El bambú puede convertirse en mucho más que una planta utilizada para construcciones o artesanías.
En Guatemala, esta materia prima ya es sometida a procesos de transformación para producir tablas, muebles, juguetes y artículos decorativos, mientras un nuevo proyecto busca ampliar su cultivo y explorar el potencial de los créditos de carbono.
El proceso se desarrolla en el Centro de Transformación e Investigación de Bambú (CTIB), ubicado en Bárcenas, donde se trabaja desde la producción y manejo de la planta hasta su transformación en productos terminados.
Durante un recorrido por el centro, La Hora conversó con Ana Elisa Martínez Sarti, coordinadora del proyecto de bambú quien explicó parte del trabajo que se desarrolla para promover el cultivo y aprovechamiento de la planta.
Tommy Tang, especialista en la transformación del bambú, por su parte detalló el proceso industrial que permite convertir los tallos en tablas y otros productos.
A esto se suma una nueva propuesta relacionada con los mercados de carbono, lo cual fue explicado por Andrés Tsene Kuo, gerente del proyecto, quien señaló que se busca establecer un modelo que permita generar ingresos adicionales para los productores.
DEL BAMBÚ ARTESANAL A UN PROCESO INDUSTRIAL
La relación entre Guatemala y Taiwán en materia de bambú no es reciente. De acuerdo con la información proporcionada durante el recorrido, en 1993 comenzaron las capacitaciones relacionadas con el aprovechamiento de esta planta, inicialmente enfocadas en productos artesanales.
En 2010 se brindó asesoría a agricultores para establecer plantaciones comerciales y, posteriormente, en 2021 se inauguró el Centro de Investigación y Transformación de Bambú, con el objetivo de avanzar hacia la industrialización de este recurso.
Desde este espacio se ha promovido el uso del bambú para elaborar techos, pisos, mesas, muebles e incluso viviendas.
Martínez Sarti explicó que el objetivo es que el cultivo pueda convertirse en una actividad productiva que genere diferentes oportunidades a lo largo de toda la cadena, desde el establecimiento de viveros hasta la transformación y comercialización de productos.

UN PROCESO QUE ES MÁS QUE MUEBLES
Una de las principales características del bambú es la variedad de usos que puede tener una vez procesado.
En el CTIB, uno de los principales productos son las tablas laminadas de bambú, que posteriormente pueden utilizarse para fabricar mesas, sillas y otros muebles.
Pero la transformación también permite elaborar productos de menor tamaño, como juguetes, artículos decorativos, flores de bambú y regalos personalizados mediante grabado láser.
También se elaboran productos inspirados en la tradición taiwanesa, como linternas.
El material puede combinarse además en diferentes tonalidades, aprovechando bambú de colores oscuro y claro para crear diseños personalizados.
ASI ES LA TRANSFORMACIÓN DEL BAMBÚ
Antes de llegar a la planta de transformación, el proceso comienza con la producción de las plantas.
El modelo de vivero utilizado busca ser de bajo costo para que pueda ser replicado por pequeños productores. El bambú permanece aproximadamente seis meses en esta etapa antes de ser trasplantado al terreno donde continuará su crecimiento.
Según la información proporcionada, alrededor del quinto mes ya pueden aparecer brotes que permiten avanzar hacia el trasplante.
La intención es facilitar que más agricultores puedan producir su propio material y posteriormente incorporarse a una cadena comercial de bambú.
SU TRANSFORMACIÓN: DE TALLO A TABLA
Cuando el bambú llega a la etapa de transformación, el primer paso consiste en cortar los tallos en piezas o tablillas.
Debido a que el bambú tiene una cavidad en el centro, el tallo no puede utilizarse directamente como una tabla sólida. Por ello, primero debe ser dividido en piezas que posteriormente serán unidas.
Las tablillas pasan por una máquina de doble sierra, que permite establecer el ancho de cada pieza. Luego se eliminan los nudos y se trabaja la superficie exterior.
