Jaime Barrios Carrillo, nació en 1954 en Ciudad de Guatemala, escritor, académico y periodista. Columnista del diario elPeriódico, ha publicado en Revista de la Universidad de San Carlos, gAZeta (Guatemala), Ábaco (Madrid), La Jornada Semanal (México), Casa (Cuba) y Espéculo de la Universidad Complutense de Madrid. Fue catedrático de la Universidad de San Carlos, Guatemala. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional de San Carlos de Guatemala.

Antropólogo Social, Universidad de Estocolmo, graduado en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Estocolmo. Reside en Suecia.

ÁNGELES SIN DIOS

Luz, ángeles y tiempo
Cuando un niño descubre los meteoros
y fascinado pregunta qué es aquello
suelen los adultos explicarle
que son ángeles que vuelan desde el cielo.
En el momento más urgente de la noche
una bombilla se funde de improviso.
Alguien la cambia imaginando
que imita a las estrellas
sin saber de astros extinguidos,
ignorando también que la luz
es como un polvo refulgente
que se posa sobre el día.
En el ocaso un viento sopla
y aquel polvo se disipa y no regresa.
Pero los niños son felices,
creen en los ángeles
y desconocen qué es el tiempo.

Decía el ángel

Decía el ángel
Que el apego por los dioses
Está descontinuado
Por ser pretensión de los tubérculos
Enamorándose del cielo
Dijo que la sobrevivencia de los astros
Depende de la voluntad de las hormigas
Que la noche es parca
Aunque prófuga del día
Cuando el sol es un bostezo
Sobre cubiertas empapadas
Y flores extinguidas
Me dijo que había escuchado en las alturas
Señales de un viejo vapor a la deriva
Y el rumor en la noche galáctica
De los trenes desfallecidos
Dijo que ha intentado conectarse con su padre
Quien hablando de su condición inverosímil
Se le aparece en sueños
Dijo que buscaba algún lugar
Donde el mundo es inmediato
Y no rigen dioses principiantes
Dijo que se tropieza con sonidos
Construidos con saliva omnipotente
Me decía también con insistencia
Haber visto estatuas que se mueven
Hacia abismos disponibles
Decía muchas cosas
Y dijo una vez que terminaba
De decir lo que decía
Aunque yo nunca entendiera lo que dijo

Demasiado humano
Una carta del cielo bajó un ángel.
Rafael Alberti, Sobre los ángeles

Resulta que Nietzsche tenía la razón,
aunque paró perdiéndola.
Como el niño retornado a la caverna
con su madre y hermana
convertidas en gratuitas sombras.
En un libro para los espíritus libres
define el alma del artista
y de los escritores
con el tema del ser frente al espejo,
o consigo mismo y por completo a solas.
Puede inferirse que Nietzsche consideraba
a cualquier ángel como humano,
demasiado humano.

I
El mundo abstracto de las almas
fue prelación del pensamiento compasivo,
poniéndolo al servicio de la melancolía.
Ahora tenemos sentimientos más concretos
y los ángeles no son contemporáneos.
¿Valdrá la pena aún creer en ellos?
Milton cantó en 10 000 versos y pico
a los ángeles rebeldes
por su osadía de no vivir
en el Paraíso de rodillas,
aunque perdieran la guerra.
Los que prefieren reinar en el Infierno
que ser pajes en el Cielo.

II
En un sueño vi a un ángel caído
enfrentándose al Exterminador.
En el desayuno yo seguía pensando
en la lucha fratricida
de los dos opuestos serafines.
En verdad yo no decía blasfemias
sino acercaba mi vista interrogante
para ver si aparecía un ángel
o alguna luz que indicara
el camino a las alturas:
Cielos relampagueantes que aniquilan.
Pero a nadie interesa la salvación de las almas.
Menos las escatologías complicadas
o estudiar causas bellas e inservibles.
Tampoco importa ahora
el destino final del universo.
El tema de moda es la soledad.

IX
Yo no sabía nada sobre resiliencia de los ángeles
cuando me invitaron a una conferencia.
«Dios hizo a los hombres a su imagen y semejanza»,
explicó la expositora, doctorada en querubines
por una universidad norteamericana.
Recalcó «a semejanza», es decir que
no somos idénticos porque no somos perfectos.
Le pregunté si Dios era perfecto y si era hombre.
Respondió con una corta frase: «Así se cree».
Insistí si estaba probado o si solo «se creía».
La académica contestó sin ocultar su molestia
que «creer significaba ver»
y que se veía que yo no creía.
«A usted le falta fe, señor», me dijo
y me sentí avergonzado entre un público
que me miraba como a una sabandija.
Me fui en silencio sin haber aprendido mayor cosa.

Escrito antes del amanecer
Y el ángel de la guardia marca una cruz
con sangre sobre sus muslos blancos
Piedad Bonnett, «Señales»

Debería existir un universo sonrosado,
como el inmaculado culo de una arcángela.
Hoy se clama en cambio por asuntos eficaces
como un chaleco salvavidas para dárselo a Li Po
o la palanca que Arquímedes usaba
para remover las conciencias oxidadas
antes de ser asesinado por un centurión desconocido.
El presente está encerrado en una nube,
realidad virtual en donde nace
la quimera efervescente de las redes.
Es la primacía del like y el algoritmo del afecto
o más bien los desafectos.
No se puede contar con hadas cibernéticas
pues se cumple una atroz y temida profecía:
los puntos cardinales serán dos.
El amor pasó de moda.
¿Cuándo lo estuvo?
Esta es una época de más polvo que quimeras.
No somos más que sombras entre el polvo.
Y todo escapa como el agua entre los sesos
cuando el cráneo se vacía de fantasmas
y las imágenes sagradas
sin piedad nos abandonan.

 

 

 

Final
…la aguja que rompía tu vibrante relámpago
Isabel de los ángeles Ruano, «A Luis Cernuda»

Un hijo desnudo y el padre de negro:
¿por qué se ahoga Ícaro en el mar?
Y ¿por qué preocuparán los ángeles?
Sus adversidades, pero también
la capacidad de superarlas.
Recalco, por la actualidad del tema,
la importancia de adaptarse a la soledad
con una premisa de partida:
la existencia es el estado más sólido del alma.
Recuerdos tocados por la fantasía
entregan la imagen de un niño que mira
a través de la ventana
a un ser de grandes alas blancas
levantando su cuerpo a las alturas

Selección de textos. Roberto Cifuentes

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