
Pagar una cuota cada mes no siempre significa que las finanzas estén bajo control. Hay personas que cumplen puntualmente con sus préstamos, pero cada quincena sienten que el dinero desaparece antes de tiempo, recurren a otra tarjeta para salir del paso o esperan con ansiedad el Bono 14 o el aguinaldo para ponerse al día.
Para expertos en temas financieros, esas pueden ser algunas de las primeras señales de que una deuda dejó de ser una herramienta financiera y comenzó a convertirse en un problema.
El economista, David Casasola, explicó a La Hora que una deuda es saludable cuando sirve para construir patrimonio o aumentar la capacidad de generar ingresos, por ejemplo, al comprar una vivienda, invertir en un negocio o financiar estudios.
El problema comienza cuando el dinero prestado se utiliza para compras impulsivas, gastos no planificados o consumo cotidiano, sin generar un beneficio que permita mejorar la situación económica de quien adquiere el crédito.
CUANDO EL SUELDO YA NO ALCANZA
Para Casasola, una de las señales más claras de que el endeudamiento se salió de control es cuando una persona prácticamente «vive o trabaja para pagar una deuda».
Es decir, gran parte de sus ingresos se destinan únicamente a cubrir cuotas, dejando poco margen para alimentación, ahorro, salud o cualquier gasto inesperado.
La asesora y analista financiera Mariana Méndez coincide en que el problema aparece cuando la deuda deja de ayudar a mejorar el patrimonio y empieza a comprometer necesidades básicas o la capacidad de ahorrar.
Entre las señales más frecuentes menciona pedir un préstamo para pagar otro, utilizar constantemente la tarjeta de crédito para cubrir gastos diarios, pagar únicamente el mínimo mensual o quedarse sin capacidad para enfrentar una emergencia.
¿CUÁNTO ES DEMASIADO?
Aunque cada caso es distinto, ambos expertos coinciden en que existe un rango que sirve como referencia.
Casasola explicó que normalmente se considera saludable destinar entre el 30% y el 35% del ingreso mensual al pago de deudas —sin incluir un crédito hipotecario— porque permite cubrir otros compromisos financieros y mantener capacidad de ahorro.
Méndez añadió que, si las cuotas representan más del 40% del ingreso neto, el riesgo financiero comienza a incrementarse de manera importante.
Y cuando ese porcentaje supera el 50%, la probabilidad de caer en un sobreendeudamiento es mucho mayor.
En el caso de quienes trabajan por cuenta propia o tienen ingresos variables, recomienda ser todavía más prudentes y procurar que las deudas no superen el 25% del ingreso promedio mensual.
NO HACE FALTA ESTAR EN MORA
Uno de los principales errores es creer que el problema empieza únicamente cuando ya no se puede pagar.
En realidad, una persona puede estar sobreendeudada mucho antes de caer en mora.
Casasola señaló que una alerta importante es limitarse a realizar únicamente los pagos mínimos, especialmente en tarjetas de crédito, ya que esto alarga la deuda durante años y hace que buena parte del dinero termine destinándose al pago de intereses.
También advierte sobre otra práctica frecuente: adquirir un préstamo para cancelar otro.
Según el economista, esa estrategia únicamente traslada el problema hacia adelante sin resolver la causa del endeudamiento.
Por su parte, Méndez mencionó otras señales que suelen pasar desapercibidas: vivir esperando el próximo salario para pagar obligaciones, depender del Bono 14 o del aguinaldo para ponerse al día, solicitar adelantos de salario con frecuencia, sentir ansiedad cada vez que se acercan las fechas de pago o incluso desconocer cuánto dinero se debe en total.
LOS ERRORES MÁS COMUNES
Cuando las deudas empiezan a acumularse, muchas personas toman decisiones que terminan empeorando el panorama.
Casasola mencionó que uno de los errores más frecuentes es buscar nuevos préstamos con tasas de interés más altas para cancelar obligaciones anteriores.
Otro consiste en pagar únicamente intereses sin hacer abonos al capital, lo que prolonga la deuda durante mucho más tiempo.
Incluso, algunas personas llegan a vender bienes importantes sin una planificación adecuada, afectando su patrimonio para resolver un problema que pudo atenderse de otra manera.
Méndez agrega que también es común seguir utilizando las tarjetas de crédito mientras se intenta pagarlas, no llevar un presupuesto, ignorar las llamadas de las entidades financieras o confiar en que un ingreso extraordinario resolverá la situación sin cambiar los hábitos de consumo.
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¿QUÉ HACER SI YA NO SE PUEDE PAGAR?
Ambos especialistas coincidieron en que lo primero es dejar de generar nuevas deudas.
Casasola recomienda poner límites al uso de las tarjetas de crédito y detener aquellos hábitos de consumo que provocaron el problema.
Después, aconseja consolidar las obligaciones cuando sea posible y negociar un plan de pago acorde con la capacidad económica de cada persona, en lugar de dejar que la deuda siga creciendo por intereses o procesos legales.
Méndez consideró que el siguiente paso es elaborar un diagnóstico completo de las finanzas personales.
Esto implica anotar todos los ingresos, gastos, préstamos, tasas de interés y fechas de pago para conocer la magnitud real del problema.
Con esa información será más sencillo priorizar las deudas con intereses más altos, reducir temporalmente los gastos no esenciales y acercarse a las entidades financieras antes de caer en incumplimiento.
EL OBJETIVO NO ES EVITAR LAS DEUDAS
Los expertos coinciden en que endeudarse no siempre es algo negativo.
La clave está en utilizar el crédito con planificación, para objetivos que generen valor y dentro de una capacidad de pago sostenible.
Mantener un presupuesto, ahorrar de forma constante, construir un fondo de emergencia, evitar compras impulsivas y revisar periódicamente el nivel de endeudamiento son algunos de los hábitos que, según ambos especialistas, ayudan a mantener unas finanzas sanas y evitar volver a caer en un ciclo de deudas.