Posteriormente, las piezas pasan por una máquina que cepilla sus cuatro caras para obtener dimensiones uniformes.
Este paso es necesario para que las tablillas puedan acomodarse de manera correcta en las siguientes etapas de transformación.
PRODUCTO LIBRE DE HONGOS
El bambú requiere un tratamiento de preservación debido a que puede ser susceptible al ataque de insectos y hongos.
Las tablillas pasan por dos tratamientos en tina. En el primero se utiliza soda para remover determinadas partes oscuras del material y reducir su atractivo para los insectos.
Posteriormente se aplica bórax, utilizado como parte del tratamiento para prevenir la aparición de hongos.
Una vez finalizada esta etapa, el material contiene todavía una cantidad considerable de humedad, por lo que debe pasar por un proceso de secado antes de ser pegado.
HUMEDAD APORTA A SU ESTABILIDAD
El nivel de humedad es uno de los puntos fundamentales para continuar con la transformación.
De acuerdo con la explicación de Tommy Tang, especialista en transformación del bambú, las tablillas deben llegar aproximadamente a un 12% de humedad para poder ser trabajadas y pegadas correctamente.
Si el material conserva más humedad, puede presentar problemas durante el encolado y posteriormente agrietarse o separarse.
El secado puede realizarse de forma natural, bajo techo y sin exposición directa al sol, o mediante maquinaria especializada.
Durante esta etapa también se debe controlar la deformación de las piezas. A medida que el agua sale del bambú, el material puede cambiar de forma, por lo que se colocan pesos sobre las tablillas para mantenerlas lo más estables posible.
PEGAR Y PRENSAR PARA FORMAR LA TABLA
Cuando las piezas alcanzan el nivel de humedad requerido, pasan a una máquina encoladora.
El adhesivo se distribuye sobre las tablillas y estas son acomodadas ya sea de manera horizontal o vertical para formar la pieza que posteriormente será prensada.
En la prensa caliente, las piezas se unen bajo presión y temperatura. El proceso para preparar y prensar una tabla destinada, por ejemplo, a una mesa, puede tomar alrededor de 15 minutos.
Sin embargo, la pieza todavía necesita varios pasos antes de convertirse en un producto terminado.
CEPILLADO Y LIJADO COMO ACABADO
Después del prensado, las tablas pueden presentar irregularidades y diferencias de nivel. Por ello pasan por una máquina cepilladora que permite emparejar la superficie.
Posteriormente llegan al proceso de lijado, que elimina las asperezas y deja una superficie lisa.
El resultado es una tabla laminada de bambú que puede ser utilizada de manera similar a una tabla de madera para fabricar diferentes productos.
CASI TODO EL MATERIAL PUEDE APROVECHARSE
Uno de los aspectos que se busca fortalecer en el proceso es el aprovechamiento de los residuos. Las piezas que no cumplen con las dimensiones o características necesarias para convertirse en tablas no necesariamente se desechan.
El material puede utilizarse, por ejemplo, para fabricar estructuras de soporte para cultivos, como aquellas empleadas en plantaciones de tomate, o para construir techos de viveros.
También se plantea el aprovechamiento de otros residuos del bambú para elaborar materiales destinados a usos energéticos, como combustible para parrillas.
De esta manera, la intención es reducir el desperdicio y aprovechar diferentes partes de la planta dentro de la misma cadena productiva.
El aprovechamiento de esta planta no se limita a la fabricación de tablas.
Martínez Sarti explicó que dentro de los programas desarrollados se ha enseñado a diferentes personas a utilizar el bambú en la construcción de techos, pisos, mesas y muebles, así como en viviendas.
Esto amplía las posibilidades de la planta, que puede utilizarse tanto en productos pequeños como en estructuras de mayor tamaño.
