Los trabajadores agrícolas de Guatemala deben ser considerados prioridad en el plan de vacunación contra el COVID-19, debido al impacto que esta enfermedad ocasiona en su salud. Foto La Hora
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Los trabajadores agrícolas de Guatemala deben ser considerados prioridad en el plan de vacunación contra el COVID-19, debido al impacto que esta enfermedad ocasiona en su salud, la economía y la seguridad alimentaria del país y del mundo, concluyó una reciente investigación científica de un equipo de epidemiólogos de la Universidad de Colorado, Estados Unidos.

El estudio es un trabajo conjunto con la Fundación para la Salud Integral de los Guatemaltecos (Funsalud), liderado por el doctor Daniel Olson, que fue publicado en forma preliminar (pendiente de revisión por investigadores pares) por la revista medRxiv, en donde se evaluó el impacto de las enfermedades respiratorias, en cuanto a los efectos clínicos y socioeconómicos, en una cohorte de trabajadores de plantaciones bananeras de la Costa Sur en un período que abarcó del 15 de junio de 2020 al 10 de octubre de 2021.

PROCEDIMIENTO Y PRIMEROS RESULTADOS

El equipo de investigadores y enfermeros epidemiólogos guatemaltecos reclutó a 1,833 participantes, siendo trabajadores de plantaciones bananeras de la Costa Sur en el 2020, a quienes dio seguimiento durante un año vigilando el aparecimiento de síntomas respiratorios y pruebas para COVID-19 e influenza.

Los resultados mostraron que durante el reclutamiento, en el segundo semestre del 2020, el 46% de los trabajadores agrícolas mostraban que habían padecido de contagio por COVID-19, ya que tenían anticuerpos que mostraban la infección previa.

Asimismo, durante el período de vigilancia de 2020 hasta octubre de 2021, se detectaron un total de 169 infecciones respiratorias, de las cuales una de cada cuatro, equivalente a un 25% fue causada por COVID-19.

Al comparar a los trabajadores agrícolas que no tuvieron COVID-19, contra quienes resultaron positivos, se reportó una pérdida de ingresos de Q950. Foto La Hora

Al comparar a los trabajadores agrícolas que no tuvieron COVID-19, contra quienes resultaron positivos, se reportó una pérdida de ingresos de Q950 (US$127), y un costo total de la enfermedad de Q1,100 (US$148 dólares); además, ocho de cada diez trabajadores que presentaron COVID-19 durante la vigilancia, perdieron más de cinco días de trabajo.

“Se trata del primer estudio científico y epidemiológico que muestra el impacto del COVID-19 en los trabajadores agrícolas del área rural de Guatemala, y el impacto económico que ha significado para muchos de ellos y sus familias”, afirmó el doctor Edwin Asturias, uno de los autores del estudio.

RELEVANCIA DE ESTE SECTOR PRODUCTIVO

De acuerdo con el análisis, los trabajadores han estado expuestos a un mayor riesgo de COVID-19 en comparación con la población en general, pero se conoce poco de la inseguridad en que se encuentran estas personas en países de ingresos medios bajos.

El escenario de esta población es que tienen una alta carga de COVID, pese a lo cual muchos de ellos continuaron trabajando durante la pandemia.

En estos países, estos trabajadores desempeñan un rol fundamental en la seguridad alimentaria y representan una fuerza económica significativa, que según el estudio, comprende 35% de la fuerza laboral total y los productos agrícolas representan el 45% de todas las exportaciones y el 11.3% del Producto Interno Bruto total.

Los resultados mostraron que, durante el reclutamiento, en el segundo semestre del 2020, el 46% de los trabajadores agrícolas mostraban que habían padecido de contagio por COVID-19. Foto La Hora

La importancia comercial de Guatemala hacia Estados Unidos significa exportaciones anuales por US$2,100 millones en productos agrícolas, lo que incluye casi el 50% del suministro de banano. De manera que los trabajadores agrícolas son “esenciales” no solo para la seguridad alimentaria local, sino de socios comerciales como Estados Unidos y otros países.

El estudio examina que además del mayor peligro de exposición al virus que causa el COVID-19, este grupo de población tiene mayor riesgo de tener una salud deficiente debido a la alta prevalencia de comorbilidades asociadas con estrés ambiental. Una de estas es la enfermedad renal crónica no tradicional, además, de estar expuestos a altas temperaturas y humedad.

 

Se desconoce además los resultados económicos que pueden causar el COVID y otras enfermedades respiratorias en el trabajador debido al ausentismo laboral y disminución en su rendimiento. La mayoría de ellos suelen ser los principales generadores de ingreso en sus hogares, y las consecuencias se extienden a su familia y comunidad.

El “estudio sobre el impacto de las enfermedades respiratorias y los trabajadores agrícolas (AGRI, por sus siglas en inglés)” se diseñó originalmente como una cohorte de influenza; luego se amplió para agregar otros patógenos respiratorios virales, incluido el SARS-CoV-2.

El estudio se trabajó como dos objetivos principales: primero, caracterizar los resultados clínicos y socioeconómicos de las infecciones virales respiratorias agudas entre los trabajadores de las plantaciones guatemaltecas, y segundo, medir la eficacia de un programa de vacunación en el lugar de trabajo para mejorar estos resultados.

PROTOCOLOS YA EXISTÍAN

Antes del COVID-19, en el sector agro las empresas y productores ya tenían en sus procesos protocolos de bioseguridad, principalmente porque la mayoría incluyen la aplicación de medidas fitosanitarias en el manejo de los productos, informó Carla Caballeros, directora ejecutiva de Cámara del Agro (Camagro).

“Cuando inicia la pandemia se activaron los planes de continuidad, se adaptaron y crearon protocolos específicos; sin embargo, muchas de las mismas medidas ya estaban contempladas e implementadas dentro del control de calidad ‘Food safety’”, indicó.

Recordó que desde marzo de 2020 se diseñaron protocolos, se implementaron campañas de capacitación y sensibilización con todos los socios y productores, siguiendo la normativa nacional e internacional, en coordinación con el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, Ministerio de Trabajo y de Agricultura con apoyo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), expresó la ejecutiva de Camagro.

La importancia comercial de Guatemala hacia Estados Unidos significa exportaciones anuales por US$2,100 millones en productos agrícolas. Foto La Hora

Resaltó que incluso, la OIT mencionó al sector agro de Guatemala como referente de buena práctica mundial.

Por su parte, el Ministerio de Agricultura, por medio del Acuerdo Ministerial 112-2020, publicó un documento extenso de disposiciones temporales de medidas sanitarias en el sector agropecuario para prevenir y mitigar los contagios del COVID-19.

Además, el Ministerio de Salud Pública informó que no se diseñó una estrategia específica con enfoque agrícola, sino se trabajó un plan de cobertura más amplio consistente en intensificar jornadas de vacunación en las áreas rurales con visitas a los hogares de puerta a puerta, informó Susana Roca, vocera de esa cartera.

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