Por SCOTT McFETRIDGE
DES MOINES, Iowa, EE. UU. Agencia AP

Es mediodía y el cubo blanco colocado sobre las rocas de la costa a los pies de Mountha Uppasay contiene cinco o seis lubinas, que se mueven despacio en el agua que recogió del río De Moines.

_Inter12_1bUppasay y su esposo, que son inmigrantes de Laos, salieron a pescar poco después del amanecer y esperan reunir suficiente como para un sabroso estofado que compartir con sus hijos y nietos. Cuando se le pregunta por los posibles riesgos para la salud que supone el pescado, Uppasay se muestra sorprendida y dice: «Todos son seguros».

Tiene razón, hasta cierto punto. La lubina es nutritiva, pero probablemente contiene mercurio, una sustancia tóxica especialmente dañina para embarazadas y niños, presente en diferentes cantidades en el pescado de todo el país. Se recomienda limitar su consumo, especialmente para las personas en grupos de riesgo.

La falta de información de Uppasay parece estar extendida entre los muchos pescadores que faenan en ríos y lagos cerca de zonas urbanas, y muestra cómo muchas de las advertencias sanitarias del gobierno sobre el pescado no llegan a los que más necesitan oírlas: familias de bajos ingresos y migrantes, algunos de los cuales pescan a diario o cada semana para sus comidas familiares.

La mayoría de las advertencias sanitarias se colocan directamente en envases, como los del tabaco o el alcohol, o se colocan en avisos en carteles o televisión. Iowa, como la mayoría de los estados, sube la información a sus sitios web, y ahí se acaban los avisos.

«La gente está sedienta de información», dijo Joanna Burger, ecologista de la Universidad de Rutgers y que ha trabajado en varios estados para ayudar a minimizar el problema. «La gente quiere la información, pero quieren que se les proporcione de forma que puedan tomar sus propias decisiones sobre el riesgo».

El mercurio, presente de forma natural en el pescado, se filtra a los acuíferos de todas partes, aunque hay algunos puntos de mayor concentración por todo el país relacionados con plantas que queman carbón, minas viejas o industria.

Hasta el 10% de las mujeres en edad fértil tienen niveles de mercurio superiores a lo recomendado por las autoridades federales, según varios estudios. El mercurio puede ser devastador para el desarrollo neurológico de fetos y niños. Para los adultos, los problemas a largo plazo incluyen pérdida de visión y dificultades para caminar.

Un adulto puede comer todo lo que quiera de algunos pescados, según la Agencia estadounidense de Protección Medioambiental, que recomienda que algunas especies se limiten a una ración o dos por semana, y menos aún para niños y embarazadas. Estos límites más estrictos se sugieren para especies que se alimentan de otros peces, como la lubina, y ejemplares más grandes con más probabilidades de superar un nivel de mercurio de 0,47 partes por millón.

Las autoridades medioambientales están de acuerdo en que en muchas riberas, migrantes y personas de bajos ingresos son mayoría en las orillas de ríos y lagos urbanos, donde es probable que la concentración de mercurio en los peces sea mayor.

Tony Vang, que trabaja como enlace con la comunidad en Minnesota, dijo que los migrantes procedentes del sureste asiático y el norte de Oriente Medio son especialmente aficionados a la pesca, y les gusta la lubina, que es similar a peces que comían en su tierra natal.

Muchas personas de la comunidad desconocen las advertencias o no se las toman en serio, opinó Vang.

Aunque los niveles de mercurio pueden variar, algunos de los lugares de pesca más populares de la zona pueden ser los más peligrosos.

En Pennsylvania, los pescadores se colocan a orillas del río Susquehanna cerca de York, donde el premio más preciado es un siluro que puede alcanzar los 22 kilos.

Michael Helfrich, líder de un grupo ambientalista en el curso bajo del Susquehanna, dijo que ve a muchos migrantes pescando.

«No entienden que más grande no es mejor», comentó.

En el río Coosa de Alabama, varios voluntarios entrevistan a los pescadores para saber con qué frecuencia acuden y qué capturan. En una zona donde la pobreza supera el 10% de la población, la gente recurre a variedades como un tipo de lubina local y el siluro, ambos depredadores, para su consumo.

«Mucha gente no tiene ni idea de que haya ninguna clase de contaminación en el pescado», dijo Justinn Overton, director ejecutivo del grupo ecologista Coosa Riverkeeper. «Me parte el corazón. El río forma parte de nuestra comunidad en Alabama».

Los expertos no quieren disuadir a la gente de comer pescado, que contiene ácidos grasos omega-3 que son buenos para el corazón. Aun así, creen que los gobiernos deberían hacer más por informar a los pescadores sobre formas sencillas de reducir el riesgo. Algunos peces populares y de bajo riesgo que pueden consumirse con frecuencia son las lobinas, pomoxis y percas.

En California, especialmente en la bahía de San Francisco y algunas zonas del río Sacramento, se está colocando información sobre salud en las zonas de pesca. Los responsables de parques en Akron, Ohio, explican las recomendaciones en actos de la comunidad asiática y reparten documentación informativa en cuatro idiomas.

«Queremos que la gente venga al parque. Queremos que la gente pesque», pero que comprenda las recomendaciones sanitarias, dijo el director del parque, Mike Johnson.

Pero la información todavía no ha llegado a muchos de los migrantes asiáticos que pescan en el Des Moines.

Boun Lovan, que trabaja para una firma de instalación de mármol, dijo que pesca dos o tres veces por semana. Para él y su familia, cuanto más pesque, mejor.

«A mucha gente le gusta más el pescado que la carne roja», dijo.


PELIGROSIDAD DE CONSUMO

Los peces y bivalvos concentran mercurio en sus organismos, a menudo como metilmercurio, un compuesto orgánico del mercurio que es sumamente tóxico. Las investigaciones realizadas han permitido determinar que los productos marinos pueden contener concentraciones diversas de metales pesados, particularmente mercurio y contaminantes solubles en grasas provenientes de la contaminación del agua. Las especies de peces que son longevas y que ocupan un sitial elevado en la cadena alimentaria contienen concentraciones de mercurio más elevadas que otras especies. La presencia de mercurio en los peces puede tener repercusiones sobre la salud de los seres humanos, especialmente de aquellas mujeres que están embarazadas o que pueden quedar embarazadas, madres en periodo de lactancia, y bebés.

El mercurio y el metilmercurio están presentes en pequeñas concentraciones, en el agua de mar. Sin embargo, el mercurio es absorbido, usualmente como metilmercurio, por algas en el comienzo de la cadena trófica. Estas algas son consumidas por peces y otros organismos pertenecientes a un eslabón superior en la cadena. Los peces absorben completamente el metilmercurio, pero lo eliminan en cantidades muy pequeñas. El metilmercurio no es soluble y por lo tanto no es apto para ser excretado, lo que provoca que se acumule, principalmente en las vísceras aunque también en el tejido muscular del animal. Este fenómeno da lugar a una bioacumulación de mercurio en el tejido adiposo en los organismos de niveles tróficos superiores: zooplancton, pequeños nectones, peces grandes etc. Cualquier organismo que consuma estos peces, consume la más alta concentración de mercurio que el pez haya acumulado. Esto explica el por qué depredadores como peces espada y tiburones o aves rapaces como las águilas tienen concentraciones de mercurio en su organismo mayores que el valor que resultaría de considerar sólo la exposición directa. Especies en los niveles superiores de la cadena trófica pueden acumular concentraciones de mercurio diez veces mayores que las del organismo que consumen.

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