El Aeropuerto Internacional La Aurora (AILA) recuperó 8 locales clave y prioriza lo que el viajero pidió: comer, lugares para poder sentarse y moverse sin obstáculos.
Con esto, el AILA rompe con dos problemas históricos de un solo golpe: espacios abandonados en manos de terceros y asignaciones discrecionales “a dedo”.
Erick Uribio, Administrador del aeropuerto, confirmó a LHEconomía que ya se recuperaron locales de mayor escala que no beneficiaban a la autoridad aeroportuaria y que ahora todo nuevo contrato pasa por concurso abierto, mesa técnica y pago directo a la Dirección General de Aeronáutica.
Por su parte, el viceministro de Comunicaciones, Fernando Suriano, afirmó que la transformación abarca tanto la infraestructura como la operación del lugar, desde el ordenamiento de los vendedores ambulantes hasta consultas con socios internacionales como la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, con el objetivo de identificar mejores prácticas.
El paso ahora es que el AILA deja de improvisar y empiece a planificar con el viajero como centro de interés.
ORDENAR LA CASA
Lo primero fue un proceso legal largo para quitarle a la empresa La Riviera 8 locales abandonados en puntos clave del aeropuerto.
Eran los de mayor escala, pero estaban cerrados. Ese contrato ya se liberó. Queda un contrato irregular más con 9 locales distribuidos en todo el aeropuerto. Ese también está en proceso de cierre, refirieron las autoridades.
El objetivo es que todas las rentas las perciba directo el Estado, no intermediarios. “Buscamos contratos transparentes, que ya le paguen a la DGAC y no a terceros”, afirma Uribio.
Cuando ese último contrato termine, también se abrirá a concurso. Cero asignaciones a dedo.
REZONIFICAR CON DATOS
La Aurora no es grande, pero sus espacios estaba mal utilizados. Hay locales en medio de pasillos que bloquean la evacuación y ni los carritos de servicio pasan. Por norma de seguridad, esos se deben de mover y reubicarse.
Para decidir qué iría en su lugar, explicó Uribio, la administración realizó una encuesta directa con los viajeros. El resultado reflejó que no pedían más tiendas de artesanías, sino tres cosas concretas: espacios para sentarse a comer, enchufes y cajeros automáticos, además de salas VIP. En eso, dijo, ya se está trabajando.
Los dos locales más grandes irán a concurso público. Los demás se asignan a solicitudes de años previos que sí cumplen el manual de la DGAC.

Foto La Hora: Archivo
PRIORIDAD: SERVICIOS 24/7
Las autoridades señalan que la prioridad no es llenar metros cuadrados, sino atender necesidades. Por eso se busca recuperar áreas del food court para colocar un restaurante de 24 horas.
La idea es ofrecer servicios que funcionen cuando el primer vuelo sale a las 5 horas y cuando el último aterriza a las 2 de la madrugada. También se están ordenando las zonas públicas en coordinación con Provial y Emetra, para que la gente no se quede estacionada enfrente y bloquee el paso.
El mayor reto, y el que ya está en el radar de las autoridades, es solucionar la falta de parqueo. Uribio lo dice sin filtro: «Hace falta mucho parqueo y algún día se tendrá que hacer ampliación del aeropuerto por el área de Plaza Baktún con un parqueo mayor al que tenemos enfrente».
TRABAJO DE MESA TÉCNICA
Antes, según cuentan arrendatarios, el director asignaba y fijaba precio a dedo. Hoy hay una mesa integrada: área financiera, jurídica y subdirección administrativa que ++revisan si cada solicitud se acopla al plan.
Este es un aeropuerto internacional, tenemos que tener tiendas de este tipo», explica Uribio. La prueba está a la vista: varios arrendatarios ya están remodelando sus locales bajo este nuevo estándar, incorporando máquinas expendedoras y un diseño más moderno.
Con la TSA en una reciente visita, Suriano refuerza: el compromiso es espacios seguros, eficientes y asignados con transparencia. Incluso con ventas ambulantes se busca diálogo constructivo, no desalojo a la fuerza.
CAMINO POR RECORRER
Los beneficios proyectados son: para el usuario, menos obstáculos en los pasillos, más lugares para sentarse a comer, cajeros automáticos, salas VIP y un restaurante abierto toda la noche.
Para el empresario, dijo Uribio, se acabó el «llamado al director». Ahora hay concurso, reglas claras y contrato directo con el Estado. Gana quien ofrezca el mejor servicio al mejor costo, no quien tenga el mejor contacto.
Para Guatemala, cada quetzal de renta que antes se perdía en terceros ahora entra a la DGAC. Ese dinero se reinvierte en mejoras, y cada mejora en La Aurora se convierte en una carta de presentación del país para los 12 millones de pasajeros que pasan por ahí cada año.
Las autoridades coinciden en que La Aurora pasó de administrar locales a administrar experiencias. Recuperó lo abandonado, rezonifica con base en encuestas, transparentó contratos y puso sobre la mesa el gran pendiente: más parqueo y una futura ampliación.
Uribio lo resume así: no se trata de meter «la tienda común», sino de poner lo que el viajero verdaderamente busca; eso, al final, es lo que convierte una escala en una buena primera impresión de Guatemala.








