
Este lunes se publica la segunda de una serie de conversaciones que #LHEconomía sostuvo con familiares de los artistas plásticos que marcaron una época para el arte guatemalteco y que serán parte de las monedas que acuñará el Banco de Guatemala con motivo del centenario de la banca central este año.
Cuando Carlos Mérida falleció en 1984, dejó tras de sí una de las trayectorias más influyentes del arte moderno en América Latina.
Su obra, marcada por la fusión entre la abstracción geométrica y las raíces culturales mesoamericanas, lo consolidó como un creador visionario que supo reinterpretar la identidad indígena desde un lenguaje plástico universal.
Hoy, el nombre del pintor y muralista guatemalteco vuelve a cobrar relevancia tras ser incluido en la colección de monedas de plata impulsada por el Banco de Guatemala (Banguat), un homenaje que para su familia representa un gesto significativo y, al mismo tiempo, una oportunidad para que nuevas generaciones se acerquen a su obra.
“Siempre es un motivo de orgullo”, expresó Cristina Mérida en entrevista con La Hora, al referirse al homenaje, aunque también subrayó la importancia de cuidar la precisión histórica sobre la identidad del artista.
“Quiero que se especifique muy bien que Mérida nunca se naturalizó mexicano y que hasta el último día de su vida fue guatemalteco”, afirmó.
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EL GUATEMALTECO QUE LLEVÓ SU PAÍS AL MUNDO
Nacido en la Ciudad de Guatemala en 1891 y formado también en Quetzaltenango, Carlos Mérida se convirtió en una figura clave del modernismo latinoamericano.
Su propuesta artística trascendió la pintura tradicional para integrarse con la arquitectura, especialmente en el muralismo, donde desarrolló un enfoque innovador al concebir el arte como parte estructural del espacio.
Su obra se caracteriza por la síntesis entre la geometría abstracta y los elementos simbólicos de la cultura indígena: textiles, flora, fauna y patrones precolombinos. Esa combinación dio origen a un lenguaje visual único dentro del arte del siglo XX en la región.
Cristina Mérida recuerda que ese vínculo con Guatemala nunca se perdió, incluso cuando su carrera se desarrolló principalmente en México y otros países.
“Las telas, la selva, los quetzales, la fauna, la flora… todo eso formó parte de su obra”, señaló.
Para la familia, Mérida no solo llevó elementos del país a su producción artística, sino que los transformó en una propuesta estética de alcance internacional. “Donde lo contrataran o donde fuera, era el guatemalteco”, añadió su nieta.
ARTE INTEGRADO A LA ARQUITECTURA
Uno de los aportes más relevantes de Carlos Mérida fue su visión del muralismo como parte integral de la arquitectura. Lejos de concebir el mural como un elemento decorativo aislado, trabajó junto a arquitectos para que ambas disciplinas se desarrollaran de manera conjunta.
Esta idea se materializó en múltiples proyectos en Guatemala y México, donde exploró técnicas como mosaico, cemento, vidrio y estructuras desmontables, adelantándose a conceptos contemporáneos sobre arte público y modularidad.
En Guatemala, estas fueron las obras de Carlos Mérida:
Canto a la raza
Mural de mosaico veneciano realizado entre 1954 y 1958 en el Palacio Municipal. Es una de las obras emblemáticas del modernismo guatemalteco.
Historia de la Seguridad Social
Gran mural exterior en mosaico veneciano ubicado en el edificio del IGSS, inaugurado en 1959. Fue restaurado recientemente.
Sacerdotes danzantes mayas
Mural elaborado entre 1963 y 1966 con esmaltes sobre cobre y mármol, dentro del Banco de Guatemala.
Murales sobre un tema maya
Serie de murales inspirados en el Popol Vuh, realizados con mosaico veneciano.
Ixcán
Mural de 1960 que actualmente se encuentra en la UFM. Combina figuras humanas y animales con el estilo geométrico característico de Mérida.
Por aparte, entre sus obras más emblemáticas se encuentra el mural del edificio Omega en Ciudad de México, considerado por su familia como una síntesis de su etapa más experimental.
“Es un mural que se puede desmontar; está hecho con estructuras de herrería, cemento y mosaico”, explicó Cristina Mérida.
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RECONOCIMIENTO CULTURAL
Cristina Mérida insistió en que el reconocimiento internacional del artista contrasta con el conocimiento que, en su opinión, existe en Guatemala sobre su trayectoria. Refirió que su preocupación se orienta por la necesidad de que se preserve la memoria cultural del artista.
La familia ha dedicado más de 40 años a promover su obra, gestionar restauraciones y fomentar espacios de difusión. Parte de ese esfuerzo incluye la protección de sus murales, la gran mayoría ubicados en el Centro Cívico de la capital, donde miles de personas los observan diariamente.
Para Cristina Mérida, el reto no es únicamente el reconocimiento institucional, sino la incorporación del artista en la educación y la memoria colectiva. “Debería estar hasta en los programas de las escuelas”, afirmó.
EL ABUELO DETRÁS DEL ARTISTA
Más allá de su dimensión artística, la nieta del artista, recuerda a su abuelo como una figura cercana, curiosa y profundamente comprometida con su trabajo. “Era tierno, amoroso, honrado, trabajador”, relató.
En su memoria permanecen las conversaciones en el estudio familiar, las historias de sus viajes por Europa y el contacto con figuras como Joan Miró, Salvador Dalí y Paul Klee, quienes marcaron parte de su entorno creativo.
También recuerda su carácter visionario. Incluso en sus últimos años, Mérida hablaba de conceptos como la “pintura electrónica”, anticipando discusiones que hoy se vinculan con el arte digital, la realidad virtual y las nuevas tecnologías aplicadas a la creación visual.
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UN LEGADO QUE SIGUE EN EXPANSIÓN
La familia ha impulsado durante décadas la investigación, documentación y preservación de la obra del artista, especialmente de aquellos murales que han sufrido deterioro o incluso desaparición con el paso del tiempo.
Para la familia, el homenaje en las monedas de plata no solo representa un reconocimiento simbólico, sino una posibilidad de abrir nuevas lecturas sobre su obra. El verdadero desafió, dijo, es la integración plena en la identidad cultural del país.
Mientras tanto, continúan desarrollando proyectos que buscan acercar su legado a nuevas generaciones, combinando investigación histórica con herramientas tecnológicas que permitan reinterpretar su obra desde formatos contemporáneos.
“Es una obra muy noble, que puede estar en cualquier espacio y dialoga con quien la observa”, concluyó Cristina Mérida, convencida de que el trabajo de su abuelo aún tiene mucho que decir en el presente.
Más de cuatro décadas después, su nieta, destaca que el legado de Carlos Mérida debe ser mejor reconocido para que el legado de su magnitud se convierta en algo invaluable para el aporte artístico del país y de su población.







