Karla Olascoaga Dávila
Escritora

Es difícil –por no decir imposible– escribir un texto que equipare la hermosura y profundidad inherente a la propia obra artística que se comenta.

Empezaré diciendo que la belleza y sobriedad de Surcos de papel, evoca un profundo placer estético: esa evocación que solo el buen arte puede despertar.

La experiencia del placer estético para el caso de las letras –a mi modo de ver– implica un acercamiento más complejo que el que se experimenta desde las artes plásticas porque inicia con la lectura, pasa por el procesamiento de la información tanto en el nivel emocional como en el cognoscitivo para luego integrar experiencias como la empatía o la imaginación que provoca la obra en sí y que nos permite visitar lo nuevo o revisitar las experiencias pasadas. Todo ello nos lleva a un estado de reflexión-evocación, que para el caso de la poesía, va acompañado de una sensación similar al de los estados contemplativos o de disfrute. Por ello la poesía -la buena poesía- despierta el alma y la acaricia o desgarra según sea el caso. Lo cierto es que rara vez salimos ilesos de ella.

Cito parte del texto inaugural del octogésimo octavo congreso de PEN Internacional, realizado hace apenas un mes en Suecia, al cual tuve la oportunidad de asistir. Este texto es parte de la conferencia magistral de la escritora Siri Hustvedt, que tituló El poder de las palabras:

La lectura no es un acto desvinculado. No es la aplicación de significados estáticos de diccionario a los símbolos que aparecen en la página, un acto cognitivo computacional realizado por el literato. Las obras escritas están animadas por el organismo viviente de un lector en una situación que es exclusivamente suya. Su lengua, su país, su posición en la jerarquía social, sus experiencias de la infancia, educación, prejuicios culturales, enfermedades y estados de ánimo pasados y presentes, todo ello afecta a la lectura de un texto concreto.

Al leer Surcos de papel reviví una experiencia similar a la que experimenté hace más de veinte años frente a la poesía de Humberto Ak’abal. Y aunque el papel del comentarista o crítico literario no es otro que presentar la obra desde su lectura y análisis individual, es importante tocar todo aquello que pueda despertar empatía, con la finalidad de acercar al lector o futuro lector a la obra en sí.

Empecemos por el título del poemario: Surcos de papel, éste siendo ya muy siginificativo y simbólico, se complementa y amplía con el poema inicial, que no lleva título -y que puede parecer- una especie de declaratoria o breve manifiesto del autor, quien en diez versos, sencillos en su composición, sin pretensiones formales elaboradas, con palabras que unen mundos, abre esta Caja de Pandora en donde la poesía va de la mano con la Madre tierra.

Soy poeta
siembro letras
en suelos fértiles de papel

de arado
la tinta
de lluvia
la metáfora
de cosechas
suspiros
y algunos aplausos

La dedicatoria también es importante (“Dedicado a todas las personas que trabajan en el campo como mis abuelos, como mis padres.”) porque además de que es una forma muy sutil de honrar a quienes trabajan la tierra, nos muestra el sentido intrínseco de una relación forjada con la tierra que emerge desde el hogar, de la labranza de una tierra fértil que va de generación en generación, además de que nos introduce a la temática que da nacimiento al proceso creativo del poeta, lo cual se amplia más adelante en versos como estos:

Mi padre
puso la semilla
mi madre
la tierra fértil

ambos
regaron la milpa
con sudor y llanto

y heme acá
a su imagen y semejanza
desgranando versos

Surcos de papel se desarrolla desde una perspectiva diferente a la de la contemplación bucólica porque no idealiza la vida pastoril sino que toca el tema humano (también el amor) y el tema social del campesino, sin posicionamientos acartonados ni panfletarios y lo hace desde la emoción de la convivencia con una naturaleza agreste para el que labora la tierra, que en este caso es la propia familia: los abuelos, los padres y muchas veces desde los ojos de un niño que ve la luz desde ese campo que lo vio nacer.

Aquí un ejemplo:

El campesino
siembra esperanzas
en arrugas labradas
con lluvia y con sol

mientras
espera que el cielo
le moje la vida

y allí está usted
con su arrogancia
regateándole los sueños

Diez versos lanzados como dardos al indiferente, al que no reconoce el valor real del trabajo en el campo.

