Dennis Orlando Escobar Galicia
Periodista  

 Esta novela, escrita por Hugo Cardona Castillo, tiene como tema principal el amor de dos seres en contextos diferentes. Ella de Europa; nacida, crecida y educada en metrópolis como París, Italia, Ámsterdam, Bruselas, Amberes, Bellaria, lugares que datan del máximo esplendor de la cultura de la Edad Media. Él, de Guatemala, oriundo del  paisaje que inspiró a Juan Diéguez Olaverri para escribir el icónico poema A los Cuchumatanes. Pero, a diferencia de las historias de amor con un final feliz, ésta tiene un terminante trágico a causa de la pandemia que acabó con la vida de millones de personas en todo el mundo.

El autor, más conocido por su obra poética que narrativa, es un singular personaje que se desenvuelve en la docencia y la investigación universitaria,  haciendo gala de sus títulos de  licenciatura, especializaciones y doctorado; todos relacionados con la Agronomía, la Economía, la Administración Agrícola, los Recursos Hidráulicos y el Manejo Ambiental.

El último vuelo del cisne blanco –título poético y sugerente-   es una prosa condimentada con poesía y donde Hugo Cardona pone de manifiesto su cultura cosmopolita, adquirida en sus lecturas y principalmente por los viajes que ha realizado por diferentes partes del mundo, invitado a impartir conferencias sobre sus especializaciones científicas.

A lo largo de la obra desfilan figuras literarias, especialmente las metáforas y los símiles, como cuando describe cómo la dama de los ojos color de cielo despejado a Flaviana Schnneider, principal protagonista. “Eleazar la abrazó fuertemente. Le levantó suavemente el rostro entristecido, le vio el alma a través de aquellos ojos color de cielo despejado y la besó suave, dulcemente; un beso prolongado, la sentencia inapelable de los seres enamorados.”

Debo decir que me regodeé con la lectura porque además del suspenso en que me vi envuelto, hubo momentos de filosofía y de placer intelectual como cuando junto a las descripciones del autor recorrí varias calles de Guatemala y de Europa. Para aumentar mi goce investigué rápidamente por internet para constatar los datos históricos y hasta los ingredientes de alguna gastronomía europea. Fue un gran alimento al conocimiento leer sobre la sierra de Los Cuchumatanes, sobre los orígenes de la arquitectura de la Antigua Guatemala y hasta reseñas históricas del Lago de Atitlán.  No faltarán quienes digan que esos datos están demás porque retrasan el final.

Conozco a Cardona Castillo desde hace ya varios años y no obstante que es bastante reservado de su vida privada, reconozco que en Eleazar Ochoa, el otro protagónico de la novela, encontré varios aspectos de su personalidad y hasta de su físico. Así como también la mención de algunos miembros de su familia, tal el caso de su madre y su padre. A ella hasta le dedicó el  poemario Camino de las uvas (2012). A su papá, fallecido durante la pandemia, lo menciona por el color de sus ojos: “Al reparar en el color de los ojos de Fabrizio su mente se transportó al día aquél cuando Eleazar llegó al hotel en Antigua Guatemala, acompañado de su padre; de edad muy avanzada, pero de carácter jovial y afable, el anciano le pareció agraciadísimo.”

En el libro –de 302 páginas con tipo de letra muy leíble- hay hasta datos científicos, explicados con mucha sencillez, sobre la COVID-19. A saber: “La tenemos con oxigenoterapia de alto flujo pero no logramos estabilizarla. Tenemos que pasarla a la unidad de cuidados intensivos. Los médicos han ordenado la intubación endotraqueal.”  Hasta nos cuenta con información veraz como muchos países europeos -de los más desarrollados- tuvieron que aplicar medidas de emergencia máxima, como se hace en situaciones de guerra, para enfrentar a la COVID-19.

En este libro de Hugo Cardona tampoco falta su sensibilidad social unida a aspectos político-ideológicos. ¡Ya es parte de su estilo!  De esa cuenta Eleazar Ochoa pronuncia un iracundo discurso en la Universidad de Amberes cuando presenta un libro de poesía de su autoría. Entre otras cosas dijo: “Y yo hablo de aquellos campesinos, de las áreas rurales del altiplano de mi patria, trabajadores de sol a sol, en el cultivo estéril de aquellas tierras igualmente estériles, sin los más mínimos servicios de urbanidad y de la civilización.” Al finalizar,  la audiencia se puso de pie y lo ovacionó.

O cuando Flaviana le dice a Eleazar que su novela narra una historia con un final bastante trágico, y le pide contestar ¿Cuánto hay de real, de personal en esa historia?

Él contesta: “Esa novela es ciertamente triste, señorita Schnneider. El contexto es real. Ese contexto de fratricidio donde, habiendo sido tristemente utilizados por ideologías ajenas, manejados con hilos intangibles de manipulación geopolítica, hermanos se mataban entre hermanos, instrumentalizados en dos bandos patéticos (…)

El último vuelo del cisne blanco es una historia coyuntural, escrita por un científico literato que utilizó el enclaustramiento pandémico para investigar, dar pábulo a su creatividad y producir una novela que, aparte del amor intenso de dos seres extraordinarios, nos educa sobre una epidemia que causó estragos en todo el planeta y nos indujo a entender que a pesar de todo el progreso científico tecnológico somos aún muy vulnerables.

La novela en sus primeras páginas contiene tres breves presentaciones de igual número de ganadores del Premio Nacional de Literatura. La primera es de Carmen Matute, ganadora del Premio en el 2015, quien dice: “Intrigada yo misma por el título de esta novela, al inicio de estos apuntes me referí a la seducción que durante siglos han ejercido los cisnes sobre los artistas y los seres humanos en general. Quería descubrir el porqué del sugerente enigma. Sin embargo, pude lograrlo hasta terminar su lectura cuando encontré en el final, inesperado, no solo el vuelo del cisne blanco sino también su canto, de acuerdo a lo que dice la leyenda (…)

Víctor Muñoz, Premio 2013, anota: “En algún momento llegué a saber que el buen poeta es aquél que es capaz de desnudar su alma mediante una catarsis absoluta y despiadada. Sí, porque el buen poeta siempre es consecuente con sus ideales y sus más nobles sentimientos, y los confiesa ante sus lectores y ante el mundo sin guardarse nada para sí. Se trata de un muy serio compromiso ante sí mismo y ante la humanidad.”

José Luis Perdomo Orellana, Premio 2020, opina que “Con El último vuelo del cisne blanco, Hugo Cardona Castillo no hace alardes de erudición, ni abusa de los artificios y posibilidades de la literatura. Nos lleva a un viaje en el que diversas culturas convergen, un viaje en el que confluyen la pasión por la investigación científica y el entusiasmo por la vida”.

Una obra que por su temática perdurará y se convertirá en consulta bibliográfica para aquellos que con el transcurso del tiempo quieran saber y casi sentir que le pasó a la humanidad en el año 1,919 en adelante.

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