Por ZEKE MILLER, JONATHAN LEMIRE y MICHAEL BALSAMO
WASHINGTON
Agencia AP

El presidente Donald Trump convirtió a la capital de Estados Unidos en un modelo para el uso abrumador de la fuerza, el cual él cree necesario para frenar las protestas, en ocasiones violentas, que se han registrado en todo el país en un momento de descontento racial. Sus tácticas fueron fuertemente criticadas el martes por diversos sectores, incluidos algunos de sus aliados republicanos.

La violenta dispersión de una protesta pacífica cerca de la Casa Blanca la noche del lunes fue un fuerte símbolo de las tácticas policiales de Trump y una manifestación física de la guerra cultural retórica que ha librado desde que asumió la presidencia.

Momentos después de que las autoridades despejaran el histórico parque Lafayette, Trump pasó por el lugar para posar con una Biblia frente a una iglesia que resultó dañada en un incendio durante protestas realizadas el día anterior.

«D. C. no tuvo problemas anoche. Muchos arrestos. Gran trabajo de todos. Fuerza abrumadora. Dominio», tuiteó Trump el martes, después de una jornada en la que fuerzas militares y federales fuertemente armadas se desplegaron en distintos puntos de la ciudad.
«(Gracias presidente Trump)», añadió.

El presidente quería tomar medidas agresivas en la capital del país — en donde goza de una autoridad desmedida — para poner el ejemplo al resto de la nación, dijo un alto funcionario de la Casa Blanca que habló bajo condición de anonimato debido a que carece de autoridad para discutir asuntos internos. Trump esperaba que su caminata hacia la iglesia, después de que las autoridades federales despejaron el área, enviara un mensaje de cómo se puede restaurar el orden a través de la fuerza.

El mandatario ha amenazado que si los estados no toman medidas suficientes, desplegará a militares en activo en todo el país para reprimir el descontento tras la muerte de George Floyd en Minneapolis.

«Mayoría silenciosa», tuiteó Trump en mayúsculas el martes, apropiándose de una frase que popularizó el presidente Richard Nixon hace varias décadas para asegurar que sus acciones gozaban de un amplio respaldo. Trump también enfatizó a sus seguidores en Twitter la importancia del momento y declaró: «Mi gobierno ha hecho más por la comunidad negra que cualquier otro presidente desde Abraham Lincoln».

El estatus federal del Distrito de Columbia le da al presidente una enorme autoridad para actuar, permitiéndole ordenar el despliegue de la Guardia Nacional. El presidente autorizó al secretario de Justicia William Barr supervisar el aumento del despliegue de elementos las fuerzas federales, incluyendo el Equipo de Rescate de Rehenes del FBI y agentes de la DEA.

El secretario de Defensa Mark Esper y el general Mark Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto, intentaron distanciarse de los eventos del lunes por la noche después de que exmilitares criticaron sus apariciones junto al presidente. Altos funcionarios de defensa dijeron a los reporteros que ninguno de los dos estaba al tanto de que la policía había tomado la decisión de despejar la plaza o de que Trump tenía la intención de visitar la iglesia. Se encontraban en Washington para coordinarse con las autoridades federales, pero fueron dirigidos hacia la Casa Blanca para informar a Trump sobre preparativos militares, señalaron los funcionarios.

El exvicepresidente Joe Biden, precandidato presidencial demócrata, dijo sobre la fotografía de Trump mientras sostiene una Biblia: «Sólo quisiera que la abriera de vez en cuando».

Y la alcaldesa de D.C. Muriel Bowser dijo sobre la dispersión de los manifestantes: «En ningún momento pensamos que fuera apropiado que las personas que no habían violado el toque de queda o que no habían hecho nada malo recibieran este trato».

Los demócratas no fueron los únicos en decir que Trump había ido demasiado lejos.

«No existe el derecho a los disturbios, ni el derecho a destruir propiedades ajenas, ni el derecho a lanzar piedras contra los policías», dijo el senador federal republicano Ben Sasse, de Nebraska. «Pero existe el derecho fundamental — y constitucional — a manifestarse, y estoy en contra de que se disperse una manifestación pacífica para tomarse una fotografía en la que se trata a la Palabra de Dios como un accesorio político».
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Lemire reportó desde Nueva York.

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