Ahora bien, con relación a la estructura de Surcos de papel; la obra está dividida en dos partes: Sembrador de versos y Del amor y sus desvelos. Los poemas que he compartido hasta el momento, forman parte de la primera, Sembrador de versos que contiene 26 poemas, en los que se desarrollan tres temáticas ya sea de manera implícita o explícita y que son las siguientes: La evocación de topónimos, la familia (el orígen) y el tema social inherente a la tierra la mayoría de las veces.

Pero desarrollemos un poco el planteamiento, analizando cada tema:

a) La evocación mediante la mención de topónimos* cuyo significado es NOMBRE PROPIO DEL LUGAR, a lo cual se añade propiedades peculiares ya que “son parte inalineable de la orientación no sólo en el espacio geográfico, sino también en el cultural, que revela diversos aspectos de estática y dinamismo de nombres geográficos y enriquece la comprensión de sus manifestaciones linguísticas y estéticas.”, según un diccionario especializado. Un ejemplo:

Comalapa

Entre casas de adobe
y galerías de arte
descansa un pueblo

místicas costumbres
iglesias coloniales
artistas que se confunden
entre la gente
mientras decoran con tejidos
sus muertos y cementerios

si la luna está pálida
pintan

si la luna está nueva
siembran

si la luna está triste
hacen poesía

Otro ejemplo:

Atitlán

La más grandiosa obra de arte
no está en el Louvre
ni en la National Gallery

está en Atitlán

la pintó Dios

Veamos ahora, b) el tema familiar que -a mi modo de ver- es el puente que sirve como referente del origen y camino recorrido por el poeta/autor y que está presente en figuras familiares, que como árboles frondosos, dan sombra, prodigan sustento y amor, expresados desde su ser natural, desde su esencia o, desde su existencia propia.

Abuela

La abuela no pudo decirme
cuánto me quería
su idioma y el mío
eran distintos

pero en las mañanas frías
de vientos arremolinados
en una jarra de barro
arrimada al poyón
calentaba el agua
para lavarme la cara

el vapor del guacal
me entibiaba el alma

Y, veamos c) el tema social, muchas veces asociado a la tenencia de la tierra, a las labores de labranza, al milagro de ver nacer los frutos, a la naturaleza pródiga, entre otras subtemáticas; pero también asociado a la pobreza, a la explotación, a las carencias que estarán presentes de formas descriptivas, a veces incluso sonoras, no solo visuales o a través de los recuerdos de infancia.

En noches de lluvia
suena fuerte la pobreza
al caer sobre las láminas

——–

A los migrantes

Desde la cornisa
los vi pasar
decenas
centenas
millares

una procesión interminable
de vidas cansadas

en sus andas
no vírgenes ni santos del cielo
en sus andas
pobreza
miseria
hambre

buscaban un lugar
llamado indiferencia

Con relación a la segunda parte del poemario: Del amor y sus desvelos, que contiene 28 poemas cuya temática está explícitamente anunciada en el nombre que escoge el autor. Sin embargo, es importante señalar varios aspectos que dan originalidad a estos poemas.

 Son bastante más breves que los vistos con anterioridad.
 La ironía se maneja con maestría sobre todo en poemas que tocan el desamor.
 Tocan tópicos como los desencuentros, la renuncia al amor poco correspondido, la sensualidad, el cuerpo y sus sentidos vinculados al placer sensual, el disfrute, la soledad impuesta, el martilleo de los recuerdos, las dudas, la distancia del sujeto amoroso y hasta una especie de “despecho poético”, la desilución, el olvido.

Veamos un poco de lo descrito:

Hay versos
que no llegan al papel

son versos frágiles
que se desvanecen en la humedad
de unos labios abiertos

y de su rastro
solo quedan suspiros

—–

O este otro, brevísimo y profundo:

Hora pico

Mi vida como la ciudad
atascada de recuerdos

—–

Y cerremos con este, tan original:

Borracha

Ella
borracha era un caso

escupía te quieros
vomitaba recuerdos
somataba indiferencias
mientras golpeaba
con la sonrisa
corazones abandonados

un caso

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