Guatemala es uno de los pocos países con un bono demográfico joven que le quedan al mundo, y eso representa varios cambios; eso no lo decimos nosotros, está en boca de un experto en el tema.
Greg Lindsay, urbanista estadounidense especialista en ciudades, movilidad y futuro de la construcción, opina que el país tiene grandes oportunidades en este tema.
Durante una entrevista con lahora.gt el experto fue muy claro respecto a la posición que ocupa Guatemala en este sentido: el país tiene una ventana de una o dos generaciones, lo que significa una planificación de entre 30 y 50 años, en las que se pueda planificar el trabajo, la vivienda y el transporte, o seguirá los pasos de otras ciudades, donde millones pierden tres horas al día en el tráfico.
Lindsay vino al país con una cifra que pone el reto en perspectiva: la construcción y los edificios generan el 37% de las emisiones globales de CO₂. Para él, la sostenibilidad ya no es un lujo ambiental, es una condición para que la ciudad funcione.
“Tenemos que construir mejor, reciclando, usando acero reciclado, concreto bajo en carbono, y haciendo los usos de los edificios tan flexibles como sea posible”, explicó.
MOVILIDAD RAZONABLE
La idea suena simple, pero la base está en la planificación urbana, refirió: que la gente viva, trabaje y se mueva en un radio de 30 minutos, que es el tiempo ideal de desplazamiento que los humanos han mantenido históricamente, sin importar si van en carro, bus o bicicleta.
La “ciudad de 15 minutos” que París implementó no se traslada igual a Guatemala, donde los viajes de dos a tres horas son comunes. Lindsay lo sabe. Su propuesta no pasa por crear carriles exclusivos para élites, sino por invertir en transporte público masivo, buses eléctricos, teleféricos y ciclovías que integren la periferia con el centro.
Pone como ejemplo a Colombia con el Transmilenio y a China, que en 20 años pasó de un tráfico caótico a un sistema eléctrico de dos ruedas más limpio y silencioso. “Hay una oportunidad aquí de re-pensar el diseño de la ciudad y usar la tecnología para integrar rutas, horarios y conectividad”, dijo.
El urbanista fue enfático en que la solución no está en grandes planes tipo Brasilia, sino en trabajar con lo informal.
En Tokio, después de la Segunda Guerra Mundial, gran parte de la ciudad creció sin planos, pero se ordenó con títulos de tierra claros, códigos de construcción y datos sísmicos.
Para Guatemala, eso significa, dijo, planificar de manera integral: legalizar, conectar y dar certidumbre a los barrios que ya existen, mientras el sector privado y los desarrolladores se integran a un plan mayor.
La vivienda es el nudo crítico: sin acceso a crédito, sin costos de transporte bajos y sin densidad cerca de los empleos, la movilidad social se estanca.
Lindsay ve en el cambio climático otro catalizador. Con fenómenos como El Niño proyectados como los peores desde 1877, el país necesita códigos de construcción que integren agua reciclada, energía solar y resistencia a sequías e inundaciones.

INTEGRAR LO PRIVADO Y PUBLICO USANDO LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
“La oportunidad es tomar lo que aprendimos en 25 años y llevarlo a un desarrollo integrado. El sector público pone los estándares, el privado ejecuta”, afirmó. Ahí, dijo es donde entra la inteligencia artificial: para acelerar planos maestros, detectar fallas en obra y optimizar infraestructura.
Pero advirtió que la tecnología no debe sustituir la interacción humana. “El reto es construir ciudades donde la gente pase tiempo con otras personas, no solo con una pantalla”.
Reconoció que una tarea pendiente para gobiernos y entidades financieras es facilitar el acceso a la vivienda para personas que buscan evolucionar hacia un futuro mejor.
Su recomendación para quienes participarán para candidatos a ocupar la alcaldía para el período 2028-2032 es práctica: los gobiernos locales son los más cercanos al tráfico, la basura y el transporte diario.
El ejemplo es el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que gana confianza mostrando mejoras visibles cada día. Lindsay cerró con una idea clave: “Demos más poder a los alcaldes. No importa si son de izquierda o derecha, todos tienen que recoger la basura y mover a la gente”.
Para Guatemala, eso significa usar su demografía joven y su falta de barreras de construcción para no copiar errores ajenos, sino diseñar una ciudad que funcione para la mayoría, no solo para los que viven a 15 minutos del trabajo.
Grupo AG certifica 72 mil toneladas de acero reciclado
Por tercer año consecutivo, Grupo AG entregó declaraciones verificadas de huella de carbono a 45 empresas constructoras bajo su programa “Acero Vivo”, un concepto que posiciona al acero como material verde y símbolo de liderazgo sostenible.
La entrega, realizada el 19 de mayo en Guatemala, certificó más de 72 mil toneladas métricas de varillas grado 60 y 80 fabricadas con 100% material reciclado y verificadas por el Guatemala Green Building Council.
El evento marcó la evolución del programa hacia una agenda de generación de valor.
Según Isabel Moya, directora de Marketing de Grupo AG, “Acero Vivo” busca que la sostenibilidad deje de ser un eje paralelo y pase a formar parte de la estrategia del negocio.
Para reforzar esa visión, la empresa invitó al urbanista estadounidense Greg Lindsay, especialista en ciudades, movilidad y futuro de la construcción. Lindsay compartió con los clientes una visión sobre cómo diseñar ciudades más densas, con transporte integrado y materiales de bajo carbono, conectando directamente con el modelo de economía circular que Grupo AG impulsa.
El rol de Lindsay fue cerrar el ciclo entre material y ciudad. Mientras Grupo AG mostró datos concretos —procesó 554 mil toneladas de chatarra en 2025 y mantiene una intensidad de emisiones de 1.22 toneladas de CO₂ por tonelada de acero, por debajo del promedio de la industria—, el urbanista planteó el uso que debe tener ese acero en las próximas dos generaciones.
La idea es que las empresas certificadas no solo reduzcan huella, sino que construyan proyectos que acerquen vivienda, trabajo y transporte para evitar el colapso vial que ya sufre el país.
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