Ana Rocío Aguilar Amado

araguilaramado@gmail.com

Chapina parisina, políglota, actriz de teatro, egresada en Negocios Internacionales por la Universidad Toulouse II. Aficionada en analizar el surrealismo de la realidad guatemalteca. “Un pueblo con memoria es democracia para siempre”.

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Hace poco fui al Festival de Cine Latino en París donde vi el documental guatemalteco “El silencio del topo”. Este narra la historia de Elías Barahona, un periodista que logró infiltrarse como secretario de prensa para el ministro genocida Donaldo Álvarez Ruiz (gobierno de Romeo Lucas García 1978-1982). De esta forma obtenía información de primera mano sobre los planes represivos del gobierno, la cual lograba transmitir a través de trazos de yeso y papelitos escondidos en las bancas de algunos parques, a sus compañeros del Ejército Guerrillero de los Pobres. Les advertía quién sería el próximo en la lista de los escuadrones de la muerte; ver tu nombre en la lista significaba que tenías los días contados, la única salida era huir del país. Elías Barahona se jugaba la vida a diario por salvar la de otros. De hecho, vivía con el corazón estrujado, puesto que no lograba salvar a todos. Su historia parece una película de espionaje; su nombre debería de tenerlo alguna plaza, su labor debería de ser reconocida y difundida. Pese a ello, yo no tenía idea de su existencia, es increíble que a veces uno tenga que irse al otro lado del mundo para conocer su propia historia.

En “El silencio del topo” vemos de forma magistral una Guatemala sumida en el terror de los peores años del Conflicto Armado Interno, donde criticar al gobierno, ser un líder que reclama sus derechos o incluso un simple estudiante universitario dispuesto a denunciar, era motivo suficiente para ser secuestrado, torturado y desaparecido. Las desapariciones aún duelen, basta pasearse por la zona 1 para ver los rostros de los desaparecidos en las paredes y a sus familiares pidiendo justicia; “las venas siguen abiertas” rezan algunos grafitis.

Y a pesar de ello, a pocas cuadras de distancia en pleno 2023, hubo personas que de cara al Paro Nacional Indefinido, salieron a protestar autodenominándose “anticomunistas”. Peor aún, no parecen tener un objetivo definido más allá de estar en contra de los bloqueos, ni tampoco saben explicar qué es el comunismo, por qué están en contra de este y qué tiene que ver con la coyuntura política que estamos viviendo.

Me pregunto si saben que los escuadrones de la muerte financiados por los gobiernos militares, que perpetraron crímenes de lesa humanidad, también eran “anticomunistas”. Una burla, un movimiento burdo con un discurso “anticomunista” totalmente anacrónico y fuera de contexto, ¿no será un intento del gobierno para “espantarnos con el petate del muerto”? ya que en ningún momento el comunismo aparece en el plan de trabajo del presidente electo, Dr. Bernardo Arévalo, ni tampoco dentro de las reivindicaciones de los 48 Cantones y los sectores que los apoyan. 

En cambio, lo que sí es de mucha actualidad y parece ser un escalofriante déjà vu de los tiempos de la guerra, son las medidas represivas del gobierno dispuesto a recorrer a la fuerza para disuadir las protestas pacíficas que reclaman la renuncia de Consuelo Porras y Rafael Curruchiche. En Malacatán hubo un fallecido, Gonzalo Velásquez Gómez (su familia tiene miedo a represalias por lo que no exigirán justicia); en Jutiapa la del líder y defensor de derechos humanos del pueblo xinca, Noé Gómez. Incluiría también el asesinato de Doris Aldana, líder del sindicato de bananeros en Izabal. ¿Cuántos más? ¿Por qué este incremento de asesinatos de líderes que reclaman sus derechos? Protestar por sus derechos y exigir un proceso democrático transparente no es comunismo, pero callar a los que lo hacen sí es represión. La línea que separa la Guatemala de los años 80 y la actual se hace cada vez más borrosa y difícil de distinguir. 

Ver “El silencio del topo”, leer el informe Guatemala Memoria del Silencio y el REMHI debería de ser obligatorio en todas las secundarias de Guatemala. Crear memoria histórica es uno de los principales instrumentos que tenemos para no repetir los errores del pasado y caer en discursos que abren heridas que todavía duelen. Eduardo Galeano escribió: “Está prohibido recordar. Plan de exterminio. Arrasar la hierba. Arrancar de raíz hasta la última plantita todavía viva. Regar la tierra con sal. Después matar la memoria de la hierba. Está prohibido recordar”.

«Felicidad no es hacer lo que uno quiere, es querer lo que uno hace»  J.P Sartre.

 

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