Cráneo estucado de un joven de los antiguos pueblos mayas. Foto: doctor Rafael Mejicano.
Cráneo estucado de un joven de los antiguos pueblos mayas. Foto: doctor Rafael Mejicano.

Doce investigadores de Guatemala, México y Estados Unidos sumaron sus conocimientos para descifrar los misterios de un cráneo humano revestido en estuco, que corresponde a la época posterior al colapso de la organización maya como una sola, entre el 1400 y 1450 d. C., en el Postclásico Tardío.

Los resultados fueron compartidos este viernes por los investigadores en el Museo de la Fundación La Ruta Maya, ubicado en la avenida Las Américas, zona 13, el cual resguarda la pieza tras su entrega voluntaria por un donante.

Se trata de un cráneo humano recubierto de estuco, aplicado en varias capas de distintas densidades sobre el hueso, hasta darle una forma humanoide con rasgos felinos.

Los investigadores sitúan este ornamento con características rituales y espirituales en el altiplano maya de lo que ahora es el área ixil.

Así se ve el cráneo expuesto en la radiología. Foto: doctor Otto Orellana, TechniScan.
Así se ve el cráneo expuesto en la radiología. Foto: doctor Otto Orellana, TechniScan.

PRÁCTICAS ESPECIALES PARA SU CONSERVACIÓN

De acuerdo con la investigación, los análisis de difracción de rayos X, microscópicos, cromatografía de gases, tomografías computarizadas, luz ultravioleta y para imágenes en 3D, dirigidos por el doctor Rafael Mejicano y la empresa TecniScan, permitieron comprender de mejor manera la consistencia de las capas de estuco y la morfología del cráneo.

A partir de los hallazgos, se determinó que el cráneo fue preparado previamente, aplicando técnicas de calor (hervor) para desprender todos los tejidos y dejar únicamente el hueso.

Establecieron, además, que le hace falta el colmillo superior izquierdo, tenía una abertura en la parte superior derecha y que aún conservaba las dos primeras vértebras. Aunque quedaron invertidas durante el proceso de colocación del estuco, es considerada una posible señal de decapitación.

Asimismo, con los rastros de «la formación de gérmenes» en las piezas dentales que se van formando conforme la edad, determinaron que había variaciones con algunas que apuntaban a entre 7 y 9 años, mientras otras señalaban a 11 u 12 años.

También se exploraron las formaciones craneales y las diferencias óseas entre los pueblos.

Esto último los llevó a conjeturar que se trató de un joven guerrero de otro pueblo que fue capturado y entregado como tributo a la deidad local.

EL RASTRO DE LOS ALTARES

La investigación contrastó la práctica de colocar altares en los antiguos pueblos mesoamericanos.

El descubrimiento del Huei tzomplantli en Tenochtitlán arroja más luz sobre esto, con sus torres asociadas, cráneos y algamasa. A estas evidencias se sumaron los dibujos sobre la construcción de estos sitios con fines espirituales y su colocación cercana a los lugares donde se jugaba pelota maya.

Los investigadores encontraron que para que se pudieran hacer las esculturas rituales que necesitan estuco, se necesitaba piedra caliza, una cualidad que cumplían las tribus del sur de Petén y hacia el norte. Sin embargo, en estas localidades creaban las obras de estuco sin contener cráneos.

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Mientras, los pueblos del sur creaban sus altares sin la ornamentación de estuco, colocando los cráneos directamente en las columnas, para lo cual se tecnificaron en el retiro de los tejidos.

Al pertenecer el cráneo estucado a la región del altiplano del Quiché, los análisis concluyeron que estos pueblos fusionaron las prácticas de sus vecinos. De alguna manera, obtuvieron o comercializaron el estuco en las regiones del Petén y diferenciaron sus altares de los pueblos del sur recubriendo los cráneos.

Las doctoras Vera Tiesler y Luisa Mainou estudiaron la pieza y aplicaron técnicas de conservación para evitar el avance del desgaste microbiano. Foto: Esther Brol.
Las doctoras Vera Tiesler y Luisa Mainou estudiaron la pieza y aplicaron técnicas de conservación para evitar el avance del desgaste microbiano. Foto: Esther Brol.

EL SENTIDO ESPIRITUAL

La investigación fue más allá de la exploración artesanal y la ubicación en el tiempo del cráneo, complementándose con una tercera arista del simbolismo espiritual de lo que observamos como una escultura, pero tendría un significado de «contenedor de esencias» en su tiempo.

Para esta parte se sumó la doctora Iyaxel Cojti Ren, profesora del departamento de Antropología de la Universidad de Texas en Austin y arqueóloga cultural, quien ya había tenido contacto con un segundo cráneo similar que se conoce en el país, el cual se exhibe en el Museo Regional de Santo Tomás Chichicastenango o Museo Arqueológico Rossbach, y está descrito como «cráneo humano estucado de princesa Quiché, 13 A».

La reconstrucción virtual del cráneo permitió hallar las capas de estuco aplicadas y sus diferentes densidades, incluyendo masas iniciales implantadas en los ojos y una abertura en la parte superior derecha. Foto: doctor Rafael Mejicano.
La reconstrucción virtual del cráneo permitió hallar las capas de estuco aplicadas y sus diferentes densidades, incluyendo masas iniciales implantadas en los ojos y una abertura en la parte superior derecha. Foto: doctor Rafael Mejicano.

Debido a la presencia de este segundo cráneo y los dibujos de altares de aquella época prehispánica, se considera que el joven habría sido sacrificado para la deidad local.

El uso de los cráneos parte de dos vías, una con motivación de veneración ancestral y otra para intimidar, humillar y «expropiar la fuerza vital» de la persona apropiándose de su cabeza, considerada una parte importante en el espectro espiritual.

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Además, estos cráneos se colocaban en la parte posterior de los altares, según la profesora Cojti, como un componente espiritual aunado a su cercanía a los sitios del juego de pelota.

Durante la investigación se encontraron las ciencias médicas y radiología.

Participaron el Centro Dental Multimédica, TecniScan Multimédica, Fundación Ruta Maya, el Departamento de Antropología de la Universidad de Texas en Austin, la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán, el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN Unidad Mérida.

Con esta investigación, publicada en la revista Mexicon, los participantes esperan que se continúe dando relevancia a la región mesoamericana y la recuperación de saberes perdidos en el tiempo.

Daniel Coromac
Cautivado por la comunicación y su poder transformador de las sociedades. Tengo interés por los temas relacionados con la defensa de los derechos humanos, los animales, la política, el medio ambiente y la ciencia.
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