El papel invisible del cerebro en el futbol: desde controlar emociones hasta definir jugadas

Daniel Coromac

El Mundial ha requerido de esfuerzos extraordinarios de parte de los equipos para demostrar su valía. No obstante, el torneo depende de las eliminaciones paulatinas hasta conocer al campeón, lo que orilla a los equipos a ir adaptando estrategia, análisis y desempeño en la cancha en busca de avanzar.

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Evaluar la actividad cerebral y cómo esta rige lo que ocurre es una de las situaciones que puede pasar desapercibida por la afición. Desde el cerebro, los jugadores deben lidiar con las emociones mientras avanzan los encuentros, medir las capacidades de su cuerpo y traducirlo en movimientos.

«El cerebro es el verdadero centro de control del rendimiento deportivo», afirma la licenciada Yamileth Chinchilla, directora de la carrera de Fisioterapia, de la Universidad Da Vinci de Guatemala.

La actividad cerebral «coordina los movimientos, el equilibrio, la velocidad de reacción y la toma de decisiones», explica.

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EL CEREBRO ES EL PRINCIPAL JUGADOR

De acuerdo con el doctor Óscar Brenes García, neurofisiólogo de la Escuela de Medicina y del Centro de Investigación en Neurociencias, de la Universidad de Costa Rica -UCR-, durante un encuentro de futbol los jugadores necesitan una concentración alta para detectar y reaccionar a los diferentes estímulos sensoriales que suceden durante todo el encuentro y de manera simultánea.

Seguir el movimiento del balón, moverse por la cancha, identificar a sus compañeros y en qué lugar están ubicados y cuántos rivales tiene cerca son parte de los asuntos a los que debe poner atención a la vez cada futbolista.

Destaca que a partir de la visión, el cerebro recibirá las primeras señales y puede activar seis cortezas cerebrales: la sensitiva, la gustativa y olfativa, la visual, la auditiva, la prefrontal y la motora. Y esta última se subdivide en seis, que tienen que estar activas para planear y ejecutar los movimientos.

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A partir de este entramado, el cerebro tiene la capacidad de organizar los estímulos, «reclutar» a los músculos indicados y designar el monto de fuerza específica para moverse.

Todas estas informaciones agrupadas viajan a través de una vía neuronal descendente en la médula espinal, luego a través de las terminales nerviosas que llevan hasta los músculos determinados y traducen las órdenes en acciones.

UN SISTEMA COMPLEJO Y RÁPIDO

Estas afirmaciones concuerdan con el libro «Fútbol desde el Cerebro: Neurociencia y Didáctica para Formadores y Entrenadores», de Ciencia Latina Internacional, que señala que detrás del esfuerzo de los futbolistas hay un conjunto de sinergias entre los sistemas perceptivos, motores y cognitivos.

Es decir, que el cerebro no controla de manera aislada a cada músculo, sino que funciona con «sinergias motoras que reducen la complejidad del control y permiten respuestas rápidas en entornos impredecibles como el juego».

Y si ya era un sistema complejo, añade que estas sinergias se modulan desde circuitos sensoriomotores, que agrupa la información de la visión, el oído, el equilibrio, el movimiento de la cabeza respecto a la posición del cuerpo y dónde están los músculos y las articulaciones en el espacio en el tiempo real.

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ENTRENAR EL CUERPO TAMBIÉN ENTRENA EL CEREBRO

El doctor Andrey Sequeira Cordero, biólogo e investigador del Instituto de Investigaciones en Salud, de la UCR, abunda en este tema en su afirmación de que el ejercicio tiene efectos y puede cambiar el cerebro para mejorar su eficiencia en el desempeño físico.

El doctor Brenes coincide en el mismo artículo al destacar que los estímulos deportivos constantes ayuda a las neuronas a ser más rápidas y eficientes al desarrollar los planes motores.

Una mejor comunicación neuronal -sinapsis- permite que la información fluya más rápido, lo que la convierte en uno de los factores que puede hacer mejor a un futbolista que otro.

Esta realidad ha llevado a los neurocientíficos a hacer pruebas a los futbolistas para medir la eficiencia de su desempeño físico y funciones cerebrales.

En este sentido, la revista ¡De Acuerdo! refiere que estas pruebas observan a través de electrodos las habilidades cognitivas como el control de la conducta, la capacidad de enfrentarse al cambio para efectuar jugadas planeadas y participar en equipo, así como cumplir varias tareas al mismo tiempo.

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PREVENCIÓN DE LESIONES

Todo lo que pasa en el cuerpo para que los estímulos se traduzcan en un buen desempeño en la cancha elevan el interés por un buen tratamiento y seguimiento del estado físico de los futbolistas.

Por lo tanto, a licenciada Yamileth Chinchilla, directora de la carrera de Fisioterapia, de la Universidad Da Vinci de Guatemala, estima que un buen descanso ayuda a liberar la carga y permitir al cerebro estar en una mejor condición para prevenir lesiones.

Sostiene que, ya que el cerebro determina lo que sucede en el campo de juego, esto incluye algunos desaciertos involuntarios que pueden terminar en lesiones.

De esa cuenta, remarca que «cuando un jugador está concentrado, responde más rápido y con mayor precisión. En cambio, el estrés y la fatiga mental pueden disminuir el rendimiento y aumentar el riesgo de errores y lesiones».

No todo lo que sucede durante un encuentro futbolístico se observa con detenimiento, pero repensar qué se necesita para que un equipo gane incorpora diversas aristas, y una muy importante es la actividad cerebral.