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Estudiantes de la Usac denuncian el bloqueo de sus plataformas y el impacto en su futuro académico. Foto La Hora: José Orozco.

La semana pasada, al menos 30 estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) denunciaron que sus expedientes desaparecieron de los registros estadísticos, lo que impide que continúen estudiando al no poder inscribirse a los cursos del segundo semestre académico 2026. 

El sistema indicaba que no tenían registro de inscripción y que no cumplían los requisitos académicos para las asignaciones, además de otras irregularidades administrativas. La mayoría de las personas afectadas son opositoras a la administración de Walter Mazariegos Biolis y el fraude electoral que consumó para permanecer otro periodo en la rectoría de la universidad. 

Estas son algunas de las historias de estudiantes a quienes se les impidió continuar con sus estudios, de manera regular, desde la semana pasada. 

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Por motivos de seguridad, la estudiante prefirió que su testimonio fuera anónimo, pero La Hora le entrevistó directamente y verificó lo narrado.  

Ella es una de las estudiantes que presentó un memorial ante Registro y Estadística solicitando que le regresen el acceso. 

La persecución legal en su contra comenzó hasta este momento. Años antes, ella ya había formado parte de organizaciones estudiantiles dentro de la universidad, como la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Ciencias de la Comunicación José León Castañeda. 

Desde un principio, ella denunció el fraude y también la usurpación de la escuela, lo cual le generó enemigos dentro de su unidad académica. Le retrasaron las clases y le calificaron mal algunos exámenes. 

Recibía comentarios de algunos catedráticos involucrados, respecto al movimiento. Ella recuerda que, en una ocasión, la directora que considera como «ilegítima» de la Escuela le dijo que debería de apoyarla por ser mujer. 

Pero, hasta el bloqueo de su plataforma, eso era lo máximo que ella había experimentado como consecuencia a su rol estudiantil. 

En su primer año de la universidad, fue electa como representante de su clase, y se convirtió en parte del Consejo Consultivo de la Escuela de Ciencias de la Comunicación. Ella recuerda que ese fue el último año que la unidad había estado bajo la dirección de un director legítimamente electo. 

Como parte del Consejo Consultivo, la nombraron presidenta del Consejo Electoral para elegir a la Asociación de Estudiantes de ese año. A finales de ese mismo año, ella resalta que sucedió la usurpación de la dirección de la escuela. 

Se postuló a la Asociación, en donde continuó denunciando contra la usurpación en Comunicación y la rectoría. Al terminar su periodo en el puesto, ella continuó participando en movilizaciones.

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Ella describe el bloqueo de su registro como “shockeante”, algo que no se procesa tan fácil. Primero pensó que era un error técnico de la página, quería continuar investigando. Hasta que comprendieron que era un ataque coordinado contra dirigentes estudiantiles. 

Aunque ella sí esperaba este tipo de acciones de la administración actual, incluso les habían advertido que actuarían en contra de quienes alegaran sobre la situación. 

De acuerdo con la líder estudiantil, por el momento buscan agotar todos los procesos administrativos dentro de la universidad. Comenzando con Registro y Estadística, llevando los memoriales. Luego, extenderán su denuncia ante la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), argumentando la vulneración al derecho a la educación, abuso de autoridad y discriminación. Por último, escalarán al Ministerio Público, para empezar con denuncias penales. 

Por el momento, la estudiante planea continuar sus estudios en la USAC. A nivel personal, ella no puede trasladar sus estudios a una universidad privada, porque económicamente no puede darse ese privilegio. 

Tampoco cuenta con documentos de constancia de los cuatro años de estudio que tomó en la USAC. Si ella pudiera trasladarse a una universidad privada, la única opción es hacer pruebas de suficiencia o empezar desde cero.

Seguirá llegando a sus clases hasta que se lo permita la unidad académica. Para que les vean presentes y con ganas de estudiar. Y esperando que esto se resuelva previo a las asignaciones de cursos de la Escuela de Comunicación, que son después de que inicia el semestre. 

A pesar de la persecución, continuará en la defensa de la única universidad pública del país y el derecho a la educación de la ciudadanía. 

EL CASO DE JOSHUA SAGÜI ARMIRA

La historia de Joshua con la USAC comenzó a los 17 años. En varias ocasiones, intentó ingresar a la Facultad de Arquitectura, examinándose varias veces. Durante ese proceso, comenzó a interesarse por los idiomas y redes sociales. Así que, en 2021, entró a la Escuela de Ciencias de la Comunicación. 

En su primer año, se involucró en la política universitaria como representante de salón. Demostrando oposición directa al fraude que se estaba fraguando en la Usac. Desde entonces, ha participado en procesos y movilizaciones, realizando denuncias a nivel macro, con la universidad, y micro dentro de la Escuela. 

Joshua también formó parte de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Ciencias de la Comunicación José León Castañeda, e incluso se desempeñó como secretario general hasta finales de 2024.

Él también se interesó en el ámbito jurídico, dado que ha ejercido como periodista en el sector judicial. Así que, en 2025, inició su primer año dentro de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. 

Este sería su segundo año, de no ser por el bloqueo de Registro y Estadística. 

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La persecución en su contra inició desde su trabajo en la Escuela de Comunicación, donde iniciaron un proceso disciplinario en su contra, junto a otros estudiantes. El año pasado debían darle una resolución, pero nunca llegó. En su lugar, congelaron su matrícula.  

Desde finales de 2024, Joshua ha vivido con esta sanción administrativa. Por ende, no podía asignarse a cursos. Continuó estudiando simbólicamente para mostrar oposición, con ayuda de docentes afines. Pero por está razón, inició su segunda carrera. 

Pero, el bloqueo de Registro y Estadística trasciende las unidades académicas. Joshua lo describió como “muerte académica” porque, aunque no han llegado a instancia de expulsión, se está acercando. 

