
A partir de hoy y durante los próximos días, #LHEconomía publicará una serie de conversaciones que mantuvo con familiares de los artistas plásticos que marcaron una época para el arte guatemalteco y que serán parte de las monedas que acuñará el Banco de Guatemala con motivo del centenario de la banca central.
En este artículo hablamos con la hija de Roberto González Goyri, quien habla de todas sus facetas.
El rostro y la obra de Roberto González Goyri revivirán el recuerdo de una época; esta vez no desde los murales, esculturas o edificios que ayudó a transformar, sino desde una moneda conmemorativa de plata emitida por el Banguat.
En esta primera entrega, conversamos con Ana Lucía González, periodista e hija del destacado escultor y muralista Roberto González Goyri.
Para la familia del artista, la moneda va más allá de una distinción institucional, representa la permanencia de un legado construido con disciplina, humildad y un profundo amor por Guatemala.
En el seno de su familia, refiere una de sus hijas, asegura que la noticia fue recibida con emoción y orgullo, especialmente porque considera que ni su padre ni los artistas de su generación imaginaron que, décadas después, serían recordados de esta manera.
“Quién se iba a imaginar que cuando les hablaron de esos proyectos en los años 60, después iban a quedar inmortalizados en estas monedas de plata”, comenta.
Según ella, ahí es donde precisamente el valor del homenaje: acercar nuevamente a las nuevas generaciones a uno de los nombres que ayudaron a darle identidad visual al país.
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EL ARTISTA QUE CAMBIÓ EL ROSTRO DE GUATEMALA
Hablar de González Goyri es hablar de una generación que transformó el arte guatemalteco.
Junto a artistas como Dagoberto Vásquez, Guillermo Grajeda Mena y, más adelante, Efraín Recinos, formó parte de la llamada Generación del 40, un grupo que regresó al país después de estudiar en el extranjero con la intención de modernizar el arte y la arquitectura nacional.
González Goyri estudió en Nueva York, en una época marcada por el entusiasmo cultural que siguió a la Revolución de 1944.
“Lo meritorio de ellos es que regresaron a Guatemala e hicieron aportes al país y a la fisonomía de la ciudad”, explica Ana Lucía.
Ese legado aún permanece en espacios emblemáticos del Centro Cívico capitalino, declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2014, mediante el acuerdo ministerial 189-2014, donde arte y arquitectura se fusionaron gracias al trabajo conjunto entre artistas y arquitectos modernistas.
Los artistas de esa época recordó que el grupo trabajó junto a arquitectos modernistas como Jorge Montes Córdoba, Roberto Aycinena Echeverría, Carlos Haeussler, Raúl Minondo y Pelayo Llarena, con quienes contribuyeron a transformar el paisaje urbano guatemalteco.
Para Ana Lucía, detrás de aquellas obras monumentales había algo todavía más valioso: una generación convencida de que el arte también podía construir país.
EL HOMBRE DETRÁS DEL ARTE
Aunque Guatemala lo recuerda como uno de sus artistas más importantes, su hija prefiere hablar primero del hombre detrás de las esculturas.
“Mi papá era alguien muy querido por la sencillez que tenía”, recuerda. Refiere que esa humildad quedó clara incluso el día de su funeral.
“Llegaron desde empresarios hasta la señora de la esquina donde él iba a comprar los huevos”, cuenta entre sonrisas.
Para ella, esa capacidad de conectar con las personas fue una de las mayores enseñanzas que dejó a su familia. “Las personas más grandes son a veces las más sencillas”, afirma.
Cada vez que recibía un homenaje, González Goyri respondía igual: con discreción y gratitud. “Siempre decía: ‘Recibo esto con la mayor humildad’”.
Lejos de la imagen distante que muchas veces rodea a los artistas, Ana Lucía recuerda una infancia llena de conversaciones sobre arte, tareas escolares y tardes dentro del estudio de su padre.
Después de jubilarse de la Embajada de Estados Unidos, donde trabajó durante 27 años, González Goyri instaló su taller en casa y se entregó por completo a la creación artística.
“Fue su etapa más fructífera”, asegura.
Tenía una rutina estricta: trabajaba todos los días y, a las cuatro de la tarde, salía a tomar café al tradicional Café León, cerca del Congreso. “Era una persona muy disciplinada para trabajar”, recuerda.
Pero también era el padre que ayudaba a sus hijos con proyectos de artes plásticas y que encontraba tiempo para compartir entre pinceles, bocetos y esculturas.
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GOYRI EN FRASES
Entre los documentos familiares, Ana Lucía conserva algunas frases escritas por su padre poco antes de morir, en 2007.
Son reflexiones que hoy parecen resumir su vida.
“La devoción que he tenido por cultivar mi trabajo como artista durante más de 60 años me ha dado muchas satisfacciones y también frustraciones. Pero lo importante es que no he perdido la fe en mí mismo y continúo trabajando con la misma ilusión de mis años juveniles”, escribió en el catálogo de su última exposición.
En otro texto dejó una frase que, según su hija, definía perfectamente su manera de entender el arte y la vida:
“Cada día es un aprendizaje nuevo, cada día es un comienzo”.
Para Ana Lucía, esa visión explica por qué artistas como González Goyri siguen vigentes: porque nunca dejaron de aprender, crear y creer en su trabajo.
Antes de fallecer, González Goyri expresó un deseo claro: preservar parte de su obra para las futuras generaciones.
Por ello, su familia creó una asociación que actualmente resguarda alrededor de 50 piezas —entre esculturas, pinturas y bocetos— en la Universidad del Valle de Guatemala.
Más que conservar objetos, buscan mantener viva una historia.
“Me gustaría que las nuevas generaciones lo recuerden como un artista que amó a su país, que regresó para servir y hacer aportes a Guatemala”, dice Ana Lucía.
Quizá esa sea la verdadera importancia de esta moneda conmemorativa: recordarles a los jóvenes que detrás de muchos de los espacios, monumentos y símbolos que ven todos los días, hubo artistas que soñaron con construir una Guatemala distinta.
Ana Lucía aprovechó para hacer un llamado a las autoridades culturales a fortalecer los espacios destinados al arte y la memoria histórica.
“Es un derecho de los guatemaltecos tener acceso a la cultura y conocer a sus artistas”.