CRÉDITOS DE CARBONO
Además del aprovechamiento comercial, el proyecto busca incorporar una nueva fuente potencial de ingresos para los productores: los créditos de carbono.
Andrés Tsene Kuo, gerente del proyecto, explicó que están en proceso de establecer un modelo para que los productores puedan obtener ingresos relacionados con este componente incluso antes de la cosecha.
“Vamos a aplicar el crédito de carbono al proyecto de bambú”, explicó Tsene Kuo al referirse a la nueva etapa del proyecto.
Según detalló, se contempla inicialmente establecer alrededor de 100 hectáreas como proyecto demostrativo y posteriormente promover el cultivo hasta alcanzar unas 900 hectáreas en diferentes puntos del país.
El objetivo es desarrollar un modelo que pueda integrar el cultivo, procesamiento y transformación del bambú con un componente de sostenibilidad.
Guatemala y Taiwán apuestan por el bambú para abrirse paso en el mercado global de bonos de carbono
¿POR QUÉ SE VINCULA AL BAMBÚ CON EL CARBONO?
Tsene Kuo señaló que una de las razones para impulsar el cultivo es su rápido crecimiento frente a otras especies utilizadas como madera.
Según explicó, un bambú puede alcanzar una etapa de aprovechamiento en aproximadamente cuatro años, mientras que un árbol destinado a madera puede requerir entre 10 y 15 años, dependiendo de la especie.
El proyecto busca aprovechar además la capacidad de las plantaciones para capturar carbono durante su crecimiento y posteriormente recurrir a organizaciones internacionales que puedan medir y certificar esa captura bajo los estándares correspondientes.
El gerente del proyecto explicó que el interés está relacionado con la posibilidad de generar créditos de carbono que puedan tener valor en mercados internacionales.
BUSCAN LA CERTIFICACIÓN Y VERIFICACIÓN
La propuesta de los créditos de carbono se encuentra vinculada a una etapa de desarrollo del proyecto. Para que una plantación pueda generar créditos comercializables no basta con sembrar bambú.
Se requiere establecer una metodología, cuantificar la captura o reducción de emisiones y someter los resultados a procesos de validación y verificación por organismos o estándares reconocidos.
Por ello, cuando Tsene Kuo habla de “vender el oxígeno” producido por el bambú, el concepto debe entenderse dentro de esta lógica de generación de créditos de carbono y no como una venta directa del oxígeno producido por las plantas.
El proyecto plantea buscar posteriormente organizaciones internacionales que puedan certificar la cantidad de carbono capturado por las plantaciones.
UN INGRESO ADICIONAL PARA LOS PRODUCTORES
La propuesta busca que los agricultores puedan tener una fuente de ingresos adicional mientras esperan que el bambú alcance las condiciones necesarias para su aprovechamiento.
Tsene Kuo explicó que el modelo pretende que el componente relacionado con el carbono pueda contribuir a generar ingresos desde antes de la cosecha.
La primera fase serviría para demostrar cómo funciona el modelo y, posteriormente, evaluar su expansión a otras zonas del país.
DE LA PLANTA AL PRODUCTO FINAL
El proyecto que se desarrolla alrededor del bambú plantea una cadena que comienza en el vivero y continúa con el cultivo, la cosecha, el tratamiento, el secado y la transformación industrial.
En el CTIB, los tallos terminan convertidos en tablas que pueden regresar al mercado como muebles, juguetes, artículos decorativos, productos personalizados y otros bienes.
Al mismo tiempo, las piezas que no cumplen con los estándares de producción pueden tener otros usos y los residuos pueden incorporarse a diferentes aplicaciones.
La nueva apuesta busca agregar a esta cadena un componente ambiental mediante la medición y eventual certificación de la captura de carbono.
Con ello, el bambú pretende pasar de ser visto únicamente como un material artesanal a convertirse en una materia prima con posibilidades agrícolas, industriales, comerciales y ambientales para Guatemala.