Por ser estudiante de Derecho, solo tiene asignaciones oficiales, y es el único momento para matricular clases. Entonces, prácticamente es como si le hubieran bloqueado un año académico completo, porque hasta el año siguiente podrá retomar la asignación. 

Este avance en la persecución fue duro, porque representa quebrar los sueños a nivel profesional. “Me robaron la chance de ser el primer nieto de mi familia en tener un título universitario”, afirmó Joshua. 

Esta criminalización también ha infundido miedo no solo en él, sino que también en su familia, para que baje la guardia. Es una situación bastante emocional, porque jamás se esperó que llegaría tan lejos. 

Actualmente, Joshua y las demás personas que fueron afectadas están trabajando con organizaciones de derechos humanos, quienes les están ayudando con el caso. 

Y aunque el miedo y el riesgo continúan, tiene claro que la lucha y la resistencia universitaria nunca se van a terminar. Por el momento, varios de los afectados están compartiendo en sus redes sociales más información del caso y de las acciones que se han cometido en su contra, a raíz del fraude dentro de la universidad. 

LA HISTORIA DE MARK ESCOBAR

Mark comenzó a involucrarse en movimientos sociales desde 2015, en las movilizaciones generales contra la corrupción. Para ese momento, todavía no estudiaba en la USAC. 

Cuando ingresó a la universidad, empezó a participar de forma pequeña, desde su propia clase, apoyando a sus compañeros en asignaciones y otras cosas. De esa forma, lo escogieron para ser parte del Consejo Consultivo de la Escuela de Ciencias de la Comunicación. 

Comenzó a conocer a demás dirigentes que trabajaban en la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Ciencias de la Comunicación. También a involucrarse en temas más generales de la USAC. 

Durante las elecciones de rector de 2022, realizó denuncias dentro de la unidad académica, ante la falta de pronunciamiento. Para la siguiente elección, Mark fue elegido como secretario general de la Asociación de Estudiantes. Un espacio donde pudo denunciar el proceso de la elección de rectoría al igual que la usurpación de la Escuela. 

Por ejemplo, apoyó a los cuatro estudiantes a quienes la unidad sometió a procesos administrativos y disciplinarios, para dar a conocer su caso y darles acompañamiento. 

Su gestión dentro de la Asociación concluyó en 2025, pero Mark ha continuado denunciando desde sus espacios personales. Ha participado en marchas para demostrar su descontento y rechazo hacia las elecciones de rector, al igual que mostrando apoyo a las planillas estudiantiles y docentes de oposición. 

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La persecución en su contra inició dentro de la Escuela de Comunicación. Recuerda que la directora en funciones, Regina Miranda, afirmó que no daría apoyo y reconocimiento para la planilla de su asociación dado que no la apoyaban a ella. Además, mencionó las consecuencias que esto podría traerles, haciendo alusión a los procesos disciplinarios que estaban llevando los cuatro compañeros. 

Incluso, recuerda que él perdió su examen privado una vez, por la calificación que Regina Miranda dio en ese momento. 

Actualmente, Mark ya cerró todos sus cursos este año. Está en proceso de realizar su tesis de graduación y el Ejercicio Profesional Supervisado (EPS). Aunque, desde la dirección de la Escuela, han difundido rumores en su contra para evitar que continúe con su cierre. 

Por el bloqueo de Registro y Estadística, Mark no podría continuar con su EPS. Pero, él ya había entregado toda su papelería física para la coordinación académica. Por lo tanto, no debería de haber ningún problema para continuar. 

Pero el bloqueo de la plataforma no le permitirá emitir ninguno de sus certificados, en caso de necesitar alguno. Tampoco puede generar órdenes de pago o emitir solvencias de biblioteca: no puede hacer ninguno de los procesos que requiera la universidad. 

En cuanto a su estado emocional, Mark lo describiría como complicado. Al entrar en este tipo de espacios estudiantiles, sabía qué consecuencias podría traerle. En especial considerando la cooptación de la universidad. Pero aunque lo tuviera claro, eso no quita el miedo. “El no saber en qué momento es que puede pasar algo”, comentó. 

Conlleva una constante incertidumbre sobre qué futuro van a tener, de que algo les puede pasar tanto física como académicamente. Al igual para sus familias, quienes también son conscientes de las consecuencias. 

También hay mucho desgaste mental. Mark argumenta que, de por sí, el estudiante de la San Carlos ya trae un estrés muy grande, dado que la mayoría son trabajadores que no pueden permitirse una universidad privada. Entonces, muchos experimentan una combinación de estrés académico, laboral y por la persecución. 

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Para Mark y las otras personas afectadas por el bloqueo, el primer paso es agotar las instancias administrativas. Para que, de esta manera, puedan continuar los procesos legales que inicien. Explica que existe el antecedente de la Corte de Constitucionalidad, en donde los amparos han sido rechazados bajo la excusa que no se agotaron las vías administrativas. 

Sin embargo, será un proceso largo, destaca Mark. Los procesos legales de los compañeros expulsados todavía no se han resuelto: ¿qué pasará con este, que apenas está apareciendo? 

Mark afirma que continuará con la lucha estudiantil. Detalla que estos son procesos de intimidación, para sembrar miedo entre demás estudiantes sobre lo que puede pasar al hablar. 

Pero, en medio del miedo, tienen más convicción de que están haciendo lo correcto. “Si les incomoda tanto que hablemos, que digamos y que expongamos, es por algo”, concluye Mark. 

Mariana Torres Ruano
Escritora y periodista, con formación en Comunicación de la Universidad Rafael Landívar. Ávida lectora, se especializa en la cobertura de temas culturales, literatura y fenómenos de Internet.
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