 mil millones. Nada diferente a lo sucedido con la conquista de América y otros continentes.

Mas ese impulso decisivo humano de conquistar, es de fundamento aun primitivo. En lo que no evolucionó el hombre es en objetivos. La conquista del espacio se plantea de nuevo como las de hace siglos en dos campos: sus inversiones están generando nuevas formas de trasladar experimentos y personas al espacio y alimentan las ambiciones de crear estaciones espaciales comerciales, para permitir la fabricación, explotación y ganancias, al tiempo que insertó tensión de prioridades entre las oficinas de programas militares nacionales y en todo sentido, la conquista del espacio es ya una rama de expansión del militarismo y de nuevas técnicas de guerra que, con mucha probabilidad desarrollará la lucha en la tierra entre naciones, a fin de satisfacer ambiciones que pueden llevarle a destrucción total. 

El hombre pareciera de nuevo repetir su historia basándose en poder y riqueza y no en su crecimiento; pero ahora la gran pregunta es más delicada y peligrosa ¿ha empezado ya a forjar su propia destrucción?

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